Leonidas Iza, el retorno de la posibilidad de futuro
La elección de Leonidas Iza como presidente de la ECUARUNARI –la organización regional más numerosa e importante que compone a la CONAIE– el pasado 31 de enero, marca un hito histórico para la organización popular del Ecuador. El triunfo contundente de Iza en uno de los momentos más críticos del país en términos sociales, económicos y políticos, no solo representa una vuelta a una dirección consecuente del mandar obedeciendo, sino que inaugura un retorno a la historia misma, la historia de la lucha de clases. Muy concretamente, que Leonidas Iza regrese a un espacio de dirección representa para el conjunto del campo popular el retorno de la posibilidad de futuro, que le fue arrebatada en el año más horrífico que el narcoestado comandado por Daniel Noboa impuso sobre la totalidad de la población del Ecuador.
Una de las bases emocionales de las que la extrema derecha se alimenta para arrastrar a las masas hacia el abismo fascista, es precisamente el desamparo compartido que produce no poder concebir una posibilidad de futuro, de esperanza, de posibilidad de lucha. El dispositivo del shock en efecto lleva a la indefensión aprendida, a la abulia, al terror. La victoria de un proyecto que se plantea de manera frontal desde y para la clase trabajadora, en el centro de uno de los movimientos de base más trascendentales del Ecuador, refleja una necesidad colectiva de representación abiertamente clasista, con horizonte de transformación colectiva y popular, misma que trascienda los discursos espurios serviles al poder de turno.
Así, Leonidas, un ingeniero ambiental kichwa-panzaleo de 43 años de edad y 3 décadas de militancia, el único dirigente consecuente y formado a la altura de responderle con contundencia y claridad ideológica a la burguesía en términos no solo categóricos sino también programáticos, vuelve a constituirse en el primer adversario político y moral de Noboa y Cía., en uno de los momentos de mayor desaprobación y debilidad interna del proyecto bananero-oligárquico llamado Nuevo Ecuador.
Frente a este escenario político, la primera acción amenazante salió de la Fiscalía General del Estado (FGE) apenas un día después de la reelección de Iza. Es reconocible que la FGE actúa como proxy del ejecutivo y su proyecto político, en un contexto en el que Leonidas Iza ha enfrentado al menos 48 procesos judiciales, entre investigaciones por supuesta paralización de servicios públicos, rebelión, secuestro e intimidación, todos derivados de su ejercicio político como dirigente popular.
En este contexto, una vuelta programática hacia la clase desde la filial de base de la CONAIE con mayor contundencia organizativa podría también fiscalizar la gestión del actual gobierno de la confederación, mismo que ha demostrado intereses políticos contrarios al proyecto histórico del Movimiento Indígena, que ha incumplido los mandatos entregados en su último congreso nacional. Por nombrar algunos ejemplos de inconsecuencia: en los meses posteriores a la elección, se multiplicaron las denuncias del financiamiento gubernamental de viajes y estadías en lujosos hoteles para delegaciones con sobrerrepresentación, votaciones sin acreditación, tráfico de influencias en el proceso electoral y cuentas con transferencias que ascienden a los seis dígitos. Denuncias que se han hecho públicas y que conciernen a la preocupación de todo el conjunto del campo popular.
Adicionalmente, está la reluctancia inicial de más de una semana para declarar un paro a nivel nacional en septiembre de 2025, además de numerosos intentos de autosabotaje al llamar de forma pública a levantar el paro –incluso en Imbabura, antes de cumplirse siquiera una semana–, y la sensación de abandono con la que varias organizaciones se quedaron, no solo reflejan una actitud de absoluta tibieza, sino más bien una estrategia de complicidad y servilismo que es ejemplo de la corporativización del Estado a nivel social y popular. Otros ejemplos de corporativización del campo popular también se han evidenciado en la ciudad, con casos que necesitamos analizar colectivamente para poder superarlos.
Mientras el divide y vencerás intenta imponerse a cualquier precio y la lógica del imperialismo, hecho carne por Noboa y la clase empresarial, arremeten contra el pueblo, el campo popular parece reconstituirse lentamente hacia el clasismo, demostrando una vez más que la historia de los pueblos es dialéctica. La elección histórica de Leonidas Iza como presidente de la ECUARUNARI, además de la voluntad de varios territorios en el Paro de septiembre y octubre de 2025, y con la minga que fue la campaña popular por el NO en la consulta, no solo nos devuelve a la historia, sino que también vislumbran una manera categórica de construcción de poder popular plurinacional desde abajo y desde múltiples frentes.
En términos programáticos, esta victoria desde la militancia consecuente y los principios históricos, representada por Leonidas Iza, reconfigura la correlación de fuerzas desde el campo popular, porque se reconstituye una tendencia de izquierda clasista. Aún así, resulta fundamental reconocer la contingencia de todo momento histórico, que bien podría iniciar con una reconstitución de la clase trabajadora como tal, que en estos momentos se encuentra –nuevamente– en estado germinativo, o no. Mientras nuestro actuar colectivo continúe respondiendo a un instinto de clase más que a una conciencia lúcida, nos seguiremos encontrando en el eterno retorno de no ser más que una clase en sí, más que para sí misma.
Siendo la victoria de Leonidas un halo de luz en medio de tanto horror, para la consecución de la tarea titánica del salto de la clase en sí hacia la clase para sí, se requiere mucho más que una dirigencia. Se requiere recomponer el campo popular urbano. ¿Qué es el salto de la clase en sí hacia la clase para sí? Es el lenguaje que el marxismo le dio a la construcción de una conciencia colectiva del compartir condiciones e intereses comunes que tenemos entre los precarizados de la sociedad. Reconocer que más allá de nuestras diferencias, diversidad de identidades y percepciones de la realidad o incluso de la espiritualidad, nos hermana la condición material de ser personas con necesidades básicas. Es la construcción de la voluntad colectiva de transformación, de hacer conciencia de que no solo nos merecemos vivir mejor, sino que si nos organizamos, en efecto podemos vivir mejor.
Retomando la dialéctica, podemos ver y celebrar que la organización de los trabajadores del campo se rescata a sí misma, de manera orgánica y desde la profundidad de las bases. El Movimiento Indígena tiene una estructura sólida y ha dirigido y protagonizado la movilización popular del país desde el Levantamiento Inti Raymi en 1990, que reconfiguró la correlación de fuerzas dentro del mismo campo popular. Adicionalmente, el mismo proyecto político de la CONAIE de 1994 es un reflejo de la enunciación fundacional del Movimiento Indígena con una posición clasista que se refleja en la conceptualización y proyecto político del Estado Plurinacional, que ha llegado a profundizarse hacia un proyecto de Estado Popular Plurinacional en los mitos fundadores de Octubre de 2019 y Junio de 2022.
En las ciudades, simultáneamente, se fue desarrollando un desplazamiento de la organización clasista hacia la política de movimientos sociales identitarios, que minimizó las demandas de clase hacia otras reivindicaciones que evidentemente la izquierda no estaba atendiendo. Asimismo, la poca organización clasista que quedó vio cómo se complicaba y desvanecía la organización sindical. Desde el Estado se generó más y más legislación que en la práctica impidió el acceso al derecho a la sindicalización desde los 90s, y desde la inversión de millones de dólares en ONG que funcionaron como el soft power del imperialismo para descomponer la organización clasista desde los 70s. En este escenario, los espacios de organización clasista se fueron agotando hasta convertirse en marginales en la ciudad. Obviamente, por su lado, los movimientos sociales tampoco han podido constituirse propiamente entre las masas.
Buena parte de los intelectuales orgánicos y parte de la militancia de izquierda de las ciudades se volcaron hacia el único proyecto que se planteaba como viable desde la conciliación de clase, que consagró con los años al correísmo como identidad política y poder político. La forma de Estado y de política del progresismo tuvo sus consecuencias muy específicas en la desmovilización del campo popular en general, y la descomposición del campo popular urbano en particular, siendo otro de los factores que contribuyeron a la tragedia que ahora enfrentamos.
Es decir, urge la construcción de organización popular clasista desde la ciudad. Existen precedentes importantes en el último año que pueden dar pista de un germen de unidad frente a valores comunes como son la conservación ambiental, el antiimperialismo popular y el rescate de principios democráticos elementales, como ha sido la condena generalizada a la desaparición forzada de Ismael, Josué, Nehemías y Steve por parte de las FF.AA. o la ejecución extrajudicial de Efraín Fuerez y José Guamán en Imbabura, también por las FF.AA. Asimismo, un año atrás Leonidas Iza recibía el 5.33% de la votación nacional, que se logró con una campaña casi desfinanciada y a pulso de militancia, pero sobre todo desde el campo de la lucha por la razón, la evidencia material y un sentir colectivo de dignidad y amor. Esto evidenció que una porción importante de la población urbana ya ha llegado a un nivel de conciencia política elevado. La pregunta es en dónde depositan esa voluntad colectiva de transformación por fuera de la lógica electoral.
Es la tarea principal de nuestro quehacer colectivo, lograr las condiciones necesarias para la construcción de un frente único de izquierda consecuente, que puede construirse alrededor de un programa mínimo tan necesario como el antifascismo. El Ecuador es un Estado satélite del imperio yanqui, que cumple con una función fundamental en la geopolítica regional: resguardar y respaldar los intereses políticos y energéticos de los EE.UU. y las corporaciones tecnológicas que lo controlan. La premura de un nuevo momento histórico, inaugurado tanto el 7 de octubre de 2023 como el 3 de enero de 2026, reclama que los pueblos nos encontremos a la altura de volver a enfrentar al monstruo del fascismo. Manos a la obra. ¡No pasarán!