El Gobierno usa la xenofobia como un instrumento político

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Compartimos con Colombia una frontera de 586 kilómetros, misma que históricamente ha sido una fuente permanente de conflicto. Ya sea por la guerrilla, por el narcotráfico o el paramilitarismo, la zona tiene una dinámica compleja que encuentra en su extensión y abandono, un espacio ideal para todo tipo de actividades ilegales.

Este gran espacio compartido - especialmente en la zona de Carchi - ha tenido en los últimos meses un incremento de ciudadanos venezolanos, quienes por variadas razones abandonan su país y emprenden un difícil viaje, en el que algunos se quedan en el Ecuador, y otros siguen su camino hacia el Perú, Chile o Argentina.

Esta oleada de migrantes no ha sido la primera en nuestra historia reciente, gente de Colombia, Perú, Cuba, Pakistán y países de África, por nombrar algunos, han escogido al Ecuador como su lugar de residencia. Más, lo que es cierto, es que esta última oleada de hermanas y hermanos de Venezuela, tiene unas dimensiones inéditas tanto por la cercanía geográfica, como por el impacto que tienen en el mercado laboral informal, mercado que hoy absorbe a los y las ecuatorianas que por las malas decisiones económicas del gobierno de Moreno han tenido que pasar a la informalidad.

Esta situación, que requiere de un mayor y más profundo análisis, lastimosamente, es explotada por la oligarquía, los medios de comunicación y la derecha política local, quienes encuentran en la xenofobia el caldo de cultivo necesario para la construcción del escenario electoral del 2019. Debemos tomar en cuenta, para el desarrollo de este argumento, el calendario electoral - ya que es en este momento y no antes -  que los medios de comunicación han posicionado este tema, aunque la entrada de venezolanos y venezolanas tiene tiempo ya.

La derecha, al no poder solucionar temas sociales y al no tener una oferta al respecto -  ya que  en su agenda es necesario el recorte en sectores como educación, salud y otros - necesita generar un nuevo sentido cohesionador: el nacionalismo.

Moreno es la punta de lanza de la reacción, y cada vez es más claro: para evitar el retorno de Correa se avanzará hacia un modelo fascista, el que ve en el otro - en este caso al venezolano -  su enemigo, licuando cualquier posicionamiento de clase al no identificar a los políticos y la oligarquía como el verdadero enemigo del pueblo.

En tono con este análisis, esta semana se dio la inconstitucional decisión de no permitir el paso de venezolanos y venezolanas sin pasaporte vigente; medida que generará un incremento en los ingresos ilegales y la represión de los aparatos de seguridad del Estado en contra de personas que están en tránsito o que simplemente ha decidido vivir en el Ecuador.

La constitución de Montecristi establece que en nuestro país nadie es ilegal, más sin embargo, el mal gobierno, tomó esta decisión, para variar, en contra de la Carta Magna y del buen sentido.

A nivel regional la señal dada por Moreno es una muestra factual de la absoluta derechización de su política internacional, asumiendo una serie de interpretaciones en consonancia al grupo de Lima, justificando de esta manera la injerencia y abriendo la posibilidad de una posible invasión. Ya a nadie le puede quedar duda de que es lo que pretende Moreno en la región.

Más el problema persistirá y en la frontera veremos florecer un nuevo negocio ilegal que aumentará en los días y semanas que vendrán: la entrada ilegal a nuestro país, haciendo más difícil aún una situación que de por sí ya es compleja en extremo.

Al parecer la decisión de Moreno es empeorar las cosas, no mejorarlas. Finalmente, está claro que el presidente juega para el Partido Social Cristiano y la retoma institucional y política del aparato del Estado por parte de la oligarquía, en donde la situación de los y las migrantes, es simplemente una ficha más.

 

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