El fraccionamiento político en el sur del país

Loja
Lunes 10 de Octubre de 2018

Las elecciones para concejales, alcaldes y prefectos están próximas en el Ecuador. Y con ello la disputa por el poder político en todas las localidades. Muchos de estos aspirantes sienten en su corazón que son los elegidos del oráculo para ocupar la administración pública; intentan encaramarse en los cargos estatales de cualquier modo. El forcejeo por la representatividad y los liderazgos entre los pequeños círculos sociales que pueden, o creen que pueden acceder a la política, sigue pasado factura a una sociedad fragmentada, aparentemente apática con la política, que busca sin saber dónde, una solución.

La necesidad de un caudillo en las sociedades es aprovechada por los aspirantes, quienes se llaman así mismos los defensores de las necesidades sociales. Hablan a nombre y en representación de las mayorías, a quienes ni siquiera conocen. Pero afirman fervientemente que saben las necesidades del pueblo y que, a cualquier precio, las resolverán. Expreso estas breves líneas como preludio para abordar el panorama político en la ciudad de Loja. Me atrevo a decir incluso que al igual que en el sur, en la mayoría de las ciudades del país se reproduce una radiografía similar. Pululan candidatos a mansalva a la alcaldía y prefectura como los puestos más apetecidos.

En Loja se han contado aproximadamente a doce precandidatos a la alcaldía. Algunos con amplia trayectoria política y otros emergiendo en este proceso. Tenemos a Nivea Vélez, actual viceprefecta, Janine Cruz, actual asambleísta, Jorge Bailón, ex alcalde, Juan Carlos Torres, profesor universitario, Franco Quezada, actual concejal, Patricio Valdivieso, ex concejal, Jaime Villavicencio, ex dirigente deportivo, Rodrigo Vivar, ex prefecto, Gabriel García, profesor universitario, Fernando Cruz, Claudio Eguiguren, y muy probablemente al revocado José “Chato” Bolívar Castillo.

En sus discursos en los medios de comunicación no escuchamos propuestas contundentes que ofrezcan solución a los problemas económicos. Tampoco estrategias para solucionar las necesidades básicas insatisfechas de la población. Lo que sí escuchamos y parece ser un acuerdo entre todos, es el agresivo discurso del desprestigio mutuo. Aunque a muchos de ellos ni siquiera se los escucha.

Esta intentona, legítima por su puesto de integrarse al juego político, sería para la democracia un signo de vitalidad y garantía de los derechos de participación. Aunque bien cabe preguntarse si tendría el mismo significado para la ciudadanía.  Sin embargo, ¿es esa la solución para un cambio real de la ciudad?, realmente ¿es necesario tener un cúmulo de aspirantes? No será que este fraccionamiento conjugaría para llevar nuevamente al poder a las “fuerzas” de la política local que tanto se repudia. Prestándose inocentemente para aportar a la sumisión organizativa, social y carencia de desarrollo que postra a una ciudad conocida por su talante cultural. Ofreciéndonos únicamente la lacerante posibilidad de caminar por la misma senda de la dependencia caudillista. Cobijada por una competencia egocéntrica con agenda propia… que al final, sigue martillando el subdesarrollo de la ciudad.

Como dije, es legítimo querer ingresar al círculo de las élites decisorias de la política local, pero no es legítimo hacerles el juego político a estas. Hasta aquí, esta competencia por la representatividad y el poder político lo único que ha garantizado es el fraccionamiento y olvido de las masas y sus necesidades. Hasta la fecha las grandes problemáticas sociales como la falta de empleo digno, vivienda, salud y seguridad, siguen siendo materia pendiente en los círculos de la administración pública. Parece que nos hubiésemos detenido en el tiempo y seguimos replicando la heterogeneidad colonial que no permitió, ni permite un cambio real dentro de la sociedad.

¿Cómo lograr que nuestros postulantes entiendan que el fraccionamiento político conjuga la posibilidad del continuismo conservador en Loja? Esta cultura política más allá de fortalecer la democracia, nos ha dado la posibilidad a regañadientes de soportar el tolete, los insultos y la arbitrariedad. Modestamente diré y con derecho a equivocarme, que Loja necesita entender que el progreso se logra con la cohesión y participación de sus ciudadanos en las decisiones políticas. Necesitamos entender que la industria se fortalece apoyado en la educación y no lejos de ella, que la igualdad no se gesta en el comercio liberal, sino en la posibilidad de brindar a los pequeños comerciantes agrícolas, por ejemplo, la inserción en las grandes cadenas comerciales. Necesitamos repensar las condiciones en que la política pública, la política estatal y la democracia se desarrollan. Insisto, sin hacer el juego a las grandes élites que se legitiman a través de la democracia, donde los únicos ganadores son ellos y no el pueblo. Necesitamos entender que el eslogan de Loja como una ciudad amigable y solidaria se debe practicar puertas adentro y no solo con quienes nos visitan.

Se aplaude el ímpetu de participación de los aspirantes en este mal llamado gobierno del pueblo (democracia). Sería mejor aplaudir acciones que eviten el fraccionamiento y le apuesten a un pacto social urgente que enmarque en su propuesta ideas de desarrollo, no sólo infraestructural sino de política social. El mal que seguimos arrastrando, es que la diversidad de partidos y organizaciones políticas nos impiden declinar fuerzas, pero sobre todo romper los caudillismos locales y tomar decisiones acertadas en materia de política pública que beneficien a las mayorías.

 

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