El Estado neoliberal y las perversiones del capitalismo (I)

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Martes 24 de Agosto de 2021

Perversión es la creación de un orden que anula a le otrx. Desde sus propios fundamentos ideológicos, políticos y filosóficos, el orden del capitalismo es perverso: genera mecanismos de cosificación-explotación-opresión, y en última instancia de eliminación de lxs tantxs otrxs subalternxs. Con subalternxs me refiero a todxs quienes nos encontramos atrapadxs en una posición inferior en cualquier sistema de jerarquías y clases sociales. El capitalismo es perverso, en cuanto sostiene una serie de metarelatos que justifican y promueven la anulación de estx otrx no deseadx, tanto de forma simbólica, como material. En este sentido, el capitalismo es la materialización de las perversiones económicas, políticas y sociales que mantienen y reproducen las desigualdades todas.

El orden de anulación de le otrx se aplica en todos los aspectos de la vida social.  Desde la infantilización de las mujeres, lxs locxs, lxs discapacitadxs, los animales no humanos, la gente pobre, hasta las políticas de exclusión económica más abrumadoras, como: la eliminación de los subsidios a combustibles y la liberalización de sus precios, que en última instancia tienen como consecuencia el encarecimiento y precarización de la vida de millones de personas. Bajo esta lógica, el Estado burgués capitalista es el mecanismo de exclusión en sí mismo.

La modernidad -a la que vamos a colocar como el momento histórico de la consolidación de los binarios opuestos, la universalidad y la ideología liberal-, delegó al Estado la capacidad de controlar a los sujetos, mediante el  sistema  legal,  político,  económico,  social, médico, sexual, psicológico,  etc.  En  este  proceso  de  control  social, diferentes  grupos  fueron  excluidos o disminuidos  de  la  existencia  y reconocimiento público: millones de personas han sido recluidas en cárceles, manicomios, colegios, y espacios domésticos. La infantilización-criminalización-animalización de los cuerpos femeninos y feminizados, lxs subalternxs, lxs otrxs no deseadxs, constituye el fundamento de las jerarquías y clases sociales. En otras palabras, el capitalismos-patriarcal-colonial-especista es un sistema de sistemas perverso, porque se sostiene sobre mecanismos de exclusión y eliminación.

El Estado burgués es un mecanismo de exclusión en sí mismo, que durante la restauración neoliberal, profundiza la perversidad como exclusión: amplía las sanciones y lxs sancionadxs. Y amplía también el repertorio de mecanismos de exclusión, desde la acción directa sobre los cuerpos de la población, así como omisión de acción.

Históricamente, el Estado nación se consolidó como un sistema de exclusión de ese otrx no deseado, con la conformación de una identidad nacional, pero también de clase, étnico-racial, masculinista, heteronormada y atropocéntrica, que finalmente estructura el sistema capitalista en su complejidad. Conforme al paso del tiempo, los mecanismos de exclusión se han ido legitimando, perfeccionando y profundizando, con algunas rupturas históricas que han logrado romper parcialmente con este orden. En este sentido, ahora nos encontramos en el momento histórico de la restauración neoliberal.

Desde la corporativización de la economía, hemos ido entrando y saliendo constantemente de una lógica liberal hacia la neoliberal. El neoliberalismo sigue utilizando al Estado burgués como aparato de exclusión -sea en democracia o en dictadura-, pero desde el recrudecimiento de los mecanismos de exclusión. Podemos decir que el Estado neoliberal se distingue del Estado liberal, en cuanto la influencia de las grandes corporaciones en el orden político, genera que la clase superior de un Estado territorial, esté en efecto des-terriotorializada.

En este sentido, la burguesía y oligarquía locales sostienen cierto poder dentro de las lógicas políticas económicas de un país, pero en última instancia responden a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. No en vano los grupos multilaterales, como el FMI, el BM o el BID, generan condicionalidades que de forma sutil -o no- van disminuyendo soberanía a los Estados nación. Un ejemplo claro de esto, es la reanexión al CIADI, que debilita la soberanía jurídica del Estado ecuatoriano, con el fin de volverlo más susceptible a la voluntad de las grandes corporaciones en acuerdos bilaterales: mineras y petroleras, por ejemplo.

En términos sociales y políticos, el Estado neoliberal genera un recrudecimiento de los mecanismos de exclusión. La doctrina del shock es aplicada como perversión económica y social. Recortes presupuestarios, reformas urgentes a leyes que socializan derechos -como la educación-, inoperancia autoinducida de los bienes y servicios públicos, agudización de la criminalización de la pobreza, despidos masivos,  desahucios de bienes, congelamiento de cuentas, tasas de intereses infladas, un servilismo simbólico a las clases dominantes, y demás mecanismos de exclusión: todos estos elementos generan la anulación simbólica y material de lxs otrxs no deseadxs o subalternxs.

La normalización y legitimación de estas prácticas excluyentes, necesitan construirse como sentido común y permear la gran mayoría de las poblaciones y colectivos sociales. El rol de la ideología cumple su papel por excelencia: el ocultamiento del componente ideológico de dominación -las jerarquías y clases sociales- en el orden social imperante, el capitalismo-patriarcal-colonial-especista. La estructura de la ideología liberal sienta las bases que posibilitan el neoliberalismo como momento histórico. Así, detrás de un discurso de austeridad, se legitima y normaliza la flexibilización laboral con la reforma al Código del Trabajo, por ejemplo.

El neoliberalismo también se caracteriza por la profundización de la violencia que ejercen los aparatos represivos del Estado. Al amplificarse -en todos los sentidos- la precariedad de la vida -aun sin la necesidad de un salto ideológico a la crítica a los fundamentos del capitalismo- el descontento e insatisfacción también crecen.

En el momento histórico actual, el Estado neoliberal se ve en la necesidad de aplicar el uso de la fuerza en proporciones brutales. Tanto en forma de la criminalización de la pobreza, recrudeciendo el sistema punitivo carcelario, que podría traducirse a la perversidad de la necropolítica o las vidas que no importan. La impunidad absoluta del Estado frente a las masacres de este año, por ejemplo. Y también en términos represivos de media y alta intensidad. El trato militar a la protesta social en Colombia es una evidencia de esto -tanto con mecanismos estatales como para-estales-, que contemplan desde ambos frentes, prácticas terroristas y crímenes de lesa humanidad, como la tortura física y sexual, y la desaparición forzada.

En esos términos, Colombia es un Estado neoliberal de larga data, con una profundización de los mecanismos de exclusión más cruda que el Estado ecuatoriano. Aun así, un mecanismo represivo intenso ya se dio en Octubre de 2019 en Ecuador, para que después simbólicamente las plazas se llenaron de alambres de púas y la presencia militar y policial ha ido invadiendo los espacios públicos. Como efecto ideológico, gran porción de la población legitima la violencia contra las manifestaciones con el miedo al comunismo, por ejemplo; y normaliza la persecución al “enemigo interno” y la militarización del espacio público, bajo la premisa de la securitización.

Marx plantea que en el  proceso  de  expansión  capitalista, esta última requiere extender sus esferas de influencia más allá de los límites sobre los cuales actuaba. Como ejemplo histórico, con la tecnificación del campo -sumada a la tenencia desigual de la tierra y la dictadura del intermediario- se impuso una precarización acelerada del sector campesino, impulsando también migraciones masivas campo-ciudad. Como anillo al dedo, justamente esta migración masiva se dio cuando las fábricas en las ciudades requerían de  mayor  mano  de  obra barata  para  su funcionamiento. Por supuesto esto en beneficio de la burguesía y oligarquía locales. Actualmente en el neoliberalismo, los desplazamientos forzados de poblaciones enteras se dan a puntefusil del paramilitarismo, vinculado a las corporaciones del narco, a la minería y la ganadería.

En el momento histórico del neoliberalismo, la perversidad del Estado se aplica de formas especialmente crueles, también con el objetivo de moldear la subjetividad de la sociedad, hacia los marcos de sentido y de realidad del neoliberalismo. Para que el Estado pueda ser competitivo en el mercado en los marcos del libre comercio, es necesario disminuir el costo de la mano de obra en general, tanto calificada como no. La subjetividad de la gente, necesariamente tiene que adaptarse a condiciones de maltrato -a la perversidad-, para que desde una condición de duelo-depresión-desolación, la generalidad de la población acepte y justifique las condiciones mínimas de vida. Básicamente, el Estado neoliberal convierte a economías pequeñas como las del Ecuador, en una fábrica de mano de obra barata y de recursos naturales.

Frente al desamparo y la perversidad del Estado neoliberal, un gran sector de la población tiende a posiciones conservadoras, siendo un síntoma de esto, la proliferación de iglesias ultraconservadoras con influencia electoral: constan los ejemplos de Bolsonaro en Brasil, Trump en USA y Lasso en Ecuador. Las poblaciones vuelven colectivamente a posturas altamente conservadoras, que en un deseo fantástico y ahistórico, añoran un tiempo pasado mejor. La vuelta a la religión y el enaltecimiento de lo tradicional, no son coincidencia alguna. El hispanismo y el neofascismo también son síntomas de los Estados neoliberales.

Como rganizaciones populares nos enfrentamos a una serie de mecanismos de exclusión, tanto simbólicos como materiales, que profundizan la precarización de la vida, de forma acelerada. Es nuestra responsabilidad como comunistas, feministas, antifascistas y animalistas, reconocer las nuevas condiciones en que se nos presenta la lucha de clases, y organizarnos a la altura de la contienda.

 

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