Doctrina Trump: Latinoamérica vuelve a ser el patio trasero

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Lunes 5 de Enero de 2026

Dos pájaros de un tiro. Así es como funciona la invasión imperialista colonial que los Estados Unidos impuso sobre la hermana República Bolivariana de Venezuela el pasado sábado 3 de enero. Dos líneas elementales para el sostenimiento del decadente imperialismo yanqui se logran solventar con la primera invasión a Latinoamérica del siglo: 1. La necesidad de abastecerse de los requerimientos energéticos para sostener su maquinaria productiva, que en efecto se disuelve poco a poco frente al indudable primer productor del mundo: China; y 2. La generación de un consenso respecto a la supuesta vinculación entre el crimen organizado alrededor del narcotráfico, y la izquierda, como término general para englobar tanto al progresismo de izquierda (Maduro por ejemplo) e izquierda revolucionaria (Movimiento Indígena), unos irán presos o tendrán que someterse al exilio, otros serán ejecutados en los territorios o desaparecidos. Ambos aspectos elementales de esta invasión, están inscritos en intereses geoestratégicos específicos, por un lado, y a someter por completo a la resistencia de los pueblos al imperialismo extractivista, que es la forma que adopta el fascismo en el Sur Global.

La construcción del enemigo común para estos dos propósitos fue elemental. Desde la imposición de una demonización de Venezuela primero y de Maduro después, se logró reconstruir el espectro más temido por el imperialismo: la posibilidad del regreso del comunismo. Lejos de que el proceso venezolano se haya de alguna manera acercado a la destrucción de las clases sociales o extinguido al Estado, pero los preceptos y políticas de la revolución bolivariana, con Chávez al comando y del Estado comunal como proyecto sí se plantearon primero desde el derecho inalienable de todos los pueblos a la autodeterminación, luego desde el antiimperialismo y finalmente desde el anticapitalismo y el latinoamericanismo. Suficiente para que ya desde el 2002 la respuesta de los EE.UU. haya sido intentar un golpe de Estado, varios intentos de asesinato y por supuesto las subsecuentes medidas de bloqueo y sanciones que ahogaron la economía venezolana y llevaron a un masivo éxodo de casi 8 millones de personas. Es curioso cómo se construye el imaginario de que nunca los procesos de liberación nacional, socialismo o confederacionismo podrían ser exitosos por una supuesta falla en la estructura filosófica de la propuesta política, pero -por si acaso- el imperio del Capital no escatima recurso alguno en sabotearlos.

Una cantidad importante de latinoamericanos ha demostrado su alegría y apoyo a la invasión yanqui en Venezuela -vaya que hay sangre plebeya-, precisamente porque se ha deslegitimado por años el gobierno de Maduro, inventando relaciones con el narco y corruptelas. Un tejido minucioso que la maquinaria de las corporaciones de comunicación ha construido en servicio de sus señores: el imperialismo yanqui y la burguesía transnacional. Por una década han explotado las múltiples crisis que atravesaron al pueblo venezolano a causa precisamente del terrorismo económico de los EE.UU. La supuesta lucha contra las drogas y el terrorismo ha consolidado un telón perfecto para justificar todas las imposiciones de fuerza contra los pueblos de Latinoamérica. Es además una acusación en espejo: los terroristas, quienes bombardean capitales y pueblos, quienes trafican no drogas, menores y mujeres y quienes se han apropiado históricamente de la riqueza del trabajo de la gente, acusan de todo eso que ellos hacen a quienes les son inconvenientes, desobedientes o peor aún disidentes. Por eso tan bonitamente un cartel en Cuenca versaba: “Si fuera por NARCO ya se hubieran llevado a NOBOA”.

Después de la conferencia de prensa en la Casa Blanca, Trump dejó claro un mensaje: él superará la doctrina Monroe, y desconoce cualquier autoridad de las instituciones democráticas nacionales y mundiales. La primera forma de instituir este mensaje es más populista, construida en una nueva frase de la administración naranja: “Fuck around and find out”, que se traduciría como la amenaza de “el que busca, encuentra”. Trump se posiciona así como este personaje ídolo de la cultura yanqui por excelencia: el bully, el chico malo al que se le rinde pleitesía, sino ya sabes, toneladas de TNT caerán sobre tu pueblo. Y la segunda forma es desde el desconocimiento a la Constitución de su país, al Derecho Internacional y a cualquier tratado internacional, en un proceso que constituye la disolución efectiva de todas las instituciones democráticas de control, que regulan por ejemplo el respeto a la soberanía de las naciones, la prevención y castigo de crímenes de guerra, el cumplimiento de tratado internacionales, etc. Trump declaró sin ninguna consecuencia y con ninguna autoridad legal, que gobernaría Venezuela hasta encontrar “una transición segura”, y así mismo se apropió del petróleo, recurso de otra nación.

El orden democrático mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial ha terminado de morir en la impunidad que advierte la invasión a Venezuela este fin de semana. Esto solo es posible a consecuencia directa de la impunidad histórica con la que “israel” se ha incrustado en Medio Oriente. El ente sionista ha ejecutado un etnocidio y genocidio de 80 años consecutivos en Palestina y la región, que logró la irrelevancia del orden mundial democrático con el genocidio perpetrado en Gaza los últimos dos años, y su televisación. Dicen que la revolución no será televisada, pero el fascismo si lo fue y en directo -por primera vez en la historia- y no ha pasado nada: ninguna consecuencia. Los informes de la ONU, las órdenes de arresto y los llamados a comparecer han sido todos en vano, gestitos de adorno. Los márgenes que delimitaban el uso de la fuerza por parte de las potencias imperialistas simplemente ya no existen, la burbuja que protegía la ilusión del orden democrático, se extinguió. El mundo ahora es otro. Es el momento de los monstruos. Es el momento del fascismo. Se advirtió a tiempo que Gaza sería solo el laboratorio. Esto es aterrador.

El Ecuador por su parte juega un papel lacayo y rentista a los intereses energéticos del imperialismo yanqui y los intereses económicos de la burguesía transnacional que lo dirige. Además de abrir las puertas a comandos especiales y marines yanquis en contra de la voluntad popular -que demuestra localmente la disolución de la autoridad de los poderes democráticos -, Daniel Noboa ha sido uno de los pilares fundamentales para construir esta cortina de humo de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en la región. La declaratoria del Conflicto Armado Interno en el Ecuador del pasado 8 de enero de 2024, ha traído consigo el momento más violento en la historia del país con 10.000 muertes violentas en un año, y que ha tejido también el discurso del vínculo entre el narco y la izquierda “terrorista”. Muestra de esto fue el terrorismo de Estado que se imprimió contra los pueblos durante el Paro Nacional de 2025, los procesos por terrorismo, los bloqueos por supuesto enriquecimiento no justificado, etc.

Esta construcción del enemigo común encarnado, también se reproduce en el discurso de la guerra contra “los zurdos de mierda” en la Argentina de Milei y contra el “nazicomunismo” imaginario de Kast en Chile. La guerra es ideológica y es sobre control territorial. Sabemos que la forma que el fascismo toma para los sures, es de imperialismo extractivo y de ocupacion. Escenarios de terrorismo de Estado, crímenes de guerra y de lesa humanidad se ven desde Gaza a diario ya por 821 días, se vieron en la desaparición forzada de Ismael, Josué, Nehemías y Steven, en la ejecución de Efraín y José en el paro, en las extracciones ultraviolentas de migrantes por parte del ICE en EE.UU., en las cárceles en El Salvador. Es aterrador lo que espera por los pueblos y su resistencia en el Abya Yala y más arriba también. Recordemos que simultáneamente a la Fiscal General de EE.UU. declaraba que perseguirán a la Antifa con la misma fuerza que a los carteles de droga.

La madrugada del 3 de enero de 2026, se desarrolló el hecho inédito del siglo en el continente: una incursión militar estadounidense violó la soberanía territorial de un país soberano, secuestrando a su presidente y bombardeando su capital, Caracas. Es la primera vez en la historia que un país extranjero bombardeo la capital de un país de Sudamérica. Con la que ya se ha constituido como la doctrina Trump, se acaba de inaugurar un nuevo momento histórico en el continente: el imperialismo yanqui vuelve a mostrar sus garras, apropiándose de lo que considera suyo. Así, América vuelve a ser de los “americanos”.

La flamante doctrina Trump, inaugurada tan solo el 25 de noviembre del año pasado, con la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional, consiste básicamente en una actualización y profundización de la doctrina Monroe, un reciclaje ideológico de las primeras décadas de expansión imperialista de EE.UU. por el continente y con la que a su vez, inevitablemente ahora sucumbirá al fascismo.

En términos discursivos, e intentando evitar el declive inevitable, el imperialismo yanqui impuso la manufactura del consenso para la guerra, tanto dentro de sus fronteras, como a nivel continental. El “cartel de los soles” y el “narcoterrorismo”, son dos instrumentos discursivos que legitiman la militarización interna -Ecuador- como bombardeos a países soberanos –Venezuela-.

En cuanto a la flamante Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, al igual que su colaboracionista político Edmundo González, fueron descartados por EE.UU. apenas efectuada la incursión en territorio soberano venezolano, un verdadero crimen de Estado de nivel internacional. Machado y González, al igual que sus antecesores Henrique Capriles o Juan Guaidó, simplemente sirvieron como marionetas desechables a conveniencia. Así es como EE.UU. suele tratar a sus socios locales. Pero se puede olvidar que estos títeres mediocres tienen sangre en sus manos. En los bombardeos y la operación “resolución absoluta” murieron al menos 40 civiles, presuntamente 80 militares de la guardia presidencial y confirmados 32 ciudadanos cubanos que hacían parte del equipo de seguridad de Nicolás Maduro, que permanece secuestrado y preso, junto a Cilia Flores, su esposa.

En términos geopolíticos, la doctrina Trump y la incursión militar a Venezuela, inauguran un nuevo momento histórico para el continente: América se encuentra nuevamente en disputa. Marco Rubio en una entrevista con Kristen Welker este domingo dijo claramente: “Rusia, China e Irán tienen que salir de nuestro hemisferio”. China avanzó a expandirse en el continente, aprovechando sobre todo la primera ola progresista para imponer sus intereses comerciales y su alto requerimiento de recursos naturales, convirtiéndose en el primer socio comercial de alrededor del 80% de Sudamérica -en términos del PIB-. Trump no podía darse el lujo de no intervenir en las relaciones de Oriente con Latinoamérica, bajo cualquier costo. Al fin y al cabo, si existe un guerra interimperialista que esta en un momento bastante particular.

Venezuela tiene 303 mil millones de barriles bajo suelo, los mayores yacimientos de todo el mundo. Adicionalmente, concentra las mayores reservas de oro de todo el continente -a parte de EE.UU.-, más de 160 toneladas métricas, equivalentes a USD 22 mil millones. Ahora que Maduro se encuentra bajo custodia federal yanqui, Trump se atreve a desenmascarar su discurso indicando que EE.UU. sostendrá un gobierno de transición por cuanto tiempo sea necesario, además de apropiarse del petróleo, como manera de “indemnización” por la intervención militar. Todo un gran espectáculo del mundo de la posverdad y las fakenews. La cuestión está en que a los pueblos, el espectáculo de las élites les cuesta vidas por miles y millones.

Incluso un medio como el New York Times describe lo sucedido en Venezuela como “primer país sujeto al imperialismo moderno”. Tal parece que Lenin está más vivo que nunca. En una lógica imperialista que no solo rompe completamente con la soberanía de los Estados, sino que inaugura una nueva época de cambios de régimen y golpes de Estado, resulta fundamental preguntarse: ¿quién sigue? Tal parece que la gravedad de lo ocurrido ni siquiera se asimila. Al mismo tiempo Trump amenaza directamente a Colombia y México con intervenciones similares. Sin embargo, la figura central en la arremetida imperialista termina siendo Marco Rubio, gusano mayor y no por coincidencia, Secretario de Estado. Al asumir su mandato, Rubio aseguraba que su reto y objetivo mayor, sería Cuba. Ahora cualquier cosa es posible.

El presidente de la paz -como se autodenomina Trump-, se convirtió en el primer mandatario estadounidense en bombardear 8 países. Venezuela siendo el más reciente, también bombardeó Nigeria con la excusa de proteger comunidades cristianas. Adicionalmente, su rol bélico se enfoca en su apoyo fundamental al estado ilegítimo de “israel” en el genocidio a Palestina. En este contexto, la administración Trump en menos de un año de asumir la presidencia -25 de enero de 2025- bombardeó Palestina, Siria, Irán, Yemen, Líbano, Catar, Nigeria y Venezuela. Está descontrolado. También ha amenazado con anexar Groenlandia. Nada de esto sería posible sin el último genocidio frontal impuesto sobre Gaza desde el 7 de octubre de 2023, cuando “israel” demostró al mundo que el Derecho Internacional Humanitario, tanto como la totalidad de instituciones que se supone existen para “prevenir los horrores de la Segunda Guerra Mundial”, son inservibles y superfluas.

Por su parte, Donald Trump demuestra el uso selectivo de la narrativa del narcotráfico con fines geopolíticos en total impunidad: simultáneamente de pedir USD 50 millones por la cabeza de Nicolás Maduro, perdona a uno de los mayores narcotraficantes condenados en EE.UU. el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 a 45 años de prisión por el tráfico ilícito de 500 toneladas de cocaína. Hernández, uno de los narcopresidentes lacayos de los yanquis como Noboa, recibió el perdón presidencial de Trump tan recientemente como el 1 de diciembre de 2025.

Así, la guerra contra las drogas, un performance perverso de EE.UU. desde los 70s, vuelve a implementarse como discurso para legitimar intervencionismo y golpes de Estado en concordancia con los intereses nacionales yanquis. En esta ecuación, la declaración del Conflicto Armado Interno declarado por Noboa, metarrelato y cortina de humo que sostiene en el poder a Daniel Noboa, termina siendo nada más y menos que el relejo de la doctrina Trump a nivel nacional.

A este análisis le faltan varios elementos todavía. La cuestión venezolana es profundamente compleja y ha tomado toda una década de construcción para estar en el momento en el que estamos. Por ejemplo, existe una tendencia desde un ala conciliadora de la izquierda y el progresismo, de condenar la intervención militar yanqui en Venezuela, al tiempo de clarificar una “evidente” desaprobación al gobierno de Maduro. Esto termina por legitimar de cierta manera o parcialmente el atentado, y definitivamente es una posición peligrosa. Hay que tomar partido, estamos en esos tiempos. Así mismo no se han colocado los elementos referentes a la Cumbre de Alaska y un posible multipolarismo consensuado, Latinoamérica como tablero de juego de poderes descomunales; y por último también falta la descripción de cómo esta mañana y tarde el pueblo se volcó a las calles en rechazo a la invasión

En definitiva, EE.UU. es la mayor amenaza no solo de América, sino del mundo entero. En términos categóricos, cualquier pueblo digno en este continente, se levantaría masivamente para defender la soberanía no solo venezolana, sino americana. A mantener la calma y avivar el movimiento.

Váyanse al carajo, yanquis de mierda. No pasarán.

 

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