Las cárceles de Ecuador son centros de exterminio IV
Esta cuarta entrega de la serie de entrevistas realizadas a Tiffany –Estefanía Garzón-, vocera de la Organización de Familiares de Personas Privadas de Libertad, coincide con la publicación del informe periodístico “Encerrados para morir” publicado en La Barra Espaciadora, de Karol Noroña y el equipo de investigación de Tierra de nadie y Connectas, que revela una realidad que ha trasformado a la sociedad entera a nivel nacional.
1220 presos muertos en el 2025. Eso da un equivalente a 1 preso muerto cada 7 horas. 85 muertes confirmadas entre marzo y abril de 2026. Las muertes carcelarias se dispararon por cuatro desde la declaración del Conflicto Armado Interno el pasado 9 de enero de 2023, montaje legal que le ha permitido a Daniel Noboa militarizar no solo las calles, sino también las cárceles, empeorando una situación ya desgarradora. No es que la violencia y el tráfico en los centros de reclusión del país ha disminuido, lo que sucede es que ahora se muere más de hambre, de tuberculosis o de la tortura ejercida por las FF.AA., que por masacres carcelarias.
Las cárceles de este país son centros de exterminio, no existe la menor duda. Como concluye Noroña en su informe: “Es la humanidad que —dentro de los muros— sobrevive como puede; y que, afuera, el Estado ecuatoriano les sigue negando”. Y también es la organización y amor de las familias de las PPL, de las mujeres que sostienen la poca vida, que adentro tienen sus seres queridos.
Si las entrevistas anteriores muestran el funcionamiento del sistema carcelario, esta se detiene en sus efectos sobre quienes resisten contra él. El foco está en el desgaste emocional, físico y económico de las familias -principalmente en mujeres- que sostienen la organización. A través de la experiencia de la entrevistada, se evidencian las secuelas de la militancia en un contexto de violencia constante, y muestra una verdad irrefutable: el sistema carcelario no solo afecta a quienes están dentro, sino que extiende su impacto sobre la sociedad entera.
El costo de la lucha
GRU: ¿Cuál es el costo de la lucha?
EG: Esto lo sostenemos más mujeres que varones. Es devastador.
Yo sostuve la organización y me quedaron secuelas: me olvido cosas, no puedo dormir, cargo culpas. Y no es solo lo que pasa afuera o en las cárceles. También es la cabeza. Te metes a redes y lees gente diciendo “ojalá se mueran”, “bien hecho”. Entonces tú no descansas ni ahí. Es como estar peleando todo el tiempo. Me tomé dos meses de descanso, pero volví porque otra vez están empezando los casos graves.
GRU: ¿Cuándo pasó eso?
EG: Esto enero, febrero, marzo, abril del año pasado, 2024
Un día sale la directora y nos dice, saben qué, ya no va a haber comida porque la factoría ya no les quiere dar porque no les pagan. Aparte de que les están sacando la mierda, les están golpeando, no van a poder comer. Qué privado de libertad va a aguantar con lo poco que ya les dan, y ya sabíamos que se iba a poner peor.
Tenían suspendido el economato en esa época. Nosotros mandábamos oficios y pedíamos y pedíamos y pedíamos, y no obtuvimos respuesta.
Entonces nos juntamos con otras compas -unas siguen, otras ya no están- en esa época cogimos la batuta, vamos a recoger comida dijimos. Una compañera decía, yo soy de Quevedo, tengo 100 cabezas de verde pero están acá, cómo hacemos. Entonces dijimos, pongamos el cuerpo.
Empezamos a poner el cuerpo hasta que después ganamos una acción, no recuerdo si fue acción de protección o habeas corpus, donde el gobierno tenía que hacerse cargo y solucionar la comida en todas las cárceles en cierto tiempo. Pero nosotros estuvimos más o menos dos meses sosteniendo.
Imagínate, botadas de las casas, pagando agua, luz, arriendo, con los niños, enfermas. Todo eso salía de nosotras, de lo poco que teníamos. A veces era escoger entre comer o mandar algo. Entonces no solo es la lucha, es sostenerla con el cuerpo y con el bolsillo.
Y aparte de eso, no vivíamos, apenas dormíamos. La desesperación te vuelve detective. Yo estaba con unas compas -que ya no están- y mi mami, que nunca me ha soltado. Me avisaban, están sacando en un patrullero tres bolsas blancas. Entonces viajaba de inmediato. Yo entraba.
Yo era reportera y familiar de todos. No es lo mismo una madre de 70 años o una señora de 50 ir a buscar a su hijo tal vez muerto, que alguien que entra con esa convicción a buscar la verdad.
Nos dábamos mañas para entrar. Mi mamá esperaba afuera y yo me metía. Le decía al guardia, “usted también tiene hijos, mañana puede pasarle algo”. Así comprábamos conciencias.
A veces nos avisaban, ya no viajes, están ocho muertos en Latacunga. Gracias a lo que hacíamos empezamos a entender algo más grave. Cuando tú caes preso, caes con nombre, número de cédula y proceso. Pero si hay una emergencia tú pones un número de contacto, y el SNAI decía que no, que ellos ponen cualquier número. Nosotros decíamos claro que ponemos número, porque sabemos que nos pueden matar adentro.
Empezamos a saber que los estaban botando en fosas comunes con números. Del 1 al 20. No eran capaces de poner el nombre. Solo un número.
Como se daban cuenta de que estábamos ahí “atrás, atrás, atrás”, es que empezaron a dejar los cuerpos en la madrugada. Teníamos un amiguito que vivía por ahí, él tomaba fotos de lo que ingresaba para que yo al día siguiente pudiera decir, aquí hay ocho muertos, respóndame por estos. La policía lo cogió y le dio una madriza brutal. Nos llamó diciendo que de milagro estaba vivo, que sí entraron siete muertos y ya.
Después de esa paliza ya no podíamos pedirle que siga ayudando.
Y en esto me llama esta señora, me acuerdo una compa que desapareció de la faz de la tierra, ahí ayudamos con un escrito y con el economato y le dejamos el kit de aseo a PPL. A la semana me llama y me dice así: “Tiffany, me mataron a mi hijo”. Ese ratito viajo a Latacunga, resulta que al muchacho ya lo habían matado hace un mes y medio y no pudimos recuperar el cuerpo porque estaba en una fosa común.
Entonces, después de eso la compa desapareció. Era una de las compas que yo le decía, compa, vamos mañana al SNAI –vamos me decía-; vamos compa a Defensoría, -vamos-. Era una de las compas que se desvivía por su hijo, por sus nietos. Entonces, después de eso el marido me dijo compa, le agradecemos un mundo todo lo que hizo, las fuerzas que usted tiene, pero no queremos saber más nada, nos queremos ir del país. Entonces hasta ahora no he vuelto a saber de ella. Y así se va rompiendo todo. Hay gente que ya no puede más, que se va, que desaparece. Y tú te quedas con menos gente y con más carga.
Imagínate entonces cuántos casos no pasaron así. Yo logré obtener más o menos unos 30, no me acuerdo el listado original de los privados de libertad que nosotros sabíamos. Imagínate cuántos en realidad no están en esa fosa. Porque incluso había el caso de un privado de libertad racializado. Porque yo he dicho, mucha gente de la que está presa es racializada, pobres todos, tú no ves gente presa de corbata. Ahí hay gente negra, ahí hay gente de sectores populares.
GRU: ¿Quién tiene trabajo en el país? Nadie tiene trabajo en el país
EG: Entonces imagínate, sales, yo por eso decía, salí presa y aparte de eso no tengo trabajo. Tú sales, muchas veces cuando uno sale privado de su libertad y ya sale, te botan en Latacunga. ¿Y si eres de Quevedo, cómo diablos te vas? ¿Y si eres de Quito, cómo regresas? ¿Y si no tienes familia? Y es más, no pudiste avisar a tu familia ¿qué haces? Y aparte de eso, mira, por ejemplo, en el caso de mujeres, nosotras a la final somos las que nos quedamos con los hijos. Y cuando tú te vas presa, se llevan a la Dinapen, sales sin casa, sales sin familia, sales sin tus hijos y sales encima más debiéndole al Estado. Aparte de eso, porque ya pagas tres años, supongamos, y tienes que pagar ocho salarios básicos. ¿De dónde? Encima siendo un exprivado de libertad no te dan trabajo, tienes el récord mal. Yo te digo, yo sí estuve presa porque le saqué la mierda a uno y me pusieron mi celular que me habían robado, en mi mundo cachinería.
GRU: Ganar la alimentación también fue una victoria que viene de la organización.
EG: De las familias, sí. Para nosotros fue muy importante, pero era eso, verás, era como que toma, pero jode antes, toma. Entonces, nos pegaban bien duro, no podías tú pagar el mismo día, te estaban llamando, es que esto pasó, no te dejaban vivir, era una manera de que te desgastes y te canses y no jodas, se canse la gente y ya no pueda salir a joder a la burguesía.
Entonces llegamos a esto y entonces yo empecé a ayudar a las compas, como ya estábamos respirando como organización, así como que ya no había que correr por la comida ni por el agua. Ahí empezamos a ayudar a las familias, nos centramos mucho en estas muertes. Venimos a hacer la investigación y nos damos cuenta que las personas que venían muriendo no eran blancas, era gente morenita, era gente afro, era gente negra. Y averiguábamos de dónde era, de San Lorenzo, de Esmeraldas, de pueblitos. Entonces nosotros decíamos, si hay gente blanca también en las cárceles, pero no se la veía casi, exagerando cinco, pero lo demás eran gente negra.
Desde ese entonces, yo me tomaba la molestia de ir y ayudar, me paraba así y le mandaba a mi mamá. Mi mamá es una mujer de carácter, si yo tengo el carácter forjado así bien duro, mi mamá es una piedra. Entonces nunca me olvido la cara de ella, un día llega completamente descompensada. Yo le pregunto, ¿qué pasó?, ¿qué pasó?. Entonces solo me abraza, diciendo: mi hija, le vi al chico como un niño de África. Imagínate la impresión de mi mamá, porque nosotros ya veníamos viendo un montón de cadáveres. Entonces imagínate cuán grave estaba el chico para ella descompensarse, cuando ya veníamos viendo gente muerta por montón.
No sé a quién culpar. No sé si en realidad fue alguien que los mató por robarles. No sé si fue el Estado para callarme a mí. En ese lapso de junio, julio, cuando te digo que ya como que soltamos, yo tenía que ir a ayudar a una familia de San Lorenzo, a ayudarle con el trámite para agilizar que les devuelvan el cadáver de su privado de libertad y también para que nos colaboren tomando fotografías, tapando los rostros. Entonces yo tenía que viajar esa noche. Me llama a las dos de la mañana y me dice Tiff, le mataron a tu primo.
Yo soy hija única, pero con la familia de mi padrastro me crié y los quiero como familia. Gente derecha, con trabajos, todo bien. Llegaban de un evento a las dos de la mañana y les balean, les roban, pero ellos dándoles todo. Entonces ahí tú te pones a pensar en qué tal si es maldad, es mi culpa tal vez por hacer esto, te pones a pensar mil cosas. Y ahí ya no sabes si es coincidencia o si tiene que ver con lo que haces. Empiezas a vivir con miedo, pero no puedes parar.
Llegó la oleada de la Marta Bucarám, hubo un muerto en una barbería, después dos muertos más arriba en esa época. Fallece mi tío y mi primo, fallecen los dos, se salva mi tía y la novia de mi primo. Entonces ya venía golpeada, pero sin embargo las familiares me decían: nada, sigamos jodiendo, mañana puedo ser yo, me gustaría que estén acompañando a mi mamá. Entonces vienes a coger ese amor, esa convicción de luchar.
Me limpié los ojos, enterré a mi primo y a los dos días puse fuerzas y a seguir trabajando, a seguir molestando, a seguir mandándoles al SNAI. Después de eso hay una pequeña junta donde venía el Ministerio de Salud y el SNAI y me acuerdo que me dicen que solo es así la situación, por teléfono. Y vos diciéndole chucha, la gente se está muriendo.
Yo soy bien educada, pero cuando ya se te sale el barrio, se te sale la dureza. Tú en tu trabajo estás ganando un sueldo ahí, yo no puedo ni dormir porque tengo gente que está muriendo, está con hambre. Entonces me acuerdo que me dice la funcionaria del SNAI: no, qué le pasa, usted está equivocada, en este tiempo no ha habido ningún muerto, usted está mal.
GRU: Yo me acuerdo igual en el 2024...
EG: Todavía, porque de estas mesas iban a salir mesas pequeñas por haber reclamado, diciendo cómo se hacen los ciegos, todo eso no es cierto, porque los familiares sabemos como es en realidad.
GRU: Está pasando, pero ellos habían llegado al acuerdo de implantar, sostener mesas de trabajo.
EG: De esta mesa grande justamente salieron mesas pequeñas. Entonces, porque por ejemplo, como era de salud, entonces supuestamente el SNAI no trabaja porque el ministerio no quiere, el ministerio no quiere pues es porque el SNAI no les deja y se lanzan la pelota. Existió esta mesa y me dicen esto, entonces yo cojo y saco el listado, y reclamo que me digan dónde están estos privados de libertad. Así, ¿dónde está José Nacimba?,¿dónde está tal?, ¿dónde está tal?.
Y ella se queda así, y me acuerdo la mirada de Gabriela Hidalgo, me mira como que a ella no le puedo decir eso, siendo ella una de las personas que le tratan así: cállese, dígale que sí hay muertos y sabe qué, pues no sé, hágase la loca, pero no le diga que no. Y de la manera que me lo dijo me acuerdo que me parecía que estaba loca. Me acuerdo que hasta reclamé que me vengan a mentir en la cara cuando yo soy una de las personas que ha estado levantando cadáveres, yo estoy haciendo el trabajo a usted.
Y nosotros en esa época ya teníamos nuestros listados donde nosotros, porque te juro, esa viveza de nosotros y por la desesperación, le dábamos tres vueltas al personal que brinda información de los privados y les decíamos que tranquilos, que nosotros buscamos. Nosotros decíamos así y empezamos a tomar fotos, y los poníamos NN y sin nombre.
GRU: Sin nombre ponían a la gente que desaparecían en Argentina.
EG: Nosotros empezábamos a tomar fotos y fotos de los cuadernos y decíamos a ver, número de cédula, busquemos. Estaba preso, sí, está preso, entonces él es el fallecido, nosotros buscándolos así. Por eso es que cuando a esta señora cuando yo le digo, dígame dónde está Nacimba, y me acuerdo ahí una compa me da un acta de defunción, le digo: ahí es dónde está él. Entonces qué, si supuestamente no ha habido ningún muerto.
Entonces no, cuando yo llegué así, fue después de que yo les dejara a las compas que entren a hablar y no había respuesta alguna. Por que ahora tú me escuchas que tengo esta voz, pero antes de empezar esto tenía la voz como más suavita, y es porque yo he gritado como no tienes idea y he gritado con Cholas Valientes, con Gia, con las chicas, nos han colaborado por ejemplo a tratar de estas barras feministas a arreglarlas para nosotros. Señor, señora, no es indiferente, el Estado está matando a nuestra gente. PPL escucha, tu lucha es nuestra lucha. Entonces ha venido haciéndose muy icónica nuestra lucha y la hemos fortalecido.
Entonces yo, si a mí el Estado no tiene nada que quitarme, entonces es más, yo le he dicho, si el día de mañana me muero, mis hijos gracias a Dios están grandes y aunque los papás no sean la gran cosa, pero tienen sus papás. Si el día de mañana me muero, ya qué chucha. Pero que sepan mis hijos que madre yo he heredado y he salido a lanzarles piedras en el paro, sí he salido con botiquín a ayudar a la gente.
Y mis hijos la tienen clara. Con decirte que mi hijo cuando le dicen los profesores no, esto, el responde que no le pueden gritar, hay que dar el ejemplo. Usted no me puede tratar así. Me acuerdo que a veces están con uniformes y les quieren poner a la pared y les responden que llamen a su mamá, que no les pueden tratar así, que son menores de edad. Es como que aprendan, carajo.
Venimos con esto, ya existen estas mesas pero finalmente en lo personal, yo creo que me reprocho ahí. Creo que me reprocho y creo que faltó de mi parte porque yo era la que les decía a las chicas no, vamos, vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro. Entonces creo que me reprocho porque creo que con las visitas y con tanta muerte y con tantas cosas que pasaron, me mataron estos familiares. Soltamos, soltamos la cuerda porque estábamos cansadas. Y desde ese día no pude volver a dormir más. Entonces yo vivía despierta, unas ojeras enormes, siempre estaba cansada y no pasa nada, vamos, vivías como podías.
Entonces desde ahí soltamos la cuerda, porque nosotros les teníamos agarrados. Y eso también es parte de cómo funciona todo. Te golpean tanto que te cansan. Y cuando te cansas, ya no necesitas que te repriman, te apagas sola. Yo ahora me reprocho y me duele y digo, tal vez me echo la culpa por haber faltado, porque si no hubiésemos soltado, capaz hoy en día hubiera visitas a nivel nacional, existirían visitas íntimas, que los niños puedan ver a sus padres, etc. Entonces yo creo que sí fue responsabilidad de las compas que estábamos enfrente porque estábamos cansadas, cansadas de que nos golpeen tanto.
Después de eso soltamos y como ya volvieron las visitas, la gente también mira esa única visita y sin tener en cuenta que durante la visita nos torturan, en la visita te mandan mano, te manosean, te topas con lesbianas y si no te dejas pues no lo logras ves. Y aparte de eso la vestimenta, como te etiquetan, que la camiseta blanca, que el jean, sandalias. Por ejemplo, si a mí me ponen a hacer sapitos por entrar a ver a mi hermano pues, yo los hago, no importa. Imagínate una señora de 60 años, una señora de 50 años.
GRU: Y que tampoco te digan eso también es tortura.
EG: No te digo que no son delgadas las señoras, son de contextura, imagínate. Me acuerdo que en el Turi fuimos a ver un compa y me tocó con ella. Entonces yo le digo entro yo, pero no, entra la señora y sale y le pregunto qué pasó. En muchos lados saben que yo voy piteando, yo hago relajo, a donde voy hago relajo. Entro yo y me dice desnúdate. Perdón, desnúdese. Yo fresco, fresca, ella me manosea, me mira los senos, me ve desnuda y me manosea. O sea qué llevo pues debajo de la teta, le digo así cuidado te gusten. Sí, ponte en cuatro, haz el sapito y no importa, te hago tus huevadas, ya está. Después de eso, salí bravísima, les puse una mega alerta, jodí, mandé la alerta a la Defensoría y publiqué que esto pasa y no es solo ahí, sino en todas las cárceles.
En eso, si a mí me tratan así teniendo carácter, imagínate la señora que a la salida de la visita me decía llorando que a ella no le manosea ni su marido, teniendo 65 años y yo así. Porque creo que hay que ser consciente que también mañana puede ser cualquier y no hay mucha gente que hable de esta forma de tortura.
Y si por ejemplo le cuentas eso a tu hijo, te dice mamita ya no me vengas a ver, no quiero verte pasar por esto. Y aun así vuelves. Porque si no vas, es como si los abandonaras. Esta es una lucha que no te deja salir. Por que cómo le dices a una madre que no te venga a ver, siendo la única vez que lo puede hacer.
GRU: ¿Y son las Fuerzas Armadas las que están ahí?
EG: Por el momento todavía siguen militarizadas algunas, pero no son solamente los militares, incluso de la Policía Nacional. Entonces viene la represión y es la forma de castigarte. No puedes irte de ahi diciendo al menos que viste a tu hijo estando vivo, sin pasar un mal sabor. Eso pasa a veces, no siempre. Porque sí hay guardias que son chéveres que dicen sí señora, tranquila. Entonces una estando traumada del mes pasado, ya va con la disposición de, ¿me desnudo o qué?, ya siendo costumbre.
Ahora el total de la visita es de dos horas. Se pierde media hora en fila, media hora en que te manoseen, media hora en el filtro y la visita termina durando 20 minutos como mucho. Y así se acabó la visita, si es hasta las 5 en punto, a las 4.45 gracias. Las visitas son así de desgraciadas en todos los centros penitenciarios, incluso en la casa de confianza.
Sí. Entonces es súper difícil, súper duro la verdad.
Fotos tomadas de la publicación de "Encerrados para morir"