Vacaciones en Mundo Feliz
Presento esta entrevista como un documento crudo y urgente, que bien puede funcionar como uno de tantos manifiestos de la resistencia cultural independiente en el Ecuador contemporáneo de la narco-banana-republic.
Los artistas Pablo Roldán y Juan Benítez, director y autor de la obra “Vacaciones en Mundo Feliz” desromantizan la creación teatral recordando al espectador que en efecto el arte es un trabajo y no solo un acto estético. Detrás de las obras hay trabajadorxs con necesidades materiales concretas, tanto como actos de reivindicación política frente al Estado en el Nuevo Ecuador, que abandona y aterroriza.
Vacaciones en Mundo Feliz adicionalmente pone en cuestión el control que se ejerce en las poblaciones desde la imposición del dolor, la distracción, la prohibición de la tristeza y el entretenimiento vacío. Los artistas contraponen estratégicamente a la obra con la política del espectáculo, donde el narcoestado y el populismo mediático enferman a la sociedad.
Pablo y Juan exponen la fractura entre el arte independiente local y las instituciones, que prefieren repetir fórmulas costumbristas hegemónicas en lugar de apoyar la investigación y creación crítica local, como un síntoma de la nueva derecha en el centro del poder político y cultural.
Una entrevista potente, dolorosa y lúcida. Los artistas logran conectar la micro-política de su proceso creativo con la macro-política del Nuevo Ecuador. Es un testimonio histórico de cómo la cultura independiente está procesando y resistiendo la normalización del fascismo, el narcoestado y el espectáculo político en la región.
DA: ¿Por qué hacer teatro en este contexto?
Pablo Roldán: Porque es la única forma con la que podemos parar al fascismo, parar al avance de la ultraderecha. Yo específicamente hago arte para eso, para poner un freno a esto que nos está sucediendo.
DA: ¿Cómo discute la obra con la realidad nacional?
Pablo Roldán: La realidad nacional me parece que es como un enjambre lleno de situaciones, que no acaban de entenderse. Nos tendieron una trampa, nosotros accedimos a esa trampa y nos encontramos siempre como en soledad. Entonces la obra habla de eso, de encontrarse en soledad y poder encontrar cierta forma de contrarrestar lo que está sucediendo en el mundo, pero a partir de esa soledad individual -que luego se vuelve colectiva cuando estás ya en el escenario-. La soledad se vuelve reflexiva y esa sería la forma de poder enfrentarnos a esa realidad.
DA: ¿Tiene algo que ver la obra con Mundo feliz de Huxley?
Juan Benítez: Bueno, fue un inicio, que justamente leí el libro y hablaba de todas estas drogas que el sistema te daba para mantenerte feliz, para estar contento. Era prohibido estar triste, entonces a partir de eso empezó la creación de esta obra. Por eso es tomarse las vacaciones en Mundo Feliz, en el que está prohibido estar triste.
DA: Cuando hablan de la soledad, puede convertirse en un dispositivo precisamente de las nuevas derechas y del fascismo para aislarnos, para romper con la comunidad, ¿a qué comunidad apela la obra?
Pablo Roldán: A la que nos compete a nosotros, que es la de intercambiar formas y sentidos. Sí, puede que la derecha y el fascismo apelen a la soledad, pero también en soledad se hacen intervenciones a aparatos electrónicos, en soledad también se hace intervención a lo análogo. Es decir, a la creación en sí. Es el lugar que nosotros siempre hemos ocupado, porque en nuestro caso, como artistas, siempre estamos muy solos, siempre estamos deviniendo en soledad todo el tiempo, porque no hay un amparo lógico para lo que hacemos. En este Ecuador nos situamos como artistas, pero claro, todavía la gente se hace la pregunta de si para esto se estudia, lo que nos hace estar realmente en soledad.
Juan Benítez: Y hay dos opciones básicamente. Perderte en la soledad o empezar a crear desde ella.
DA: ¿Qué le quiere decir la obra a Quito?
Juan Benítez: Yo creo que es una reflexión que va representando a la persona quiteña justamente, que está viviendo en este tiempo, en el contemporáneo. Yo creo que lo que te dije anteriormente es importante. Existen dos opciones en esta soledad. Autosabotearte o continuar creando, haciendo cosas, avanzar.
Pablo Roldán: A mí me parece que tenemos que decirle a Quito que de cierta forma somos impenetrables. No nos vamos a dejar dominar nunca por el sistema en el que nos intentan colocar, especialmente nosotros. Voy a hablar de Zona Bastarda, que no es esta obra pero es una coproducción con Murdok Producciones. Siempre nos colocan en un lugar de no tránsito, entonces nosotros le vamos a indicar que no. Que nosotros siempre vamos a transitar el arte, a pesar de no tener asignación de fondos públicos, ni una forma y un sentido dentro de una economía ministerial, o desde la Secretaría de Cultura, o no habernos indicado que podemos estar dentro de ciertos festivales, porque nunca se nos invitó a ninguno. Y sí, construir arte es porque nosotros deseamos, pero también porque queremos comer, deseamos tener para el transporte público, nosotros necesitamos nuestra economía. La obra es nuestro trabajo, y lo que queremos decir en la obra como tal es eso: a partir de la individualidad podemos crear cosas, y luego ese mundo interno que tenemos, lo ponemos a disposición para esta sociedad en que vivimos. Mi línea personal es que yo estoy aquí, soy un artista en el Ecuador y no voy a dejar que nadie me quite ese lugar, menos un sistema. No lo voy a permitir, porque voy a seguir haciendo arte. Así no tenga dinero, que tampoco es que me pongo en ese lugar, pero si hacer arte implica que no tenga que comer algún día, me da completamente igual, pero voy a seguir haciendo arte.
DA: Una de las características del fascismo, que las nuevas derechas en la región que son una forma de fascismo, siempre han llevado a las artes hacia lo decorativo, que no moleste. ¿De qué manera puede ser incisiva esta obra, y en qué sentido, con respecto a lo que nos pasa ahora como sociedad?
Pablo Roldán: Volver a lo analógico, por ejemplo. Crear la sonoridad de la obra a través de la analogía, crear la sonoridad permanente de un paisaje a través de una batería que no llega a ser ni electrónica, son solo cables intervenidos. Es decir, una intervención analógica dentro de un mundo digital, me parece que es un punto de vista acertado. Estamos oponiéndonos a lo digital, de cierta forma. Claro que estamos en lo digital nosotros también, obvio, pero lo analógico te dice que hay otro mundo más allá de poner una foto linda en Instagram o tener un millón de followers. Hay otro mundo, y es el mundo en el que no tenemos qué comer, y si no tenemos qué comer, tenemos que inventarnos. Regreso a un teléfono intervenido, como lo hace Juan, regreso a la casetera que no existe, regreso a una batería con seis circuitos ahí. Está el pad, el otro es una guitarra de Nintendo que tiene solo tres acordes. Y con esto estamos armando un musical. Sí es un punto de vista distinto con lo que está sucediendo.
Con respecto a las nuevas derechas, me parece que hay que regresar. Todas las derechas son muy obsoletas, que en principio no creen que nosotros los artistas de aquí podemos hacer cosas, todo es de afuera. Mira lo que pasó en el festival Fiesta Escénica, que le aplaudían a Kartun. ¿Quién es Kartun? Tenía el costumbrismo más costumbrista del mundo, y nosotros que todo el tiempo estamos investigando, nos toca camellarnos todo el tiempo dentro de un circuito que tenemos que ir a presentar miles de solicitudes, pero viene Kartun y le pagan un hotelazo y está lleno el teatro. Nosotros el año pasado tuvimos una función en el Sucre, y no nos ampararon, pero vienen de afuera y le dan todo. ¿Qué pasa? ¿Cuál es el sentido de la vida ahí?
Juan Benítez: Claro, a nosotros nos toca mover todo: producción, promoción, montar la escenografía, nos toca hacer absolutamente todo y no hay esa contención que tienen los grupos internacionales.
Pablo Roldán: Es el nombre. Ese es un punto de vista en contra de la derecha. Este festival no es de derecha, pero sí tiene estragos de la derecha. Es decir, pensar que dentro de tu propio sistema no buscas eso que atrae, o repites programación y les pagas 20 lucas por una función que es una tontería. ¿De verdad estamos haciendo esto? Y claro, si les dices algo, entra al lugar de "no, es contestatario", "es que se portan mal". No nos portamos mal, yo digo lo que creo.
DA: Es un ejercicio disciplinatorio. Les disciplinan así.
Pablo Roldán: Es un orden súper conservador, súper moralista. Si te fijas en la historia de Kartun, es un señor que no interpela nada ahora, no es que te invite a pensar. ¿Cómo peleas contra la derecha hablando del costumbrismo? O sea, ¿cómo? Es imposible. Es seguir, te haces el tontín y no te permites ver que hay algo que está sucediendo en el planeta. Esa cuarta pared les tiene muertos. Te muestran ese arte, que capaz no es que ellos sean fachos, pero ese arte sí. Para mí sí, porque lo único que hace es reproducir el orden hegemónico, no lo rompe y no se da el sentido de cambiar nada. Entonces digo yo ¿qué onda con esto?
Nosotros vamos por otro lado, vamos por la ruptura. Y en esa ruptura vamos a encontrar puertas cerradas. Pero si las puertas están cerradas, tenemos que abrir. Nosotros hacemos obras también porque no tenemos para comer pues. Estar esperando a que el Sucre me logre poner cuando quiera o cuando piense el curador o la curadora que está bien. Dimos una sola función el año pasado, ganadora del premio Francisco Tobar García -nuevamente, ya ganamos dos veces-. Pero eso es así y punto. Tabla rasa, que no se lo mire, porque tiene que venir Kartun, tiene que venir cualquiera. Cualquiera puede entrar por la puerta grande, menos nosotros. No me interesa ser Daddy Yankee, pero sí me interesa entrar al teatro para poder comer. Hago teatro para poder comer, porque no estudié otra cosa. Si hubiese estudiado otra cosa, tal vez lo haría, pero no puedo hacer otra cosa si esta es mi carrera. Hay una inversión económica mía sobre un estudio, que yo decidí sí, lo entiendo, pero el Estado está para eso ¿no?
DA: Hay algo más que tengan para decir de la obra, que la gente tenga que saber. O sobre el estado de los artistas en un modelo de país en el que lo único que importa es garantizar la exportación de cocaína.
Juan Benítez: Estoy muy de acuerdo con lo que dice el Pablo. Se vuelve muy indignante no tener la oportunidad en las instituciones, pero a pesar de eso nosotros nos planteamos hacer esto. Nos planteamos hacer teatro, nos planteamos hacer arte y eso es lo que vamos a hacer toda la vida. Es una forma de resistencia hacia todo esto de lo que nos estamos quejando. Es resistir, hacer arte así sea sin un centavo, sin recursos. Estamos decididos a seguir haciendo esto.
Pablo Roldán: Me parece que en función de lo que dijiste, es esto: miramos a un esperpento de gobierno, en donde el tipo se presenta con camiseta apretada, muestra los músculos, hegemónicamente perfecto. Para ciertas miradas, es "el hombre". Para mí no es el hombre.
Juan Benítez: Es un macho.
Pablo Roldán: Exacto. Eso lo vendes, eso reproduces y eso lo tomas. Y claro, nos tratan como idiotas. Se gana un partido, y "feriado, feriado". ¿Qué pasa? ¿Realmente la gente se está comiendo el cuento de esto? Frente a esto aparecen estos trabajos, donde discutimos de otra forma, a partir de las soledades individuales, autobiografías de mi compañero, y claro ahí viene la contraparte. Es ver un engendro, un pusilánime de turno, que nos trata como nos trata. Es lo peor que pudo haber pasado en nuestro mundo. No existe nada más enfermo que esto, es una sociedad enferma donde hay gente que le aplaude, que está mucho más enferma. Revísense, revisarse adentro a ver qué es lo que realmente está pasando. ¿Qué tienes adentro para pensar que eso está bien? Es terrible, y no solo pasa con él, sino que es un discurso muy amplio, que si te fijas está tomando a todos y todas. Frente a esto, qué hacemos nosotros-nosotras, habitar el lugar en el que estamos desde hace 20 años. ¿Qué más vamos a hacer?
DA: Yo sé que el arte y el espectáculo no son lo mismo, pero muchas veces interactúan. Yo siento que el gobierno de Daniel Noboa está haciéndonos espectáculos todo el tiempo. Por ejemplo esto de la fundita de botones el 24 de mayo, jugando con que todo el mundo sabe que es un narcotraficante y el tipo simplemente juega con eso. Desde su posición como artistas ¿qué sienten que nos gobierne la política del espectáculo?
Pablo Roldán: Si tienes a unos instagramers posicionados dentro de ese espectáculo, no esperes que una obra de arte pase a ese lugar de consumo. Vos abres y las redes están tomadas por gente del espectáculo que lo único que hacen es reformular la existencia de un energúmeno cocainómano, donde tirar línea es lo que es. Entonces no hay otro discurso, no existe otro. Esto es a lo que nos están acostumbrando. Entonces como artistas, no podemos competir con el espectáculo, porque no nos toma ni en cuenta. No sabe que existimos, por eso eliminaron el Ministerio de Cultura. Cuando te quitan un derecho dejas de existir, es simple. Pero claro, el espectáculo lo que hace es seguir tomando más y más espacios, y el espectáculo del gobierno es macabro. Si te fijas lo que pasó en Colombia el viernes, le hacen una pregunta a un chico y se pone eufórico y dice "fuera zurdos", "muerte a los zurdos", copiado de Argentina. Pero no hay ninguna discusión de qué es ser zurdo, no se habla de socialismo ni de comunismo. No hay salida, la salida va a ser muy terrible. Obviamente en algún momento esto va a explotar, porque va a llegar a un punto en que no van a lograr condensar lo que quieren y va a explotar y todo va a estar muy mal. Recuperarse de esto, es lo jodido.
Juan Benítez: Es tenaz, porque lo que dices del espectáculo, justamente lo están haciendo a partir del terror, de crearnos miedo. Destruyen el derecho que uno tiene de salir a la calle y no tener miedo, a sentirse libre. Espectáculos como el que se toman un canal de televisión, los secuestran ahí. Lo único que causa es miedo en la gente. Ya después lo reflexionas y te das cuenta de que esa mierda es una mentira total. Pero el primer impacto es el que te da miedo. Yo salgo de la casa y me doy cuenta de que siento miedo, que pasa una moto y ya estoy asustado. Eso es lo que están creando, un espectáculo pero en el género horror.
Pablo Roldán: El racismo, la homofobia, la transfobia, feminicidios... hay un montón. Yo tengo una hija, no sabes qué temor tengo por mi hija, es una cosa espantosa. ¿Cómo haces? Te quedas sin herramientas, no hay ya, para brindarle algo a ella. El racismo también: ganan un partido de fútbol, les aplauden; pierden y hay un odio que es brutal. Este es el nivel de bilis que tienen adentro, están enfermos. Por eso venimos nosotros a hacer arte, que es enano y no existe, y con arte no va a cambiar esto. Pero tenemos que hacer el intento. Hay que luchar. Si no, nos comen los sentidos, nos comen el cuerpo, te comen todo. No vamos a dejar que nos coman, jamás.