Corridas de toros, especismo y colonialidad: el sadismo reprimido de la élite blanqueda

jbdashbad
Miércoles 9 de Diciembre de 2020

La celebración de la fundación colonial de la ciudad, llamada por los españoles y la élite criolla, San Francisco de Quito, a partir de la decada de los sesentas y setentas, incorporó en sus festividades a las corridas de toros como atractivo principal. Desde los inicios de la construcción de la Plaza de Toros Quito, ubicada en el sector de El Labrador, se registraron pequeños grupos organizados en contra del proyecto de edificación de la misma, y luego estos se mostraron abiertamente opuestos a la tortura y muerte de los animales no humanos, principalmente toros y caballos, en el marco de la “sacro santa fiesta”. Desde ese contexto, hasta la actualidad, se ha librado un escenario contencioso y, en ocasiones, beligerante a las afueras de estas plazas. En los últimos años, ante el cierre definitivo de la Feria Jesús del Gran Poder, esta dramaturgía ha tenido lugar en las afueras de la Plaza de Toros Belmonte, en donde se suele escuchar por parte de colectivos animalistas, ecologistas, antiespecistas y de artistas principalmente, la siguiente consigna: ¡Somos mestizxs, no somos españoles, nosotrxs somos longxs y no torturadorxs! La cual denuncia la relación entre la violencia en contra de los viventes (especismo) y la colonización-colonialidad.

La colonización o el encubrimiento de los Pueblos de Abya Yala, se entiende como el momento histórico que inicia en 1492, el cual implicó una colisión civilizatoria que dio como resultado un importante proceso de aniquilamiento cultural, espiritual y material. En este sentido, la colonialidad se ubica como una estructura de poder que despliega formas de violencia epistémica, simbólica y material, que prevalecen en la actualidad, contra las poblaciones racializadas, indigenizadas, feminizadas y animalizadas. Por su parte, el especismo estructural, que tiene como base la animalización de los vivientes y, por tanto, legitima relaciones instrumentales y cosificantes hacia los no humanos y, en general, hacia los grupos subalternos que no encajan en la construcción normativa de “lo humano”; posee elementos eurocentricos y falogocéntricos que adquieren su expresión más aguda en la modernidad-colonialidad-capitalista.

Por tanto, la dimensión colonial de la violencia especista presenta los siguientes desplazamientos. Primero, se encuentra un sentimiento de extrañeza radical frente al ser colonizado: animales no humanos, pueblos no modernos, y grupos “subhumanizados”, indigenizados y racializados. Esto configura un afuera y un adentro, un nosotros y ellxs. Este lugar construye dicotomías jerarquizantes: naturaleza-cultura, animal-humano, barbarie-civilización, masculino-feminino, entre otras. Segundo, la aproximación hacia lo otro – el otro, esta mediada por la cosificación, o la razón instrumental, la cual concibe al otro como un medio para los fines del dominador-colonizador. Esta lógica de dominación, que sostiene sus practicas y discursos colonizadores sobre la objetivación-cosificación y mercantilización de los cuerpos, precarizados por la modernidad capitalista, es el factor común entre las diferentes opresiones: especismo, racismo, sexismo, eurocentrismo, capacitismo y otras. Tercero, la relación colonialidad-especismo tiene una dimensión del cómo se conoce y se nombra al mundo: se internalizan los lenguajes y formas de expresión de los dominadores.

De acuerdo a lo anterior, las corridas de toros son el ejemplo típico de la dimensión colonial del especismo. La dramaturgia de los aficionados taurinos, su puesta en escena, los símbolos religiosos católicos y sus dialéctos españolizados, forman parte de la asimiliación cultural de la colonización. En la tauromaquia, retomando a Echeverría, la elite ecuatoriana blanqueada reactua el sadismo reprimido del rezago colonial:  “Jugando a ser europeos, imitando a los europeos, poniendo en escena lo europeo, los indios asimilados montaron una representación de la que ya no pudieron salir” (2002, p. 13). La colonialidad requiere un recrudicimiento de la violencia contra los animales no humanos, el dominio de la razón humana sobre lo instintivo y salvaje del toro, es análogo al exterminio y la masacre de los europeos civilizados contra los indios y mujeres barbarxs. La lógica europea-occidental enaltece lo “mas avanzado de la especie humana”, el supremacismo blanco se equipara con el privilegio masculino y con la violencia especista.

En ese sentido, las luchas antiespecistas y las demás luchas libertarias, encuentran un punto clave en común, sus horizontes anticapitalistas, decoloniales y, desde mi punto de vista, antihumanistas -humanismo como corriente filosófica-. Por ello, los veganismos populares y animalismos del sur, buscan demostrar que la noción de “humanidad” y sus expresiones fundamentales, están construidas a partir del capitalismo, la colonialidad, el patriarcado, el Estado, la cosificación y el individualismo. Es decir, que la forma de ver el mundo y la sociedad,  impuesta por la burguesía, es la fuente de todos los problemas sociales a los que nos tenemos que enfrentar como sujetos y colectivos. En este proceso de reconocimiento de las causas del mal social, del carácter aborrecible de la modernidad y la civilización occidental y todo eso llamado “humanismo”, el veganismo popular pretende que como el horizonte último de toda lucha al antiespecismo.

La “herida colonial”, es como llamó Mignolo a la marca que deja sobre los cuerpos y subjetividades, los distitntos sistemas de opresión. Esta herida nos hermana como sujetxs políticos: el dolor, la humillación y la indignación, que marca el cuerpo de lxs obrerxs, lxs mujeres, lxs cuerpos trans y los animales no humanos, todos estos cuerpos marcados por el Estado y el capital. Para las perspectivas anticapitalistas de los animalismos críticos, el cuestionamiento a los privilegios de clase, de etnia y de género es inseparable del cuestionamiento de los privilegios de especie. El humanismo, tal y como lo festeja occidente, es racista, patriarcal, colonial y especista.

El horizonte histórico colectivo entre nosotrxs: los animales, lxs obrerxs, las mujeres, lxs estudiantes, lxs maricas, lxs indixs, lxs negrxs, lxs montubixs y la Tierra, definitivamente, será anticapitalista, anticolonialista, anti-imperialista y, además, transfesminista y transespecie. En respuesta a la arremetida del capitalismo neoliberal, a la crisis ecológica y al despojo de los territorios, a la precarización de las condiciones materiales y espirituales de vida de los sectores empobrecidos, a los femicidios y transfemicidios y frente a la matanza masiva de animales (en granjas factoría, plazas de toros, laboratorios de experimentación, entre otros) nos urge pensar y construir comunidades menos humanas y más animales.

 

Fotografía: http://amarauna.org/azpeitia/36-45/?h=es&a=4.