La ideología Incel llegó a Latinoamérica ¿por qué debería preocuparnos?

ashton
Jueves 16 de Abril de 2026

El 22 de septiembre de 2025, en la Alcaldía Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, Lex Ashton, un estudiante de 19 años del Colegio de Ciencias y Humanidades CCH-Sur de la UNAM, asesinó con un arma blanca a uno de sus compañeros de nombre Jesús Israel, de apenas 16 años; además de herir a un trabajador del plantel que intentó detenerlo. Tras el ataque, el agresor, planeando acabar con su propia vida, terminó lanzándose desde un edificio, lo que le provocó fracturas en ambas piernas y un coágulo cerebral, por lo que tuvo que ser operado y se mantuvo hospitalizado.

Durante la investigación policial, al revisar las redes sociales del atacante, las autoridades  descubrieron que éste participaba activamente en foros incel[1] y que constantemente publicaba mensajes de odio hacia las mujeres, a quienes llamaba “Foids” —término deshumanizante que mezcla “female” y “android”—, y contra los “Chads” —hombres exitosos en el mercado sexual y afectivo[2]—. También se encontró que horas antes del ataque, Ashton compartió varias fotografías en las que se veían hachas, una guadaña, guantes, cubrebocas, gases lacrimógenos, cuchillos y una capucha que decía “bloodbath”, que al español se traduce como “baño de sangre”, además de amenazas explícitas como: “Escoria como yo tiene la misión de recoger la basura”.

En redes sociales numerosos usuarios vinculados a la comunidad incel mostraron abiertamente su apoyo al agresor, aunque un porcentaje significativo de quienes festejaban lo ocurrido insistían en que la víctima debería haber sido una mujer y no un hombre. Mientras tanto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se desató una ola de reacciones alarmantes: pintas en baños con mensajes anónimos, alertas de bomba y amenazas directas contra profesoras. Estos acontecimientos provocaron la suspensión de clases presenciales como medida de seguridad. El miedo se extendió incluso a otros Estados e instituciones educativas, dos secundarias en Veracruz y San Luis Potosí fueron desalojadas por amenazas de ataques (El País, 2025).

Muchas personas estaban escuchando por primera vez la palabra Incel.

El 24 de marzo de este año, Osmar N, un adolescente de 15 años se grabó frente al espejo con un fusil AR-15 y subió el video a su Instagram con la frase: “Hoy es el día”, posteriormente se dirigió al Colegio Antón Makarenko, en Michoacán, y asesinó a tiros a dos de sus maestras de 36 y 37 años. Lxs demás estudiantes, otrxs adolescentes que presenciaron el ataque, fueron quienes arriesgando sus propias vidas lograron someter y atar al agresor con una cuerda hasta que llegue la policía. Osmar N. también pertenecía a foros incels y constantemente publicaba amenazas de muerte dirigidas a mujeres, especialmente a mujeres feministas.

Estos son los primeros ataques que en nombre de la ideología incel se registran en México, la puerta a Latinoamérica, pero no son los primeros en el mundo.

Isla-Joulain (2020) al analizar si estos grupos podrían ser catalogados como terroristas, hace un recuento de los hechos delictivos relacionados con la ideología incel, la cual define como, un movimiento en foros online de hombres que odian a las mujeres por rechazar sus acercamientos afectivos y sexuales, a los cuáles consideran que tienen derecho de forma natural” (p. 205).

El primer ataque incel se registra en California, Estados Unidos, el 23 de mayo de 2014, cuando Elliot Rodger, un joven de 22 años, ocasionó un tiroteo en el que asesinó a 6 personas, hirió a 13 y posteriormente se suicidó dejando un manifiesto de 137 páginas en el cual culpaba a las mujeres por su infelicidad. El segundo ataque se registra el 1 de octubre de 2015, en Oregón, Estados Unidos, cuando Christopher Harper-Mercer, de 26 años, ocasionó un tiroteo en el que asesinó a 9 personas, hirió a 7 y posteriormente se suicidó, él también dejó un manifiesto en el cual, al igual que Rodger, culpaba a las mujeres por su desdicha y soledad.

Uno de los casos más conocidos y mediáticos se dio en Canadá el 23 de abril de 2018, cuando Alek Minassian, de 25 años, asesinó a 10 personas e hirió a 16 atropellándolas con una furgoneta después de escribir un post en Facebook que decía: “¡La Rebelión Incel ya ha comenzado! ¡Derrocaremos a todos los Chads y Stacys! ¡Saluden todos al supremo caballero Elliot Rodger!”. Su caso se viralizó porque en sus redes sociales publicaba constantemente contenido donde santificaba Rodger, algo usual entre algunos incels, especialmente los más radicales.

En 2018, en Estados Unidos, Scott Paul Beierle, de 40 años, asesina a 2 personas, hiere a 5 y se suicida en un tiroteo en un local de yoga. En junio de 2019, en Canadá, Alexander Stavropoulos, de 25 años, hiere de gravedad a una mujer y de levedad a su hijo de 8 meses con un cuchillo en un parking. Apenas unos días después, en Estados Unidos, Brian Isaack Clyde, de 22 años, ataca el juzgado federal Earle Cabell de Dallas tras publicar amenazas en Facebook, este último hecho no tuvo víctimas mortales gracias a la oportuna intervención policial. Según Isla-Joulain (2020) todos estos ataques tienen en común su relación con la ideología incel.

Se registra como el primer momento de uso de la palabra incel el año de 1997 cuando una joven canadiense creó una página web para compartir su malestar por la dificultad de relacionarse sexo-afectivamente. En un primer momento la página se centraba principalmente en crear comunidad entre otras personas célibes para apoyarse entre sí compartiendo experiencias y consejos, pero poco a poco se empezó a llenar de hombres cisgénero heterosexuales enojados que culpaban a las mujeres y al feminismo por su desdicha, soledad y celibato, creando una subcultura donde la frustración romántica se convirtió en ideología de odio.

En el año 2000, su creadora abandona la página y el contenido de ésta se radicaliza ante el protagonismo masivo de hombres conservadores que vieron en el malestar de sus congéneres el negocio perfecto para vender una ideología sumamente peligrosa y lucrar como influencers con contenido misógino que pretende enseñar a los hombres cómo ser “verdaderos” hombres; o, en sus propios términos, cómo ser “hombres alfa” o “hombres de alto valor”. Todo esto bajo un modelo de hombre-empresa (Brown) cuyo propósito es ser competitivo en el mercado sexual y afectivo.

Andrew Tate, un ex peleador de kickboxing, de nacionalidad británico-estadounidense es una de las figuras más representativas de la manósfera[3]. Este personaje promueve la masculinidad “alfa”, el éxito económico mediante la ostentación y el control de las mujeres, de esta manera, su contenido une diferentes subgrupos del ecosistema digital manosférico[4]. Respecto a los incels, aunque Tate se presenta como un ganador exitoso en el arte de la seducción, promueve la idea del 80/20 o hipergamia femenina para responder al por qué de la soledad de los hombres. Estas ideas sostienen que el 80% de las mujeres se quedan con el 20% de los hombres más atractivos por su “naturaleza hipergámica”.

En Latinoamérica el influencer que se ha encargado de traducir, difundir y monetizar con los postulados misóginos de Andrew Tate es El Temach, quien con un estilo bélico convoca a “los compas” a entrar en “modo guerra” y tomarse la “red pill[5]” para poder despertar y ver una supuesta realidad donde las mujeres dominan el mundo y el mercado sexual, con el propósito de por fin tomar acción contra los feminismos y la ideología de género que les ha quitado a los varones el control y dominio del mundo que por su “naturaleza masculina” les pertenece.

Ambos influencers tomados como ejemplo en el presente artículo promueven una masculinidad hegemónica alineada con el éxito económico, con un determinado modelo de atractivo físico masculino y con la dominación de las mujeres. Y, sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg.

Mientras estos influencers de la red pill, con sus discursos misóginos, representan un peligro evidente para las mujeres, existe un sector aún más radical dentro de la ideología incel: el que promueve la llamada black pill. La black pill añade otra supuesta “verdad” a las ya mencionadas por la red pill, y esa “verdad” consiste en la condena eterna a la soledad de todos aquellos hombres que, por su genética, no encajan en los modelos de atractivo hegemónico que se exaltan en la red pill. Se trata de hombres que, según esta ideología, pertenecen a ese 80% con los que las mujeres, por su “naturaleza hipergámica”, no se relacionan. Hombres que, de acuerdo con esta narrativa, deben resignarse y “retribuir” a la sociedad —y específicamente a las mujeres— por su dolor y posteriormente terminar con sus propias vidas. Esa “retribución” se expresa en atentados violentos como los que mencioné al inicio de este artículo.

Como podemos ver, los discursos esencialistas que se difunden en la manósfera sobre la “naturaleza” de los sexos representan un peligro tanto para mujeres como para los mismos hombres, especialmente para aquellos que están en foros de la blackpill donde se fomenta abiertamente el suicidio y donde miles de jóvenes en busca de respuestas han encontrado comunidad, identidad y sentido en una ideología que desde 2014 está cobrando víctimas mortales.

Ahora bien, es necesario evidenciar que los influencers de la manosfera, quienes construyen su ideología basándose en esencialismos biologicistas, no son los únicos responsables de que subculturas peligrosas como la de los incels estén emergiendo con tanta fuerza en la actualidad. También lo es el feminismo hegemónico, que a su vez se volvió profundamente esencialista.

Almeida (2020) señala que los movimientos feministas cerraron las puertas a los hombres que, aliándose con las mujeres y aprendiendo de ellas, deseaban construir un mundo más igualitario para todas las personas. Además, indica que el feminismo hegemónico minimizó y desatendió las formas en que el patriarcado afecta a los varones, tratando sus problemas y necesidades como un asunto menor, cuando definitivamente no lo son, menos aún en contextos de guerra como el que estamos viviendo en la actualidad.

Aunado a esto, debemos nombrar que dentro de los movimientos feministas ha surgido un feminismo fascista: el feminismo radical trans-excluyente, conocido como feminismo TERF por sus siglas en inglés o terfismo. Este se ha encargado de demonizar a los cuerpos masculinos, afirmando que absolutamente todos los hombres, sin importar el contexto, son potenciales violadores y feminicidas. Con ello, se anula la posibilidad de que los varones elijan construir un camino distinto al supuestamente impuesto por su biología y naturaleza depredadora.

Parecería una reflexión sencilla: si las mujeres, gracias a los movimientos de izquierda, progresistas y a los feminismos, lograron cuestionar las instituciones sociales que históricamente daban sentido a su existencia —como el matrimonio y la familia—, también los hombres deberían tener el derecho de deconstruir el mandato de la masculinidad (Segato, 2016) y elegir no violentar, no violar, no matar. Sin embargo, desde los feminismos esencialistas esta posibilidad les fue negada desde un principio.

Después de la marcha del 8M en Ciudad de México, hablando con Monse, una académica y militante feminista antifascista, llegamos a la conclusión de que tanto los incels como las terf son dos caras de la misma moneda en el actual contexto caracterizado por el auge de ideologías fascistas. En este sentido, debemos tener claro que lo que está pasando es un problema que debemos atender como sociedad, desde la Academia y los movimientos sociales, especialmente desde los feminismos, entendiendo que la exclusión de los hombres de los debates sobre igualdad de género es posiblemente la causa principal de que ahora no existan suficientes referentes masculinos que puedan contrarrestar los discursos de odio que desde hace décadas se han estado gestando en la manósfera.

 

Referencias

  • Almeida, D. M. (2020). Varones antipatriarcales y feministas: Contiendas políticas dentro del movimiento feminista, construcción de subjetividades y politización (Tesis de maestría, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO Ecuador). Repositorio Digital FLACSO Andes.
  • Federici, S. (2004). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Isla-Joulain, G. (2020). Célibes involuntarios: ¿Terroristas? ​ Análisis cualitativo del fenómeno InCel y discusión conceptual sobre el terrorismo. ​ Revista de Derecho Penal y Criminología, 3.ª Época, (24), 193-244. ​
  • Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Segato, R. L. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo Libros

 

[1] Involuntary celibate, término que hace referencia a hombres que desean relacionarse sexo-afectivamente con mujeres, pero que no logran hacerlo.

[2] Diferentes investigaciones han revelado que este grupo maneja una terminología propia, un “lenguaje incel” que les permite nombrar el mundo tal como ellos lo perciben.

[3] La palabra manósfera proviene del inglés manosphere (man = hombre + sphere = esfera), es una red de sitios web, blogs y foros que refuerzan estereotipos de género, promueven la misoginia y rechazan el feminismo.

[4] Dentro de la manósfera se encuentran varios subgrupos como los activistas por los derechos de los hombres (MRAs), Incels, Hombres que rechazan relacionarse con mujeres (MGTOW), artistas de la seducción, entre otros.

[5] La redpill es una alusión a la película Matrix, cuando Morfeo le ofrece a Neo dos cápsulas: la píldora azul y la píldora roja. La azul lo mantendrá en una cómoda mentira sobre la realidad en la que vive, mientras la roja le abrirá los ojos y le permitirá descubrir la verdad oculta.

 

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