Ni una menos, vivas nos queremos

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Lunes 25 de Noviembre de 2019

Cada 25 de noviembre nos manifestamos por la eliminación de la violencia contra las mujeres. Un 25 de noviembre de 1960, el dictador Trujillo mandaba a asesinar a las hermanas Mirabal en República Dominicana. Patricia, Minerva y María Teresa militaban contra la dictadura fascista, y en varias ocasiones habían sido apresadas, violadas y torturadas. Recordemos que la tortura sexual ha sido práctica del fascismo desde siempre, y que a las mujeres que luchamos, nos han arrebatado el cuerpo, la vida, lxs hijos y lxs compañerxs. Pero ¿qué mujeres luchamos? La respuesta es que TODAS, todas las mujeres luchamos. Negras, indias, indígenas, originarias, mestizas, trans, madres, estudiantes, trabajadoras, todas.

Las mujeres vivimos una guerra constante, una guerra por sobrevivir dentro y fuera de nuestros hogares, en nuestras escuelas, la calle, en nuestras organizaciones, en los hospitales y maternidades, en nuestros trabajos, en el parque, la iglesia, en el transporte público, donde sea. Sobrevivir a nuestros padres, esposos, primos, colegas, compañeros, amigos. Es inevitablemente crudo tener que nombrar los espacios en los que no estamos seguras, las personas con quienes no estamos seguras. Pero es necesario, porque es, literalmente, en ningún lado y potencialmente con nadie.

El patriarcado ha logrado generar mecanismos de dominación que se configuran a partir de la cosificación (deshumanización) de los cuerpos femeninos y feminizados, tanto de manera práctica como simbólica. “Ni una menos, vivas nos queremos” hace alusión a una realidad que vivimos las mujeres en todos los lugares, de todos los colores y de todas las clases sociales. Las mujeres blanqueadas de clases medias y altas, víctimas de violencia de género dentro de sus familias, en sus relaciones amorosas, víctimas de acoso e inequidad laboral, víctimas de violación y abusos sexuales. Y las mujeres populares, pobres y de color, víctimas también de los mismos males del patriarcado, pero además víctimas de una estructura que nos empobrece, que nos niega salud, nos niega el derecho al aborto, nos niega seguridad, nos niega trabajo, techo, comida. La pobreza tiene rostro de mujer.

Si bien el patriarcado es anterior al capitalismo, éste no toma su forma más brutal, sino hasta la acumulación primitiva. La demanda estructural desde los feminismos populares es uno de los desafíos mayores para los movimientos de mujeres y feministas en Ecuador. Necesitamos entender la lógica estructural clasista que nos oprime como mujeres y que esta sostiene la acumulación del capital. El trabajo no reconocido ni remunerado de las mujeres, permitió la magnitud de la acumulación primitiva. Si es que nos han colocado en el papel de productoras y reproductoras de la sociedad, utilicemos nuestra posición para desarticular este sistema.

En América Latina y los Sures del mundo, se ha resistido históricamente al colonialismo, al capitalismo, al neoliberalismo y ahora al patriarcado. El trabajo incansable de las compañeras feministas ha creado una serie de marcos en los que es imposible volver a pensar los movimientos y organizaciones sociales por fuera de los feminismos. Estos marcos son los que nos llevan a posicionarnos en una lucha seria de que no solo reivindican el derecho a la autodeterminación y la vida digna, sino que nos convocan a posicionarnos desde los feminismos que destruyan al sistema de explotación capitalista desde su raíz patriarcal.

Como feministas populares damos el paso de la consigna que reclama el derecho a la vida, a una demanda que reclame el derecho a la vida digna, integral y multifacética. Una práctica feminista que se enmarque en la lucha de clases y en la lucha por territorio. Para esto, es necesario un ejercicio feminista popular de contramemoria, una consciencia ya no solo de género, sino de clase, de etnia, de raza, de edad, de diversidad sexo-afectiva, de especie. Abolir la propiedad privada, en todas sus formas y concepciones. La demanda histórica que ahora nos convoca, es hacer de las mujeres y de los muchos feminismos: la revolución.

 

Fuente fotográfica:

www.chakananews.com

 

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