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La historia no nos absolverá

avergardo
Lunes 22 de Junio de 2026

Como hemos venido advirtiendo desde octubre 2023, el modelo político a instituir en América Latina se funda en el despliegue absoluto del aparataje militar sobre Gaza, que configuró un genocidio que se diseñó sobre la marcha, en medida de qué programa de IA o avance en robótica se iba ensayando sobre el pueblo palestino. Las nuevas armas de disuasión -que ahora mismo se proponen como el reemplazo al armamento termonuclear- entraron en plena operación durante este genocidio. Se ensayaron en Palestina y pronto se diseminaron por el mundo. “Primero en Gaza y luego en tu casa” cumplió su promesa como premonición: ahora los ojos de Palantir, el sionismo y el imperialismo yanqui se posan en su totalidad sobre América Latina, donde empezó ya el nuevo proceso de colonización que ahora mismo nos tiene la bota militar sobre el cogote. 

El muy probable regreso del paramilitarismo al centro del poder político en Colombia de la mano de la Espriella, se orquestó desde Washington, desde Honduras y Ecuador, y se ejecutó por medio de una elección que amenazó desde el principio con restituir el poder a quienes han cometido por décadas genocidio político. La vía electoral una vez más demuestra la trampa que la constituye: la injerencia no es extraordinaria, sino más bien la norma. ¿O es que la democracia liberal de repente dejó de representar los intereses del Estado? Estado comprendido como forma de organización política de la sociedad de clases-

Más allá de intentos fallidos de expresiones políticas que demuestran sus desviaciones ideológicas precisamente en la forma, la disputa electoral del Estado nunca ha sido una vía posible para los pueblos del sur. Para los que permanecemos colonizados, para quienes seguimos siendo primero exportadores endeudados ultra dependientes y pobres re pobres de plata, pero eso sí, bien ricos en todo lo demás. En principio porque ganar las elecciones no basta para tener el poder y peor para ejercerlo. Lo que los pueblos han logrado hacer por medio de la socialdemocracia en su versión progresista en América Latina ha sido poner presidentes y parlamentarios, pero no disputar el poder a la oligarquía nacional ni de la burguesía transnacional. 

Sin embargo, esta limitación de los pueblos en el juego electoral se agrava dramáticamente en contexto de Estados transmutando hacia el fascismo, como viene sucediendo de todo Occidente y sus colonias desde al menos el 2020 -con excepción del Estado sionista de “israel”, que siempre ha adoptado una forma fascista-. Forma que precisamente funge de modelo para su globalización-. Ahora en 2023-2026 las elecciones se vuelven un instrumento para el sometimiento absoluto de los pueblos y un arma discursiva eficaz para la imposición de una narrativa política fascista: ejercen totalitarismo criminal, mientras se llenan la boca de democracia y libertad.

En Ecuador la vía electoral ya se ha demostrado obsoleta: el Sí al Yasuní permanece como adorno, conjuntamente con la consulta del 4 veces NO de 2025. Caso omiso a la voluntad popular. En Chile después de dos años de revuelta popular, en las urnas no pasó la nueva constitución, se prefirió la redacción de la dictadura. Por vía electoral llegaron Milei, Noboa, Kast, Paz y Fujimori (X2) al poder. En las urnas se traicionó también el proceso de paz en Colombia. No es estupidez ni masoquismo que lxs trabajadorxs empujen en contra de sus intereses de clase, es hegemonía. No es legal alterar los sistemas cyberneticos de control electoral, pero hay impunidad. No es moral hacer injerencia política, mediática y financiera, pero a quién le importa.   

Lo que tiene planeado el imperialismo y el sionismo para el pueblo y la izquierda colombiana advierte con otro genocidio político. Pero no es de sorprenderse, se convertiría en otro de los genocidios impuestos por el tecnofascismo sionista, conjuntamente con el genocidio contra el pueblo cubano que ahora mismo recrudece, y le genocidio contra el pueblo palestino.Y que quede claro: no se quedará en Colombia, se disemina por toda América Latina. 

En términos estratégicos, la refundación del “América para los americanos” o Doctrina Monroe -actualmente Donroe- se termina de constituir el 7 de marzo del 2026 en la gusanera de la Florida, con la inauguración del pacto continental del Escudo de las Américas. Con una anunciada ocupación militar de Colombia de confirmarse la victoria del segundo presidente sudamericano con ciudadanía yanqui -después de Daniel Noboa-, la región entera se encontraría bajo el escudo neocolonial de EE.UU., excepto por Brasil, cuyo presidente actual admite que “nunca fue de izquierda”.

Por su parte, Noboa renovó el reconocimiento de un Conflicto Armado Interno el pasado 18 de junio por medio del Decreto Ejecutivo 424, legitimando efectivamente el paramilitarismo desde el Estado. Así, las ya existentes fuerzas paramilitares de la clase capitalista, gozarán de impunidad absoluta en la limpieza social e ideológica que nos depara. En contexto de conflictos de territorio en zonas mineras, los aparatos paramilitares vinculados al crimen organizado y las corporaciones privadas, que ya operan aterrorizando a poblaciones enteras, van a salir bien libradas de cualquier crimen. Mientras Abelardo De la Espriella posiciona el discurso del “orgullo paraco” en su campaña presidencial en Colombia y triunfa preliminarmente, Daniel Noboa convoca a fuerzas narcoterroristas paramilitares desde el reconocimiento estatal oficial. Una política de Estado sin precedentes en la historia del continente.

A esto se le suma la injerencia directa por medio de la manipulación político-ideológica en comunicación, develada por medio del Hondurasgate. El narco confeso y ex presidente de Honduras, Orlando Hernández, condenado por traficar más de 400 toneladas de talco hacia Estados Unidos- recibió el indulto presidencial de Trump en noviembre de 2025, con la misión expresa de confabular un escenario de desinformación y e injerencia política en la región. Comandado por el propio Netanyahu, la interferencia se amplió al campo ideológico, una vez más con el anticomunismo como punta de lanza. En términos estructurales, Honduras se encuentra estrechamente ligado al establecimiento del tecnofascismo, siendo la isla Próspera un enclave extrajudicial para los magnates de la IA -al estilo de la isla Epstein- desde el cual se exporta inteligencia israelí.

En este contexto de absoluta permeabilidad de los Estados al crimen organizado y con la tecnocracia de Silicon Valley al mando, el tecnofascismo se cristaliza. El sometimiento de los pueblos del Abya Yala constituye un daño colateral del objetivo primordial del imperialismo yanqui: apropiarse de la totalidad de la naturaleza del continente. Desde tierras raras y agua, hasta mano de obra barata y data, el proyecto de tecno coloniazación cada vez concreta más su forma en Latinoamérica, y la vía electoral es parte del recetario. La pregunta que cabe en este contexto, necesariamente interpela a la organización para la recolección de firmas para el proceso de revocatoria en Ecuador. ¿Es en esto que la organización popular y la sociedad civil debe gastar sus pocas fuerzas? ¿Para qué? Y más importante ¿para quién? Porque definitivamente para el acumulado de fuerzas de la clase trabajadora, aún no sabemos si llegará a ser. 

Frente a la fuerza despiadada a la que nos enfrentamos, no necesitamos ganar elecciones, sino construir contra poder. Es necesario construir un sentido común clasista, marcar distancias con cualquier lógica que pretenda conciliar semejantes verdugos sanguinarios con la gente de a pie, y sobre todo reconocer la necesidad de construir un programa popular plurinacional. ¿Qué le vamos a proponer a la gente como alternativa? Es necesario fundar una nueva identidad política, basada en un pacto nacional para la construcción colectiva de una voluntad de hacer política en las organizaciones y una voluntad de transformación en las masas. Esto que esta pasando, no es normal. Es fascismo. Es hora del Frente Único, del bloque histórico, que en acuerdo mínimo logre llevar a cabo acciones unitarias. 

En términos políticos, el continente se encuentra asistiendo a una reconfiguración histórica de la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora y la clase capitalista. Ante la inminente e inevitable crisis terminal del capitalismo –auto inducida en últimos términos por su propia lógica estructural-, el capitalismo vuelve a revivir al fascismo como su último salvavidas. Cuando las condiciones objetivas y materiales para una superación categórica del sistema se encuentran dadas desde hace décadas, la batalla se traslada hacia las condiciones subjetivas, hacia el frente ideológico y en últimos términos hacia la batalla cultural -como bien lo entiende la ultra derecha en su relectura de Gramsci-. ¿Nos encontraremos a la altura o terminaremos siendo nuevamente nada más que colonias? 

La historia no nos absolverá.

 

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