Cuando marcha la "gente de bien"

gente de bien
Martes 10 de Agosto de 2021

Tras la constitución del gobierno de ultraderecha de Guillermo Lasso, los sectores más fundamentalistas y reaccionarios parecen envalentonarse en términos políticos y organizativos. Grupos de hispanistas, neonazis y ultraconsevadorxs católicxs y cristianxs nacen o vuelven a sonar en la esfera social: el Otro Ecuador, Tradición Familia y Propiedad, la Orden del Cóndor, y colectivos antifeministas, taurópatas y demás “gente de bien” del país y la región.

El mismo 24 de mayo, durante la posesión de Lasso, Tradición, Familia y Propiedad -agrupación civil ligada a la secta ultraconservadora de la iglesia católica, Opus Dei- publicaba una editorial en su página web en la que resaltaba el alivio de tener a un neoliberal de alto calibre al frente del Estado ecuatoriano, sino que también vanagloriaba la tiranía del franquismo, y hacia un llamado para mantener la vigilancia para con Lasso en la pregunta de “si tendrá pulso para frenar las amenazas de sectores insurgentes que ya incendiaron ciudades y campos” (Dousdebés Vintimilla, responsable de prensa de TFP).

La autodenominada “gente de bien” siempre ha estado presente en el escenario político y social del país, con altos y bajos en su cantidad de adeptxs y apariciones públicas, pero ahora que han puesto presidente, seguramente su presencia será mucho más notoria, organizada y peligrosa, que en la última década. Pero este no es un fenómeno aislado, en toda América Latina, en muchas partes de EE.UU. y Europa, lxs militantes ultraconservadorxs han ido creciendo exponencialmente, en la misma medida en que crecen los discursos fascistas, ultracapitalistas, fundamentalistas religiosos, antifeministas, negacionsistas del covid, las vacunas y el calentamiento global. Ahora, la “gente de bien” se convirtió en un fenómeno global, con la potencialidad de poner presidentes, asambleístas, jueces y demás autoridades nacionales.

Durante el gobierno de León Febres Cordero, TFP tuvo un papel importante como grupo de choque contra revolucionario, organizando salidas de limpieza social, persiguiendo y torturando militantes de izquierda, trabajadoras sexuales, travestis, transexuales y personas habitantes de calle. En el contexto actual, varios de sus miembros han intentado intervenir con Amiqus curiae para impedir la despenalización del aborto por violación el pasado abril, esfuerzo que no rindió frutos. También las ofrendas florales y saludos marciales a distintas estatuas de colonizadores y conservadores no se han hecho esperar.

En los próximos meses se multiplicará la articulación de grupos de choque con nexos al hispanismo, a movimientos antiderechos mal llamados “provida”, sectores libertarios, fundamentalistas de mercado y grupos neofascistas, los cuales se sienten reivindicados por el gobierno antipopular actual. Las mismas dinámicas se desarrollan bajo el gobierno de Bolsonaro en Brasil y en su momento Trump en EE.UU. y Macri en Argentina. Cuando la ultraderecha ocupa el centro del poder político institucional del Estado burgués, sus discursos se convierten en hegemónicos y se replican por medio de sus brazos civiles, en una suerte de refascistización social.

En el campo de lo simbólico, el hecho de que durante su mandato, Donald Trump haya declarado al Antifa como una organización terrorista, también ha reafirmado los marcos de sentido y de realidad de estas organizaciones, generando una suerte de empoderamiento público. Sumado a esto, la Carta de Madrid y su Iberósfera, se materializan tanto como un manifiesto neofascista, y como pacto anticomunista transatlántico. Así mismo, el papel de las ONGs como agentes del imperialismo, ligadas a redes de influencia con Vox, Bolsonaro, Lasso, círculos supremacistas blancos, etc., reciben fondos directamente del Departamento de Estado de EE.UU.. En su función de poder blando, en el campo de lo simbólico, son la máxima expresión de la lucha ideológica por el sostenimiento y profundización de los sistemas de opresión-cosificación-explotación, en contra del pueblo en general, y en contra del pueblo organizado en particular.

En el contexto del 10 de agosto, la ultraderecha ecuatoriana pasa a cooptar símbolos históricos: por una parte, reivindica una fecha que representa una victoria e hito anticolonialista en el continente, para simultáneamente resaltar la herencia hispanista, estableciendo un vínculo entre la hispanidad, la libertad, la democracia y el estatus quo imperante en la actualidad. El patriotismo se inmiscuye con el libre mercado, el nacionalismo con la liberalización de sectores estratégicos y la privatización de los sectores públicos del Estado con un falaz sentimiento de pertenencia como un instrumento más de la dominación y explotación capitalistas. En definitiva, la ideología libertaria encuentra cada vez un mayor número de adeptxs cercanxs a los círculos de poder del Estado burgués y las élites parasitarias del sistema capitalista.

Respecto a la resignificación libertaria del 10 de agosto, la ultraderecha pretende desligar el concepto de Nación del de Estado, reivindicando lo primero y despreciando lo segundo, ya que el Estado es desechado como obsoleto frente a la lógica de mercado, mientras la Nación evoca patriotismo y nacionalismo, instrumentos funcionales a la imposición de intereses del libre mercado y la alienación de las clases populares. La ultraderecha parece olvidar que sin Estado, tampoco existe la Nación.

En términos históricos, el Estado-nación se ha constituido, sin excepción alguna, como proyecto homogenizante y excluyente, por la fuerza, la violencia y la coerción. En el momento histórico actual, en el cual impera el Estado neoliberal, las élites burguesas y oligárquicas van a perpetuar el libre mercado y el interés privado por sobre la vida, excluyendo y exterminando a todo a su paso que no se subyugue a la imposición de sus intereses. Todo esto bajo el manto de la democracia, que tiene como valor supremo garantizar la dictadura de clase de la burguesía. En esta lógica, si la ultraderecha se autodenomina como defensora férrea y auténtica de la democracia liberal, ideológicamente precisa de un legitimante y contrapeso que pase a representar su antípoda. Si la democracia no se encuentra bajo ataque, tampoco necesita ser defendida. Para este cometido, la ultraderecha desempolvó el probado manual anticomunista perteneciente a la Guerra Fría, para nuevamente evocar el espectro del comunismo como personificación de todos los elementos que se representan como “antidemocráticos”.

La “gente de bien” puede reclamar para sí la defensa de su democracia burguesa, su libertad y sus valores “cívicos”, que en el marco del Estado burgués no representan más que un legado de opresión, exclusión y explotación. La libertad -en sus propios términos- corresponde ante todo a la libertad a la propiedad privada y la democracia al “legítimo derecho” de clase burguesa a defender su propiedad, sus privilegios, sus intereses de clase, su acomplejada blanquitud, su fundamentalismo de mercado, su refascistización, su hispanismo y su perpetua y adorada plusvalía.

Vamos a luchar duro, vamos a defender la democracia”, resaltaba el presidente Lasso, un día antes de su posesión, en una suerte de cumbre libertaria continental congregada para su posesión. Este bien podría representar un presagio de la fuerza de choque neoliberal que se desatará en contra del pueblo, ante una eventual negativa popular a la profundización de la maquinaria de muerte neoliberal.

En este sentido, la democracia como concepto político, vuelve a caer en disputa ideológica y a rozar las fronteras del relativismo. La democracia liberal siempre ha promovido las fuerzas políticas más conservadoras y rancias de la sociedad. El fascismo por ejemplo, se fortaleció en el centro de la burguesía, la cual lo convirtió en un fenómeno de masas. En el escenario actual, con una creciente refascistización de la sociedad y de los discursos, parece que se dispone todo lo social para el resurgimiento de organizaciones civiles, grupos de choque y de limpieza social. La lógica profundamente amenazante, es el juego de pulso de fuerzas, que se esta gestando desde las filas ultraconservadoras, ya que el social cristianismo llama a movilizarse en una fecha “cívica” en contra de Yunda, un día antes de la convocatoria de gremios de trabajadorxs, el Movimiento Indígena, maestrxs y estudiantxs.

La lucha de clases se dinamiza y recrudece ante la arremetida “democrática” de la ultraderecha como gobierno. No nos equivoquemos: la fuerza y poder político acumulados por la burguesía y la oligarquía en el poder, sostenidas por el relato de la defensa de la democracia burguesa, no se detendrán hasta que -de una vez por todas- triunfe el mercado por sobre la vida en el Ecuador. Ante la refascistización de la sociedad en su conjunto, la articulación de un frente popular antineoliberal y anticapitalista se vuelve más urgente que nunca.

 

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