Daniel Noboa: un nuevo Lasso

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Martes 3 de Octubre de 2023

Faltan tan solo dos semanas para la segunda vuelta electoral de estas elecciones anticipadas, en la cual desemboca una de las administraciones más catastróficas en la historia de la democracia burguesa, el gobierno de la banca. La clase empresarial, en parte desencantada por un banquero que poco les sirvió -además de instaurar el Narcoestado y facilitar a que empresarios aumenten sus exportaciones de sustancias sujetas a fiscalización- ahora le confía la administración de sus negocios al principal bananero del país. El Ecuador pasaría del gobierno de la banca, a la República Bananera. Cuando en estos dos años el país se administraba como un banco privado, ahora se convertiría en una sola gran hacienda. No nos confundamos: Daniel Noboa y Verónica Abad reintroducirían la esclavitud -si pudieran-.

El plan de gobierno de la dupla bananera, parece una copia y calca del de Guillermo Lasso en 2021. Privatizaciones, recortes, un Estado policial con la figura de un empresario autoritario, que refleja la visión de una clase que no trabaja, porque sino esta no sería la clase empresarial, sino la clase trabajadora. La visión de país que comparte tanto Noboa, como Lasso o cualquier otra figura de las élites empresariales, se basa en utilizar a la clase trabajadora para su beneficio, aumentando la explotación para aumentar su ya de por sí inmenso pedazo del pastel.

En términos comerciales y financieros, Noboa pretende eliminar el Impuesto a la Salida de Divisas -promesa de campaña de Lasso-, lo que únicamente beneficiaria a tenedores de bonos con capital en paraísos fiscales, aumentando también la fuga de capitales y amenazando así directamente la dolarización y la estabilidad económica de un país entero. Mientras el Estado debe más de USD 7 mil millones al IESS, en septiembre alrededor de un tercio de las reservas internacionales –USD 2.111 millones- del Ecuador fueron utilizadas exclusivamente para el pago a tenedores de deuda. En este contexto, la dupla bananera propone fortalecer las reservas internacionales, al mismo tiempo de eliminar por completo el ISD: una falacia por excelencia, reflejando así la propia lógica de su proyecto político.

El mismo Miguel Ángel Gonzales, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil recrimina a Lasso el haberles fallado en la promesa máxima al empresariado: imponer una reforma laboral. Ahora, la clase empresarial apuesta todas sus fichas en la figura del bananero Noboa Jr. quien junto a Abad, ha dejado en claro su postura. La reforma laboral propuesta por el binomio hacendatario incluye la introducción de la contratación por horas, flexibilizar la jornada laboral al puro estilo de Grecia, eliminar aportaciones y jubilaciones patronales. Bajo esta misma lógica, intentará dificultar la organización de la clase trabajadora, prohibiendo los sindicatos en el sector público. Esta medida en efecto destruiría al movimiento sindical, si se toma en cuenta de que la mayor cantidad de sindicatos se encuentran en el sector público, y que existe una dificultad normativa para la creación de sindicatos en el sector privado. A esto es a lo que se refiere Daniel Noboa con mayor competitividad: inequívocamente mayor precarización laboral.

Por otro lado, Noboa -como buen representante de la oligarquía- tiene una visión asistencialista acerca de los problemas estructurales de los que se alimenta el capitalismo para subsistir: el hambre, la falta de empleo, el bajo acceso a salud y la inseguridad. Por su parte, su binomio ha planteado que “Ecuador no tiene problemas económicos, sino de mentalidad”, haciendo referencia a la vieja confiable de la ultraderecha: “el pobre es pobre porque quiere”, invisibilizando la lógica estructural de la desigualdad. Aunque Noboa intenta distanciarse discursivamente de Abad, su práctica como empresario, así como su ascendencia -el Grupo Noboa-, han demostrado históricamente que están dispuestos a someter a sus trabajadores a la esclavitud moderna en pos de extraer para sus arcas privadas la mayor de las plusvalías.

La privatización del IESS ha sido la joya más deseada para la corona de la oligarquía, prometiendo un negocio redondo: solo los diversos fondos de pensiones equivalen a más de USD 40 mil millones, un 35% del PIB. El binomio Noboa-Abad ha planteado la privatización del derecho a la salud, y la intención de implementar un sistema de vouchers de crédito para el acceso a salud. Por otro lado, Noboa repite la demagogia de Lasso, al prometer libre acceso a la universidad, a pesar de haber declarado anteriormente la intención de privatizar la educación superior y generar un sistema de becas para estudiantes universitarios. En definitiva, Noboa aparece como un candidato improvisado, que quiere ejecutar a como dé lugar el plan de gobierno de la burguesía nacional y transnacional. Continuar con el proceso de privatización y desestructuración del Estado, imponiendo una doctrina del shock con leyes económicas urgentes cada 60 días e imponiendo la más cruenta violencia de los aparatos represivos del Estado en contra del pueblo y la organización popular.

Por otra parte, Noboa promete eliminar la tabla de consumo de drogas -otra promesa incumplida por su acólito empresarial Guillermo Lasso-, lo cual sería catastrófico para el pueblo, ya que criminalizaría todavía más a la pobreza y aumentaría el hacinamiento en las cárceles, reproduciendo el estigma social de personas sentenciadas y atrapando a miles de personas en el círculo de violencia que las lleva a la reincidencia. La violencia estructural ejercida por el Estado burgués, se profundizaría, al volver a una lógica de mayor punitivismo, en uno de los países más violentos del mundo.

El proyecto político que el clan Noboa ensambló a último momento -retomando propuestas fallidas de un presidente fracasado-, no representa nada más que promesas vacías, reflejando un populismo heredado de Noboa padre como también las paralelas con su coideario y nefasto antecesor, el banquero del encuentro y uno de los presidentes más catastróficos como arrodillistas, Guillermo Lasso. La verdad es que de llegar al gobierno, Noboa privatizará las carteras de Estado y flexibilazará las condiciones laborales, generando una debacle social de la cual el Ecuador -en el paupérrimo estado en el que se encuentra el país- difícilmente se recuperaría.

 

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