Aceptar la incapacidad de Moreno no nos convierte en correístas

El presidente Moreno se apoya en el desprestigio de su antecesor para opacar los escándalos de su propio mandato.
Domingo 17 de Marzo de 2019

Transcurrida más de la mitad del mes de marzo, el gobierno ecuatoriano continúa haciendo gala de su increíble capacidad para generar situaciones vergonzosas, por decirlo menos, con su propia y atrofiada gestión. Como si las instituciones que conforman los poderes del Estado se esforzaran cada día más por hace evidente su ineptitud, y a su vez, como nostrxs, ciudadanxs de bien, habitantes de esta nación en decadencia, no nos esforzamos por mirar para otro lado, obviando las vergüenzas de la política nacional.

En días pasados circulaba a través de las redes sociales material audiovisual, en el cual la Presidenta de la Asamblea Nacional, a través de una conversación telefónica con la Ministra del Interior, impedía que el bloque legislativo del PSC vote a favor de investigar al Presidente Lenín Moreno. Indagación que es impulsada con base a una investigación publicada en el sitio digital La Fuente, en la que se afirma sobre de la existencia de empresas off shore vinculadas a Moreno y a sus familiares. Sin embargo y ante la opinión pública, lo indignante de todo lo anterior no parecen ser en absoluto los vínculos presidenciales con la fuga de capital a paraísos fiscales, ni mucho menos el hecho de quien preside el órgano legislativo pudo haber cometido el delito de tráfico de influencias (tipificado en el COIP art 285), lo indignante en verdad es el "estado de espionaje" que se vive en el Ecuador.

La Policía Nacional ha anunciado que se investigará a lx "responsable de las posibles filtraciones", pues estas suponen comprometer la seguridad nacional y poner en riesgo la estabilidad política del país.

La maquinaria propagandística de los grupos de poder- léase prensa nacional- direcciona magistralmente la atención del desprevenido público, pasando a ubicarla en que el problema no es la corrupción en las altas esferas de gobierno, sino el verdadero problema reside en que está se haya develado. El mensaje parece ser claro: no importa el delito cometido, sino la fuente que lo revela. Esta lógica parece operar bajo el supuesto de que "si nadie se entera no es ilegal", además de cometer las fechorías "calladitos" y eso sí, cuando alguien los descubre, fingir locura, y acusar al acusador.

Usando un símil en las letras nacionales, corría 1934, y era publicada Huasipungo, obra insigne de la literatura indigenista latinoamericana. Jorge Icaza, su autor, tuvo que tolerar acusaciones de todo tipo y sortear varias censuras a su novela, pues este se había atrevido a denunciar la precaria realidad en la que vivían (viven) lxs indígenas de la época. El problema para la prensa en aquel momento, no consistía en la obvia explotación latifundista, sino el habilidoso escritor que la había narrado al mundo, exponiendo la barbarie de la clase terrateniente ecuatoriana.  Otro ejemplo de esta suerte de "matar al mensajero" que practica como recurso sistemático el gobierno actual, se suscitó cuando a mediados de junio del año pasado, el Director del INEC fue cesado en sus funciones, tras publicar datos sobre el crecimiento de la pobreza en el Ecuador.

La censura de las voces no resulta ser novedad en regímenes políticamente débiles y económicamente en crisis; la novedad consiste sin embargo en que la gente común y corriente haya comenzado a asimilar por completo este discurso, y omita por completo el fondo de la situación. En este punto es preciso mencionar que esta suerte de invisibilización de los horrores que cometen quienes nos gobiernan no sería posible sin la existencia de un chivo expiatorio, al cual echarle la culpa de todos los males. Moreno y sus amos encontraron en Correa, la figura perfecta para desviar la atención.

La construcción de un discurso maniqueo es la herramienta de la que se valen los grupos dominantes para deslegitimar cualquier acusación en su contra. La estolidez del público en general, que no alcanza a dimensionar que denunciar el mal gobierno de Moreno no lo convierte a unx en ferviente correísta, ha copado todos los espacios y parecería que no hay mucho que hacer en su contra. Una de las principales fortalezas del gobierno de Moreno radica aún en el odio visceral de varios sectores de la ciudadanía contra el exmandatario y su gestión. Existe evidentemente la necesidad de aniquilar políticamente al adversario, a Correa y a sus "secuaces".

Las instituciones se desprestigian a sí mismas con la mira ciega de acabar con el adversario, la convergencia de la mediocridad insufrible, el caciquismo y hasta la estupidez ideológica pretenden ser abolidas y desterradas a través de multiplicar exponencialmente la mediocridad insufrible, el caciquismo y la estupidez ideológica.Fruto de esta necesidad, que parecería responder más a un anhelo de venganza que a la justa pena que debería recibir cualquiera que comete un delito, han pasado a tomar actitudes inquisitorias contra todo aquel que simpatice con el gobierno anterior. Es más que evidente que bajo el discursillo de acabar con la corrupción se monta desde el Estado un cutre espectáculo que camufla la podredumbre que emana desde las esferas del poder.

Reproducir a una escala mayor las prácticas que en el discurso juramos que vamos a desterrar no provoca sino poner en duda la de por sí ya dudosa capacidad de razonamiento lógico que opera en quienes ahora dirigen la nación.

 

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