Neocolonización de América Latina: Cerimedo y la simulación del consenso
La reconquista del continente americano por parte de un imperialismo yanqui sionista recargado -pero en abierta decadencia-, se reconfigura casi semanalmente en la remontada militar de un imperio con los días contados. Entre cambios de gobierno en Colombia y Perú y la agudización de la política de asfixia en contra del pueblo de Cuba, la política de reconquista hemisférica impuesta por Trump, Rubio y el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre lo que consideran su patio trasero, adquiere dimensiones sin precedentes. La reciente captura del marketero político Fernando Cerimedo en Bolivia, devela otra dimensión de la estrategia político-ideológica de la ultraderecha en constituir un nuevo consenso en torno a regímenes autoritarios, como pieza central de la política neocolonial de EE.UU.
Tal parece que la lumpenburguesía entregista continental, al servicio incondicional de sus amos del Norte, se comprometió por medio del Escudo de Las Américas o su rebranding como la Coalición contra los Cárteles de Las Américas, a facilitar la recolonización de sus territorios, desde la Patagonia -con Malvinas incluidas- hasta Cuba, objetivo final del imperialismo yanqui por más de 6 décadas.
En medio del entramado comunicacional de crear nuevos espectros -Palestina, Venezuela, Antifa- y revivir antiguos -Cuba, la Guerra Fría, el Comunismo- la guerra cultural que la ultraderecha le declara a la humanidad, consiste en una manipulación masiva de la conciencia por medio de las redes sociales, para aplicar un verdadero lavado de cerebro que permita fundamentar nuevos regímenes totalitarios, con su expresión actual en el tecnofascismo.
Mientras cada semana se sancionan y bloquean un sinnúmero de agentes económicos estatales en Cuba -con la más reciente sanción al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos ICAP, por la organización del Coloquio Fidel y la ola global de solidaridad militante hacia la Isla Rebelde, el bloqueo total implementado por Rubio y CIA. provoca la retención de más de 7.000 contenedores con insumos fundamentales para la supervivencia del pueblo cubano. No cabe duda alguna de que Cuba y su revolución nadan a contracorriente del trend continental de sumisión absoluta e incondicional ante la remontada de un imperialismo que acaba de cumplir 250 años. EE.UU., ese supuesto “faro de la libertad”, siempre se sostuvo por la esclavización y colonización de América entera.
En el Nuevo Ecuador, en tan solo diez días se concreta una compleja infraestructura de sedición gradual de soberanía, misma que cimienta una ocupación militar abierta por parte de Estados Unidos. El 18 de agosto por acuerdo ministerial, se aprueba la entrada de militares yanquis sin necesidad de visa y con inmunidad judicial.
El flamante Presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, anuncia junto a Daniel Noboa un plan de desarrollar una base militar bilateral entre el Ecuador y Colombia en su frontera compartida, mientras el gobierno declara la intención de permitir la construcción de un centro regional de inteligencia del Escudo de Las Américas en territorio ecuatoriano.
Siguiendo la tendencia, el 25 de agosto la Asamblea Nacional aprueba el reglamento de fortalecimiento de la policía por medio de las Fuerzas Armadas, regularizando la militarización interna definitiva del territorio, sin necesidad alguna de declaración de ningún estado de excepción. Si El Salvador fue el experimento carcelario, el Nuevo Ecuador se incorporó como eslabón central de la reconquista militar del “América para los americanos” y del MAGA.
Casi de manera simultánea, el magnate inmobiliario con aspiracionismo napoleónico y mentor de los Milei, Bukele, Noboa, Paz, de la Espriella y tanto gusano latino con complejo de yanqui, Donald Trump publica la apropiación de 65 mil millones de barriles de crudo venezolano -22% del total de yacimientos-, asegurando el reabastecimiento de las reservas nacionales y agradeciendo el “generoso regalo del pueblo de Venezuela al de EE.UU.”
La nueva unidad continental enarbolada por el Corolario Trump o la Doctrina Donroe, y materializada por una estrategia de poder digital en al menos 12 procesos electorales, pasó a inaugurar una especie de Gran Colombia o Unasur de ultraderecha, un nuevo ministerio de las colonias de los EE.UU., bajo la tutela de la misma lumpenburguesía latina blanqueada instalada en la gusanera miamense.
En términos estructurales, la estrategia de recolonización del continente americano, como ya lo declaraba Marco Rubio en 2020, incluye y se constituye en invadir o provocar un genocidio en Cuba, por ser el único territorio libre de América. Ya en 1961, cuando se declara el carácter socialista de la Revolución Cubana, Fidel admite el cometimiento de un crimen para el imperialismo, “que hayamos hecho una Revolución socialista ahí en sus propias narices de Estados Unidos”.
El poder digital
En este contexto, la simulación del consenso parece reemplazar a la generación del consenso en cuanto revela en términos económico-políticos la incidencia de la virtualidad en la vida política de las naciones en el s. xxi, que implica también la verdadera relevancia del espacio virtual en el mundo de la vida cotidiana, que son en efecto las posibilidades materiales que tenemos como clase para poder continuar la vida. Que cada vez son menos.
La red de poder digital que Fernando Cerimedo, Javier Negre y Damián Merlo construyeron para la ultraderecha a nivel regional, ha sido decisiva en la dirección que han tomado en esta década los gobiernos de toda América. Esto nos ha llevado a otro momento histórico: la barbarie, el fascismo. Estamos atravesando un deterioro agresivo de condiciones de vida material y una destrucción absoluta de los sistemas democráticos globales. Estamos atravesando varios genocidios, siendo el de Palestina -énfasis en Gaza- y el perpetrado en contra la Cuba Socialista, los hechos políticos más determinantes en todo sentido, conjuntamente con la guerra en Irán.
El poder digital es una herramienta antipopular del más alto nivel. Seguro la favorita del fascismo sionista, que nos mostró un genocidio en vivo, y consensuó la impunidad como norma. La simulación del consenso en los espacios digitales construye una disposición simbólica y emocional que logra que las masas acepten el direccionamiento de la ultraderecha en su conciencia y accionar político. Es importante comprender la correlación de fuerzas. El fascismo y sus esbirros ejecutan esta guerra cultural con la tecnología más desarrollada que jamás haya existido en la historia: lo hacen con inteligencia artificial -la nueva arma de disuasión- según el manifiesto de Palantir de abril del presente año.
Esto implica que las grandes masas de explotados nos encontramos en absoluta vulnerabilidad frente a la maquinaria comunicacional del imperialismo yanqui sionista. Uno de los fenómenos que logran crear: el pobre de derecha que vota en contra de sus propios intereses, es individualista y acepta la destrucción de cualquier posibilidad de libertad a cambio de un orden, una seguridad que nunca llega. El terror es el elemento fundamental.
Esta vulnerabilidad se suma a todo el resto de condiciones que hacen para las inmensas mayorías una gesta épica la maratón diaria para sostener la vida. En territorios la expulsión de tierras aumenta. El caso de las comunidades de Tzawata Illa Chukapi frente al acoso de la empresa Terraturismo, que les quemó las tierras a los campesinos hace menos de 15 días, es un ejemplo. Otro ejemplo son los barrios, donde la gente está dejando de comer, o los pacientes renales muriéndose, el homicidio como primera causa de muerte infantil y adolescente, las mujeres desapareciendo, que ya sube el pasaje, y tantas más.
Así funciona la guerra cognitiva, que tiene como objetivo principal la eliminación sistemática del pensamiento crítico, pero no solo eso, también logra generar desconfianza generalizada, modifica comportamientos políticos y estabiliza o desestabiliza a voluntad. Esto se da en el marco de neocolonización de América Latina por parte de los Estados Unidos y el estado de “israel”, y fue anunciado como plan estratégico con la Doctrina Donroe en noviembre de 2025, y con la fundación del Escudo de las Américas de marzo de 2026, y ahora con el informe sobre Cuba como capital del comunismo del s.xxi del 20 de julio.
Este plan que sobre todo implica el control de recursos energéticos para la continuación de la producción yanqui frente al coloso chino, significa la esclavitud de los pueblos y los territorios de Nuestramerica. La palestinización de América Latina, empezando por Cuba es una realidad. Para la voracidad del capitalismo en su fase superior, el imperialismo –y en su versión fascista- la vida y la dignidad no significan absolutamente nada. El capitalismo es un sistema viciado y repugnante, eso lo sabemos todos. Los billonarios deben asegurarse las 5 naturalezas baratas: energía barata, materia prima barata, mano de obra barata, data barata y alimentos baratos. Aquí hay un proceso de reconquista.
Escándalos mediáticos como el Honduras Gate parte 1 demuestran el plan de transformar a Honduras en una base política, económica y militar de EE.UU. e “israel”, para el control y gestión de toda América Latina. En el Honduras Gate parte 2 se señala la importancia del poder digital para el control de la región. Siendo el ente sionista el principal director y financista de estas conspiraciones neocoloniales en toda Nuestramérica. En el caso de Ecuador, parece que seguiremos siendo la base militar del patio trasero.
Frente al descomunal e incalculable poder digital que se encuentran en capacidad de construir los tecnofascistas en el poder, quedar en la pura denuncia no basta. Más nos vale volver a la clase, volver a las calles, plazas y barrios. Ser Fidelistas hoy, ser comunistas hoy, implica reconstruir ese tejido y movilización popular, que se destruyen frente a los espacios virtuales. Necesitamos con urgencia reconocer que nuestro principal interés colectivo es en efecto, el antifascismo militante.
¡VENCEREMOS!