Venezuela: ¡Si tocan a uno, nos tocan a todos!

Las siguientes líneas se escriben en clave latinoamericana, considerando a Venezuela un pueblo hermano, como en definitiva lo somos todos los pueblos latinoamericanos. La consigna de “Si se meten con Venezuela, se meten con Latinoamérica” necesita de una fuerza renovada ante un panorama de debilidad de los sectores progresistas y anti-capitalistas que no tiene precedentes en la región.
Martes 19 de Febrero de 2019

Venezuela indudablemente representa el campo de batalla de mayor actualidad y urgencia en nuestro continente. Este proceso se encuentra amenazado, hoy más que nunca, tanto por fuerzas fácticas oligárquicas internas, las cuales sin legitimidad democrática alguna, se autoproclaman como gobierno interino; así como por una potencia imperial caduca, que en su conjunto intentan convertir al proceso revolucionario en Venezuela, en una nueva guerra sustituta a nivel global, como recientemente ya lo fueron y son Irák, Libia y Siria, en su afán por frenar el avance de otras potencias como Rusia y China.

Este síntoma en la coyuntura yanqui, como ya argumentaba el historiador crítico británico Paúl Kennedy en 1987, podría conducir a un hundimiento definitivo de esta fuerza imperialista y acabar de una vez por todas con una supuesta y perdida hegemonía de un imperio a la deriva. El mantenimiento de un determinado estatus quo, según Kennedy, depende fundamentalmente de los recursos que la potencia imperialista pueda asegurarse a lo largo del tiempo.Este argumento invita a una primera reflexión fundamental en cuanto a la batalla que hoy se libra en Venezuela: Estados Unidos de América, después de perder su predominio, tanto geopolítico, como comercial y militar en el mundo, trata de asegurar desesperadamente recursos naturales para mantener su preponderancia en lo que siempre ha considerado su “anexo” territorial y su “patio trasero”.

Para fines analíticos, resulta preciso retomar una interrogante central enunciada por el bolchevique Lenin, hace ya más de un siglo: “¿Quién se beneficia?”. Sin duda, Venezuela posee hoy las mayores reservas petroleras del mundo, además de contar con una de las minas de oro con mayores yacimientos, gas natural, bauxita, diamantes y aluminio, entre otras materias primas codiciadas por el Norte global. ¿Quién se beneficia de una caída del legítimo gobierno de Nicolás Maduro? La respuesta recae, como es tan común, en nuestra región. Los mismos grupos históricos, políticos y sobre todo económicos, los cuales han tratado de imponer una agenda dictada frase por frase desde afuera, sobrepuesta por el vecino del norte y reforzada por las oligarquías rentistas locales. Las grandes petroleras estadounidenses deben estar frotándose las manos como moscardones, ante el potencial botín que representaría la apropiación de los recursos de un país considerado “la joya de la corona” por las propias oligarquías yanquis.

La creencia de que las élites económicas venezolanas (sectores reaccionarios a cualquier política que tenga como enfoque social) están interesadas en lo más mínimo en el bienestar de su pueblo, representaría un error de juicio que solo se puede definir como síntoma de una profunda ignorancia e ingenuidad respecto a los procesos sociales que se gestan en nuestro continente. Estos grupos desestabilizan al proceso, al gobierno y al país de una manera parasitaria, sirviéndose de los intereses imperiales de Estados Unidos de América y su sed interminable por apropiarse de los recursos de Latinoamérica. Estas élites han dado la bienvenida a años de sanciones económicas y barreras comerciales impuestas por EUA, las cuales han llevado a la radicalización de las circunstancias de supervivencia en Venezuela.  

Reconocer el supuesto hecho de que estas élites se sientan responsables por la “democracia” o incluso tengan el menor interés posible en ayudar a su pueblo en carácter “humanitario”, es caer en una falacia infantilista de carácter histórico, que como latinoamericanxs nos saldrá bastante caro en el futuro. Cualquier interrupción violenta del proceso, a la cual están llamando abiertamente la nueva y vieja derecha venezolana, resultaría en un empeoramiento sucesivo de las condiciones de vida de los sectores más amplios de la sociedad en Venezuela. No puede ser posible que quienes se jactan de “demócratas” sean lxs primerxs en llamar abiertamente a una intervención militar imperialista por parte de EUA y sus gobiernos lacayos en el continente, encabezados por Colombia y Brasil. Ante una economía yanqui que se derrumba y ciertas aspiraciones neo-fascistas del gobierno de Trump, una incurrida en Venezuela resulta coherentemente lógica para los sectores oligárquicos de Estados Unidos de América, ya que Trump sigue en deuda electoral con constructoras y empresas fabricantes de material bélico, las cuales esperan del decrépito presidente yanqui, un trofeo más para su larga serie de “conquistas” imperiales.

¿Cuál será nuestro papel como pueblos latinoamericanos ante el atroz accionar de un imperio decadente que sigue considerando a América Latina como su patio trasero? ¿Nos posicionaremos del lado de la historia de los pueblos en resistencia o de las oligarquías continentales sedientas de recursos y de una guerra que lucrará del negocio de la muerte? Estas interrogantes resultan hoy fundamentales para la totalidad de nuestro continente y tendrían graves repercusiones históricas y hasta, en caso de evidenciarse una traición a los ideales latinoamericanos y bolivarianos, desde los cuales se formulan una multiplicidad de sujetos revolucionarixs en resistencia y que representan, hoy por hoy, la única alternativa viable al capitalismo degenerado y caníbal que nos imponen los Estados Unidos de América y el orden financiero mundial.

 

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