Cuba se defiende
La incursión imperialista yanqui en Venezuela el pasado 3 de enero, cambió para siempre el panorama geopolítico del continente americano. La primera vez que una fuerza extranjera bombardea una capital suramericana, quedará marcada como la agresión que inauguró una era de imperialismo recargado y decadente, a manos del megalómano y pedófilo Donald Trump Jr. El imperialismo, fase superior del capitalismo, pretende imponerse una vez más con absoluta supremacía en América, en su fase más decadente y terminal, ensañándose nuevamente en la eterna piedra en el zapato del tío Sam: Cuba y su revolución.
Tras un bloqueo naval absoluto impuesto por EE.UU. desde el 23 de enero de 2026, se estimaba que Cuba contaba con alrededor de 15 a 21 días de reservas de combustible. Desde la madrugada del 10 de febrero, Cuba anunció el inicio de una fase mínima de producción energética, con prioridad en áreas estratégicas como salud y defensa.
Ya lo anunciaba Marco Rubio, gusano mayor de la capital continental extraoficial de todo latinoamericano que se considere indigno -Miami-, quien declaró al asumir su cargo como Secretario de Estado, el pasado 20 de enero de 2025: Cuba es nuestro objetivo final. La Florida es el eslabón mayor del poder político de la ultraderecha arribista latinoamericana, misma que se refleja más en el águila que los coloniza, que en la dignidad de sus pueblos. Ni siquiera deberían poder llamarse latinoamericanos, y en el caso de Marco Rubio, mucho menos cubano. María Corina Machado y Edmundo González, además de Villavicencios y Cía., bien saben que el imperio paga mal a sus peones.
En el momento actual, el digno pueblo cubano se encuentra en estado de sitio, en el deber histórico de defender su proyecto colectivo: la Revolución, hasta las últimas consecuencias. No nos equivoquemos: Cuba no es Venezuela. El pueblo cubano se está preparando desde hace 68 años para defender su soberanía, contestada y negada por EE.UU. desde sus inicios. Por más de 67 años, este territorio tan cercano a EE.UU. en términos geográficos, pero tan lejano a su modelo de Estado y en términos de dignidad colectiva, ha tomado su derecho de autodeterminación en manos propias: no por nada Cuba es y seguirá siendo el primer territorio libre de América.
La realidad material del pueblo cubano refleja la historia de resistencia popular más contundente y acérrima del continente entero. Prácticamente desde 1961, el año que Cuba declara el carácter socialista de su Revolución, es impuesta una economía de guerra en la isla, con el inicio del bloqueo desde 1961 bajo la ley de Asistencia Exterior y la ordenanza ejecutiva 3447, firmadas por John F. Kennedy, prohibiendo cualquier ayuda militar a potencias comunistas y levantando sanciones a Cuba. Adicionalmente, esta ley funda la USAID, constituyendo el primer experimento de imperialismo financiero e institucionalizando el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba -que ahora 65 años después- Trump busca escalar a una invasión directa con la intención de cambio de régimen.
La imposición imperialista de EE.UU. sobre Cuba data a 1898, cuando la primera independencia del pueblo cubano, en este caso del imperialismo español, se vio truncada por la intromisión yanqui. La consigna de la libertad sí constituyó un mito fundante republicano en la región, y EE.UU. clasificaba a todo el continente como su propiedad, así que simplemente impuso su “libertad” a cualquier costo. Tras 4 años de ocupación colonial, Estados Unidos “permite” que Cuba sea independiente en 1902, condicionando su soberanía, que fue meramente formal, y a un arrodillismo absoluto al amo del Norte.
Un entramado de más de 500 leyes y enmiendas, entre sanciones y prohibiciones, componen el extenso entramado legal impuesto sobre Cuba como bloqueo desde 1961. Entre ellas, la ley Helms-Burton constituye el imperialismo como norma, en donde se plantea abiertamente el cambio de régimen de Cuba como uno de los intereses centrales de los Estados Unidos en 1996, incluyendo la elección de un gobierno transitorio cubano desde la gusanera de Miami. La Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, un instrumento creado en su momento por EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial en contra de Alemania, termina siendo una ley al único país al que se aplica desde ese entonces de manera sostenida, es Cuba.
La intensificación del asedio y la política genocida en contra del pueblo cubano, revelan que el hambre, la energía y la medicina se están utilizando como armas de guerra, característica categórica de un genocidio en contra de un pueblo entero. Esta maquinaria de exterminio, se intensificó con la segunda presidencia de Trump y el inicio inevitable de la decadencia terminal del imperialismo yanqui. Tan solo entre marzo de 2024 y febrero 2025, los daños materiales y económicos del bloqueo ascendieron a USD 7.556 de millones, representando un incremento del 50% respecto al año anterior. Ahora mismo el 64% de la isla se encuentra sin electricidad y se han impuesto sanciones a terceros países que suministren petróleo a la isla, como México que ahora solo está enviando ayuda humanitaria.
Desde el 23 de enero de 2026, día en que los EE.UU. impone el bloqueo naval total de combustibles y petróleo contra Cuba, Donald Trump ha hablado de una supuesta “caída de Cuba” en casi todas sus intervenciones públicas. Cuba está a punto de convertirse en la próxima Gaza: o cede al terrorismo económico, a la hambruna y a la enfermedad impuestas por los EE.UU. o los EE.UU. la someterá a la muerte por inanición o intervención militar. ¿Si esto no es fascismo, qué es? Quieren provocar su anhelado cambio de régimen por medio de una estrangulación económica que no tiene precedentes en la historia, y que ahora se extrema. El terrorismo económico es la vieja carta imperialista: inventado por los ingleses y perfeccionado por sus hijos bastardos, los yanquis.
Trump, en otra de sus maniobras imperialistas está reactivando la “diplomacia naval”, una doctrina imperial que utiliza la fuerza naval para coercionar Estados para aceptar la política exterior de los EE.UU. La diplomacia naval se inaugura en 1853 cuando la fuerza naval estadounidense asedió las costas de Japón hasta que cediera hacer negocios con los EE.UU. Recordemos una vez más que el resurgir de la doctrina Monroe, ahora “Donroe” plantea la protección de los intereses políticos y económicos de los EE.UU. en su región de influencia –América- como la prioridad número uno del fascismo a la uSSa.
Desde el Caribe hasta el Golfo de Omán EE.UU. está utilizando la presencia militar naval para imponer el poder y forzar concesiones sin declarar abiertamente una guerra. Esta es una tradición imperialista de disposición de la fuerza para generar presión política y económica. Irán está siendo presionado al mismo tiempo porque está amenazando la hegemonía regional de Estados Unidos, empujando a un aparentemente inevitable conflicto militar de alta escala en Medio Oriente. Así mismo este 10 de febrero las Fuerzas de Ocupación de Israel anunciaron este 10 de febrero una nueva ofensiva militar de gran escala en Gaza, para forzar el desarme de Hamas. El acuerdo del 13 de octubre nunca fue un cese al fuego. Sionismo perverso.
El totalitarismo y el fascismo ahora se esparcen por América. El despliegue naval en el Caribe que inauguró la doctrina Donroe, es el más grande desde 1962. Con la operación Lanza del Sur, dirigida por el Comando Sur de los EE.UU. se han interceptado o desviado 8 cargueros de petróleo desde diciembre de 2025, y solo en enero de 2026 los EE.UU. han confiscado 7.5 millones de barriles de petróleo que tenía como destino Cuba. Nada está desconectado. Lo dijimos antes desde tantas partes y tantas voces y lo repetimos ahora: Gaza es solo el laboratorio de lo que la tecnocracia fascista, pedófila y caníbal, tiene planeado y está en la disposición de hacerle a los pueblos del mundo.
Para Donald Trump el juego y amenaza de la guerra es el único que le sostiene a él y su imperio decadente, develando la falacia del orden democrático mundial, y la absoluta irrelevancia de sus instituciones, como la mismo ONU. A principios de febrero, Trump se negó a renovar por un año más el START III o Nuevo START, que es el tratado de reducción de armas estratégicas, como las termonucleares, con la Federación Rusa, exigiendo que China entre en el tratado. Así mismo, Trump anunció a finales del año pasado -22 de diciembre-, la construcción de una nueva flotilla de portaviones con armamento hipersónico y nuclear, “la más grande que se haya visto jamás”. Mientras tanto, el 27 de enero el reloj del fin de mundo se colocó a 85 segundos para la medianoche. Nunca el reloj ha estado tan cerca de la medianoche. Estamos en medio del claroscuro. Pero los monstruos nunca nos han paralizado.
Porque Cuba existe y porque el pueblo cubano resiste, es que nosotros existimos. Sabemos que es posible la dignidad porque Cuba hizo y hace su revolución todos los días. ¿Qué no hubiera ofrecido Cuba y los cubanos y cubanas al mundo de no haber tenido que enfrentarse al terrorismo, a una guerra implacable en su contra por casi 7 décadas?
A Cuba el imperio no le perdona haber decidido su propio destino. No le perdona siempre haber hecho lo que se le dio la gana. Mientras los EE.UU. reparten bombas y hambre por el mundo, Cuba bloqueada reparte médicos y maestros. Cuba defiende el honor de todos los pueblos del mundo, y defiende la dignidad de la humanidad entera. Cuba y su pueblo han tendido la mano a todas nuestras causas, no han dado lo que les sobra sino todo lo que han tenido y más. Han estado siempre con Palestina, con Sudáfrica, con las Panteras y la liberación del pueblo estadounidense, con Argelia, Nicaragua y todos y todas, y contigo y conmigo.
Quién sino Fidel sintetizó en una frase nuestro deseo más profundo, nuestro proyecto histórico: “Un mundo mejor es posible”.
Cuba se defiende. Cuba se defiende, y punto.