De la Derecha Alternativa y los “nuevos” fascismos

El fascismo avanza en América
Miércoles 11 de Noviembre de 2018

En la actualidad, el mundo se encuentra ante el auge de una nueva ola fascista, impulsado por las “nuevas” derechas nacionalistas, las cuales toman el descontento de la clase trabajadora y media, instrumentalizando a lxs migrantes y refugiadxs como sus chivos expiatorios predilectos. En E.E.U.U. se constata que la ultra-derecha se encuentra ante un “momento histórico”, como lo afirma Steve Bannon, estratega principal de la campaña de Trump.

La “nueva” derecha está en proceso de preparar una arremetida contra las fuerzas que denominan como “globalistas, marxistas, posmodernas, liberales” y cualquiera que no encajen en su fracturada visión de nacionalismo y pueblo. Sin embargo, estos movimientos fascistas poco tienen de nuevo, ya que emplean la misma línea discursiva para dividir y satanizar a grupos con los cuales no comulgan y de los cuales pueden sacar capital político, estrategia utilizada a principios del siglo pasado, con el primer auge del fascismo.

Ciertamente, existe un elemento clave, el cual podría parecer un denominador común entre el resurgir de tales fuerzas: la manera como se construye a el/la otra/otro. En el advenimiento de la crisis humanitaria en Oriente Medio y el Norte de África, por la cual se responsabiliza directamente a Occidente, en Europa ha producido que se alcen voces contra la “islamización de la patria”.

Lxs refugiadxs sirixs, eritrexs, sudanesxs, libixs, etc., fueron y son las/os perfectas/os chivos expiatorios para la derecha fascista en ese continente. Ellxs “quitan plazas de trabajo y al mismo tiempo se lucran del Estado del “bienestar”; son quienes venden estupefacientes en los parques para una clientela local, son el supuesto foco de la violencia callejera al mismo tiempo que sus mayores víctimas, y además, su llegada provoca la pérdida de la “cultura” occidental y al mismo tiempo representa una amenaza contra ella”, ya que se la observa desde lejos antes que integrarla, satanizándola y relegándola a un margen “extremista” en la sociedad.

Tal estrategia de representrar al/la otra/o pertenece a una lógica ya utilizada en el pasado por Mussolini, Hitler y Franco. Y en la actualidad, este discurso de odio disuelve fronteras geográficas para volver a retumbar también en tierras americanas. Jair Bolsonaro se sentiría orgulloso de ser nombrado junto con las tres aberraciones antes mencionadas, y comparte con ellos el mismo discurso demonizador .. Con la pequeña diferencia de que su y nuestra/o otra/o es construida/o como Venezuela, Cuba, Haiti, etc.

Desde Víctor Órban en Hungría, pasando por el gobierno fascistoide italiano liderado por Giuseppe Conte o Marine LePen al frente del Frente Nacional francés, al partido ultra-derechista neerlandés PVV, liderado por Geert Wilders, o la “Alternativa para Alemania”, la ultra-derecha ha comprendido que la unión hace la fuerza.

Compo prueba de su articulación, las fuerzas políticas antes nombradas, se darán cita en Bruselas, el próximo 6 de noviembre, en un evento convocado por el mismo Bannon, en el cual se inaugurará la estrategia trans-continental de los (nuevos) fascismos, los cuales se agruparán en una organización denominada “El Movimiento”. De esta manera pretenden alcanzar un tercio del voto europeo en las próximas elecciones al parlamento en marzo del 2019, para ubicarse como tercera fuerza política en Europa, junto con la centro-derecha y los social-demócratas. De tal forma, crean un frente unido ante una izquierda dividida y en retirada en muchos países. Así, resulta plausible entender el argumento que del auge del fascismo, como ya lo fue en el pasado, es responsable en primera línea la izquierda.

Es posible observar una tendencia común en torno a la temática ligada a emergencias humanitarias recientes en el mundo y las olas migratorias que de ellas emanan. Ciertamente, en tales procesos se constata el resurgir de discursos ultra-nacionalistas de división de grupos por parte de las sociedades receptoras. Parafraseando a Berthold Brecht, el fascismo no es más que una consecuencia directa del capitalismo, ya que combina el egoísmo extremo de la propiedad privada con las fronteras ficticias impuestas por el Estado-nación burgués. 

Detrás de una campaña de miedo, coauspiciada por los medios tradicionales y no-tradiconales, se encuentra siempre la detallada instumentalización de toda persona en condiciones marginales, generalmente el/la migrante. Estas personas, del cual las sociedades “receptoras” se aprovechan, por su estatus, por su condición de desplazamiento forzado, por sus necesidades, por el hecho de ser el/la otra/o, llegan a sobrerrepresentar el conjunto de todas las problemáticas inmediatas de una sociedad, al mismo tiempo que son el/la [email protected] [email protected] [email protected] por las elites económicas.

El/La otra/o pasa a ser justificación frente a sus propias complicaciones para cualquier gobierno con una coyuntura “desfavorable”, el cual revirtiendo la atención de los problemas reales hacia los fabricados, consigue impulsar reformas neoliberales a costa de la gran mayoría de la población. La victoria electoral del fascista Bolsonaro en Brasil representa la apertura de un nuevo frente ideológico en la región, el cual seguirá acentuándose con el tiempo.

No es necesario ir muy lejos para pensar un frente de derecha en Ecuador, liderado por el discípulo de Febres Cordero, Jaime Nebot, el cual instrumentaliza la emergencia humanitaria en Venezuela y la resultante ola migratoria para aplicar el mismo discurso que Bolsonaro en Brasil y formar el próximo gobierno en 2021. Cuando las crisis del capitalismo se acrecentan, tienden a desenlazar fuerzas y proyectos  de naturaleza fascistas, como ya lo demuestra la historia.

Parecería que nos encontramos ante una de estas “fracturas internas” del capitalismo, las cuales permiten la permeabilidad de lógicas ultra-nacionalistas al poder. La pugna por el campo hegemónico de poder, el centro último de la respresentación, se encuentra redefiniéndose.  Al fascismo le hace falta una respuesta unificada, un proyecto anti-fascista que forme el centro de encuentro de todos los proyectos contra-hegemónicos, de izquierda, progresistas y revolucionarios del continente y del mundo para enfrentar a este gran peligro para la humanidad. Nuestra será la culpa si la historia se repite.

 

No pasarán!

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