La legitimidad del sujeto del feminismo desde lo trans

Transfeminismo

Desde la misma posición uno sabe, ignora. Todo conocimiento está situado, es decir, es parcial; todos tartamudearnos buscando las palabras, aun cuando hablemos fluidamente.

 Rosi Braidotti

Como ejercicio feminista de reconocimiento de condicionamientos y privilegios, me sitúo. Para este artículo, me posiciono desde la fascinación a la metamorfosis trans y el profundo respeto que tengo a estos cuerpos transgresores. Así como desde el debate a las comprensiones normativas establecidas sobre el sujeto del feminismo, que además de ser limitantes, han incluido muy periféricamente las identidades transfemeninas y su importancia en el multiverso social.

Parto desde la crítica a la relación unidireccional entre sexo y género que imponen las sociedades heteronormadas, basándose en una lógica binaria de opuestos.  Esta limitación es coercitiva y reguladora, y responde a una lógica normativa que excluye a cuerpos distintos y sexualidades diversas.Si se refuta el carácter invariable del sexo, quizás esta construcción denominada «sexo» esté tan culturalmente construida como el género; de hecho, quizá siempre fue género, con el resultado de que la distinción entre sexo y género no existe como tal” (Butler 2007, 54).

En este mismo sentido la construcción del género no puede partir desde ésta lógica binaria sin convertirse en destino determinista. Partiendo de esta reflexión, la reproducción de roles y estéticas de género, bajo parámetros específicos, aceptables y agradables a la heteronorma, como formas únicas de expresión, forman  parte de un ejercicio regulador que limita al género a la norma de binarios opuestos y heterosexuales.  

La función de la norma es el control sobre los cuerpos de los sujetos y este control permite que ciertos regímenes se mantengan y las lógicas de producción se perpetúen, en la modernidad capitalista. Este fin productivo debe garantizar, o permitir controlar a partir del ejercicio de ciertas formas de violencia, un comportamiento adecuado para la mantención de valores realzados por el capitalismo: la familia nuclear, la división de los espacios público-privado y el trabajo asalariado. Estos valores a su vez perpetúan las lógicas de poder, desde la reproducción, el comportamiento sexual adecuado, monógamo y heterosexual, hasta las lógicas de explotación laboral.

El ejercicio de violencia que  imponen los roles binarios a los  sujetos a partir de verdades biológicas, variará junto con los conceptos acerca de la masculinidad y feminidad, en época y cultura. Este discurso genital binario del género, ejerce una suerte de regulador, no solo de los cuerpos, sino también de las expresiones emocionales y sexuales de los sujetos sociales, coartando su libre expresión y el mismo empoderamiento de su corporalidad. 

Las normativas del cuerpo hacen que el reconocimiento del sujeto transgénero sea difícil de validar para la interacción. Por lo que la exclusión hacia estos cuerpos que sobrepasan el binario estructural, no es percibida como negativa, sino más bien como lógica y necesaria. Bajo esta lógica normativa, las identidades transgénero fluctúan en un campo marginal, en donde perciben cierto nivel de aceptación, pero el reconocimiento es prácticamente inexistente.

Transgénero es un término utilizado para describir las diferentes variantes de la identidad de género, cuyo común denominador es la no conformidad entre el sexo biológico de la persona y la identidad de género que ha sido tradicionalmente asignada a este. Es  la ruptura de la normativa social cuando la reapropiación del  cuerpo es ejercida. La inestabilidad que se genera a partir de este simple acción sublime, denota la fragilidad del orden impuesto a la fuerza por la heteronormatividad. Esta apropiación del cuerpo siempre es vista como subversiva y condicionada a la disciplina.

Las identidades de los sujetos transfemeninos articulan  el desafío a lo heteronormativo y  los binarios opuestos. La idea de desafiar a las normas corporales del género, sea o no sea de manera consciente o direccionada a la acción política; representa una importante acción de posicionamiento (Haraway 1995). En este sentido, el posicionamiento de las trans como desafiantes de las normatividades hétero-binarias,  se posiciona como un desafío al no solo a los roles de género concebidos históricamente para la subyugación en un sistema de jerarquías sexuales; sino también desde las concepciones esencialistas que el feminismo ha planteado sobre el sujeto del feminismo como mujer universal.

Continuando con la línea de trabajo de Haraway, desde las perspectivas parciales se puede lograr un tipo de objetividad que se responsabilice por la construcción de mundos incluyentes. Parte de la construcción de estos mundos incluyentes radica en la deconstrucción de las normas que dictan y coartan el comportamiento de todos los sujetos. En este sentido, el cuerpo de los sujetos trans es un gran terreno de resistencia.

El sujeto transgénero ejerce una identidad que transgrede las limitaciones impuestas por la sociedad y la cultura  a los roles y estéticas tanto de lo masculino como de lo femenino.  Las expresiones corporales transfemeninas desafían las normatividades sociales en el momento en que el sujeto masculino renuncia al ejercicio hegemónico de poder masculino, que juega un papel dominante en la sociedad, y decide transformarse en un sujeto femenino, que en el sistema de jerarquías sexuales, tiende a posicionarse en desventaja.

En este sentido cualquier expresión que transgreda la norma será consciente o inconscientemente  invisibilizada, silenciada y ridiculizada en el ejercicio de su libre expresión. El discurso de la héteronorma ejerce un poder hegemónico sobre lo trans, a manera  de  discriminación. Bajo esta misma lógica, la permanencia de discursos transfóbicos en las filas de los movimientos feministas es una reificación de la héteronorma que nos ha subyugado sistemáticamente desde acumulación primitiva y esporádicamente desde los patriarcados anteriores a la modernidad.

Para continuar con la discusión, quisiera re-significar la famosa frase de Beauvoir: “No se nace mujer, llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana” (Beauvoir 1949). En el contexto de la legitimidad del sujeto del feminismo, esta frase grafica muy certeramente lo que he llegado a comprender como sujeto transfemenino. Desde esta perspectiva, la feminidad ejercida por trans es tan legítima como cualquier otra, y al mismo tiempo un desafío a la masculinidad hegemónica, la feminidad hegemónica y a la lógica de binarios opuestos. En igualdad de condiciones que las feministas negras, chicanas o materialistas, los sujetos transgéneros, también pueden ser sujetos del feminismo.

Entender al cuerpo como en estado de permanente movimiento, y no como una figura estática terminada, permite que la conceptualización del género tome una forma más cercana a la realidad. Esta percepción de movimiento es la que logra superar la norma limitante. Desde la propuesta de sujetos nómades de Braidotti (2000), que parten de subjetividades alternativas, los ejercicios transgéneros son figuraciones feministas dentro de un universo normalizador.

La capacidad de movimiento y transformación que tienen las categorías de sexo, género, mujer y cuerpo son importantes de rescatar. Este movimiento tiene la fuerza de romper con esa normatividad que aprisiona y excluye a una multiplicidad de sujetos. El carácter político del posicionamiento es invaluable. En este sentido, la transgresión de los sujetos transfemeninos puede re-significar al género y en ese proceso se renueva la posibilidad de vida de cientos de sujetos que han sido violentados desde siempre, y que han fluctuado los márgenes de la exclusión y la marginalidad.

En este contexto, la condición nómade de los sujetos transgéneros permite una subversión anti-normativa que les da una característica de resistencia indómita. La legitimidad irrefutable de las compañeras trans cómo sujetos del feminismo y la necesidad de reconocer las diferencias como sujetos y convertir esas diferencias en fortalezas y que éstas se conviertan en la oportunidad de abarcar más espacios, me lleva a concluir que el único camino que podría posibilitarnos cambios generativos y  libertarios, parte de politizar la empatía y dejar que ésta nos movilice.

 

Bibliografía.

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