Palantir: entre el claroscuro y la hipervigilancia

NASIONISM
Viernes 6 de Marzo de 2026

Nos encontramos frente a un momento histórico verdaderamente nefasto para las estructuras populares y de resistencia de nuestros pueblos, amenazados por una remontada imperialista sin precedentes.

El 7 de marzo de 2026, se desarrolla la cumbre “Shield of the Americas” en Miami, articulando el servilismo de 11 regímenes títere, ente los que se encuentran ante todo el Nuevo Ecuador, además de El Salvador, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Honduras, Paraguay, Guyana, República Dominicana y Trinidad y Tobago-. Este momento marca un hito en la constitución de una ultra derecha continental arrodillista y funcional a la doctrina del nuevo y eterno “patrio trasero” de EE.UU.

Específicamente para el continente americano, el momento de la inauguración de la nueva política colonial del decadente imperialismo yanqui se establece el 3 de enero de 2026, con el primer bombardeo extranjero a una capital suramericana en la historia, y el secuestro de un presidente legítimo y democrático, bajo cualquier estándar democrático-occidental.

Por su parte, cuando EE.UU. vio agotada a la OEA como “ministerio de colonias” de EE.UU., en las palabras de Ernesto Guevara, se invocó primero al Board of Peace, o la comisión de paz -cual ironía- inicialmente para la colonización de Gaza, para posteriormente establecer una oficina especializada en colonias y regímenes títeres del trumpismo, formalizando este 7 de marzo el ministerio colonial hemisférico en la gusanera maiamense.

El papel de Kristi Noem, recientemente depuesta como directora del Homeland Security Institute, a cargo de ICE, y nombrada “enviada especial” a la cumbre de la ultraderecha, refleja como tal un reposicionamiento estratégico de EE.UU. en lo que considera su patio trasero: la responsable política directa de las tropas paramilitares antimigratorias que acechan al pueblo organizado en EE.UU. en estos momentos, será la encargada de reestructurar la política imperial yanqui hacia lo que considera “su” hemisferio, el continente americano.

Irónicamente, tras la independencia estadounidense, régimen que toma principios de la Revolución Francesa, liberal y burguesa como suyos, replica en las nacientes repúblicas independientes latinoamericanas un modelo hiperpresidencialista inspirado en la independencia de EE.UU., modelo que se imprime con sus recurrentes experimentos autoritarios, como actualmente en los casos del Ecuador y Argentina.

Nos encontramos frente a un momento histórico en el cual, en términos materialistas, la historia se repite: primero como tragedia, y después como farsa. El fascismo como régimen histórico, consecuencia directa de las crisis estructurales de acumulación del capitalismo, se impone en estos momentos en nombre de la libertad.

En esta misma lógica el 2 de marzo, el presidente Noboa, al frente de la más reciente colonia narco-primario exportadora -o Banana Republic- conocida como el Nuevo Ecuador, recibía en el Salón Amarillo a General Francis Donovan, Comandante del Comando Sur de los EE.UU., quien a su vez declaraba que “Ecuador es uno de los socios más importantes de los Estados Unidos”.

Acto seguido, este general extranjero se permitió sugerir a la población nacional que vive y trabaja cerca de zonas de “minería ilegal y crimen organizado, tomar distancia, ya que la intervención militar será contundente”. Imágenes de las operaciones conjuntas entre el Comando Sur y las FF.AA. fueron reveladas, en un gesto de espectacularización de la guerra. Sí, guerra, guerra impuesta y de manual, con el objetivo de eliminar a la organización popular.

Para el 4 de marzo, Daniel Noboa como primer mandatario puso a total disposición para el ejército extranjero, todas las bases militares del país. Además de no reflejar un mínimo principio de soberanía o dignidad, Daniel Noboa, -tanto empresario como político- tampoco cuenta con un ápice de demócrata. En cuanto a un respeto mínimo a la voluntad popular reflejada en las urnas y tan invocada por el empresario-presidente, siendo la tercera consulta popular consecutiva irrespetada y pisoteada por el Estado ecuatoriano.

Por su parte y semanas atrás, tan solo el 21 de enero en el marco de la cumbre de Davos, Suiza, durante el Foro Económico Mundial, Daniel Noboa mantuvo una reunión con el propio Alex Karp, CEO de Palantir. Aquella reunión resultó en el anuncio de apertura de una oficina de la empresa de inteligencia más peligrosa del mundo en territorio ecuatoriano, específicamente en Cuenca. Palantir ya se encuentra operando en el país en el sistema de aduanas. Resulta ser sumamente alarmante, porque esta empresa ha logrado revolucionar hacia el absoluto terror no solo al complejo industrial militar, sino a la política global hacia el diseño de un modelo de fascismo más totalitario y perverso que jamás se haya visto.

En términos categóricos, Palantir y la IA militar-corporativa representan el nuevo orden mundial de la hipervigilancia y la dictadura tecnocrática de Silicon Valley y sus súbditos. Solo basta con tomar las palabras de uno de los CEO de Palantir, Peter Thiel, quien asegura que no existe compatibilidad alguna entre libertad y democracia. Lo que estas palabras omiten es que lo que no existe es compatibilidad entre la libertad para unos pocos y la democracia para todos. Así como cuando la clase capitalista plantea que la formación académica de una persona no resulta económicamente rentable, sin especificar para quién resulta, o no, rentable.

Palantir por su parte, representa un gigante corporativo sin precedentes, fundado bajo la primicia del control social desde la IA. Con Peter Thiel y Alex Karp como sus caras visibles, refleja la propia lógica del complejo industrial-militar yanqui, recibiendo financiamiento de la CIA desde el 2003, años que inauguran la constitución del momento histórico actual. Mientras Palantir y la Big Tech hacen negocios con corporaciones privadas como fuente secundaria, mantienen cerca desde sus inicios a sus socios más importantes: estados imperialistas como EE.UU., el ente sionista de israhell y Ucrania, con quienes ha logrado probar programas de inteligencia en escenarios de conflicto de variada intensidad y con objetivos humanos.

El programa Lavender fue protagónico en la ejecución de campañas militares semiautomatizadas en Gaza, que exterminaron a más de 680 mil palestinos, población “mayoritariamente terrorista”, en palabras de Karp y Palantir. Dentro de EE.UU., el programa Inmigration OS determina casi en tiempo real la ubicación de inmigrantes ilegales. Estos programas funcionan condensando data personal masiva en mapas virtuales en tiempo real, desde los datos de salud provistos tanto por la empresa privada como por el Estado, con los consumos, movimientos migratorios, bancarios y en redes sociales. En estos términos, la IA se instrumentaliza primero para generar perfiles y calificarlos según su nivel potencial de “riesgo”. Otra aplicación en conflicto se ejecutó mediante el programa Skykit en el conflicto bélico en Ucrania, que permite al ejército de Zelenski determinar en tiempo real la ubicación de objetivos militares rusos. Aquí en Latinoamérica también se ensayaron ya operativos militares de alta delicadeza con IA: la operación que culminó con es secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Sánches, y el asesinato de 32 patriotas cubanos, fue conducida gracias a la aplicación del programa Claud, de la empresa Anthropics.

Una de las perversidades de esta lógica es su construcción en una forma de poder omnipresente que termina siendo imposible de apelar, porque es la “data” la que demuestra “el riesgo potencial”. Detrás de la supuesta neutralidad del programa, se esconde la administración algorítimica de la muerte. Resulta fundamental poner especial atención al término “peligro potencial”, que hace eco de una de la famosa frases de Thiel, cuando plantea que Palantir permite eliminar el peligro antes de que sea real. Otra de las perversidades que Palantir performa, reside en la automatización de la decisión de neutralizar a los “elementos de riesgo” mediante el programa Gotham. Es decir, la tecnocracia de Silicon Valley plantea que la sociedad ideal se puede construir a partir de la automatización del control de poblaciones y territorios, por medio de una serie de programas de IA que logren generar un mapa en tiempo real de cada sujeto y de todos los aspectos de su vida pública y privada. Inclusive existe la tecnología para detectar movimiento dentro de espacios cerrados por medio de routers de Wi-Fi. Es decir, está en todo lado, en todo momento. Es en efecto, el Ojo de Sauron.

La existencia de Palantir no se rebeló ampliamente a la sociedad civil -y menos de sus operaciones- hasta que en el 2020 la empresa de IA debutara en la bolsa de valores. En la actualidad, es una de las empresas más cotizadas en el mundo, con un valor neto de más de USD 365 mil millones. De esta manera es como el narcogobierno de Daniel Noboa ha vendido a la sociedad civil ecuatoriana la alianza con esta empresa genocida. Nos encontramos frente a una coyuntura abismal. En un lapso de 6 semanas: 1. Se anunció la presencia de Palantir en el país, para efectuar operaciones de seguridad e inteligencia; 2. Se aprobó la Ley de Fortalecimiento Minero, que plantea la militarización de territorios de interés y la eliminación de la licencia ambiental; y 3. El Comando Sur de los EE.UU. ocupa bases militares en territorio para iniciar operaciones.

El contexto específico en el que se suceden esta serie de operaciones es, nada mas y nada menos, el del narcoestado bananero en el que la oligarquía criminal nos ha convertido. El 2025 cerró con casi de 10.000 muertes violentas y la primera condena por un crimen de lesa humanidad en el país, por la desaparición forzada de Ismael, Nehemías, Steven y Josué. Aún se adeuda el juicio penal por el asesinato de los menores y los juicios políticos contra Loffredo como Ministro de Defensa y Daniel Noboa como Presidente de la República y responsable directo del terrorismo de Estado. En el informe Operación Sin Rumbo, se denuncia la actuación criminal de las Fuerzas Armandas y la Policía Nacional desde la declaración del Conflicto Armado Interno, evento inaugural del Nuevo Ecuador.

Así, el enemigo interno se configuró alrededor de la figura del “terrorista”, significante vacío que se utiliza como término intercambiable para describir tanto a los miembros de GAO, o a la población penitenciaria en general, pero también a defensores del territorio, dirigentes y militantes de organizaciones populares, y hasta a espacios de solidaridad internacionalista. De todos quienes entran en el paraguas de “terroristas”, muy convenientemente existe más presión contra las organizaciones y militantes anti estractivistas como el Frente Nacional Antiminero y parte del Movimiento Indígena. Al momento más de 300 campesinos y campesinas, dirigentes y militantes están siendo sometidos a persecución y criminalización bajo los cargos de terrorismo, enriquecimiento no justificado, financiamiento al terrorismo, intimidación, entre otros.

En simultáneo de la construcción del aparataje de hipervigilacia y represión a niveles de guerra no convencional, el Nuevo Ecuador también se ha dedicado a preparar el terreno del Derecho para facilitar la explotación minera y la hipervigilancia. La Ley de Fortalecimiento Minero es solo la más reciente modificación al derecho. Recordemos la Ley Orgánica para el Fortalecimiento de la Ciberseguridad, la Ley de Áreas Protegidas, la derogada Ley de Solidaridad, la Ley de Integridad Pública, la fusión de los ministerios, entre los cuales se suprimió el Ministerio de Ambiente, mismo que pasó a ser un departamento del Ministerio de Energía y Minas. Esto sin adentrarnos en el control totalitario de espacios del Estado que deberían ser independientes, como la Fiscalía General del Estado, el Consejo de la Judicatura, el Consejo Nacional Electoral y más.

En este contexto de totalitarismo criminal y descomposición del aparato estatal, es evidente que una vez más la única cartera del Estado que sale fortalecida de este proceso de decadencia, es la referente a los aparatos represivos y de inteligencia del Estado, en la forma de asociación estatal imperialista con la cooperación entre las FF.AA. y la PP.NN. con el Comando Sur de los Estado Unidos; y por medio de la contratación de los servicios de vigilancia de Palantir, una empresa privada que se dedica a la minería de data a nivel global, y al extermino, claro. Alarmarse debería ser lo mínimo.

Cuando el General Donovan -Jefe del Comando Sur- declara que Ecuador es uno de los socios estratégicos más importantes de los Estado Unidos, no lo hace para darle una palmadita en la espalda a su perro faldero más fiel, sino que representa un verdadero reconocimiento de los territorios y poblaciones que Daniel Noboa les está ofreciendo en sacrificio. El Nuevo Ecuador vende y subasta a toda la nación para la minería de tierras raras y datos. Pero lo que resulta ser aún más alarmante, como plantea Gómez, termina siendo el pacto Noboa-Karp, mismo que escala a un nivel de gravedad regional, al momento en que se plantea al Ecuador como laboratorio para ensayar los aparatos de vigilancia que en su momento se aplicarán a toda América Latina.

La clase empresarial capitalista, la minoría absoluta que acumula a costa del sacrificio de la clase trabajadora, apropiándose de nuestra plusvalía, terminó instaurando un nuevo momento histórico, una suerte de fascismo tecnocrático, con sus paralelas históricas en los fascismos clásicos y las corrientes futuristas -distópicas- y esoteristas que los sustentaron desde un inicio. La vuelta a los imaginarios apocalípticos o la invocación de relatos identitarios escencialistas, no son más que síntomas de una crisis estructural del capitalismo, que simultáneamente impone una crisis de valores, de narrativas y de principios, desarticulando la misma identidad de clase como tal.

Al mismo tiempo, la clase Epstein que se incrusta en el poder político y económico, termina reflejando su propia moral, que es la moral fascista: una clase oligárquica que, literalmente, se alimenta de la clase trabajadora -preferentemente bebés. Los archivos de Epstien representan tan solo un fragmento de la degeneración moral del fascismo, lista a sacrificar y consumir cuerpos y vidas, y ofrendarlos a un engendro pagano adorado por los círculos de poder sionistas -desde tiempos bíblicos. Tan aberrante y al mismo tiempo materialista termina siendo la realidad del claroscuro, con una clase literal y figurativamente vampiresca -en términos del propio Marx. La moral sionista, la que coloniza, se apropia de lo que no es suyo, explota, coopta, persigue, viola tortura y extermina -la moral capitalista- configura por excelencia al fascismo.

Frente al claroscuro, a la repetición del momento histórico en el cual la historia como tal es contingente y en el aparecen los monstruos, resulta fundamental preguntarnos de qué lado de la historia nos encontramos. El fascismo no se inaugura de la noche a la mañana, como tampoco se constituye por el simple hecho de nombrarlo; se construye como semillero de brutalidad y representa el sentir histórico del fin de los tiempos ¿o del fin del capitalismo?

Un orden mundial prefabricado, diseñado por una élite tecnocrática fascista en los sótanos de Silicon Valley se impone en el mundo como el nuevo gran hermano desde una perspectiva absolutamente vertical, en el que la distancia entre ellos y nosotros, es simplemente irremediable. Se tiene que revolucionar.Este nuevo paradigma del siglo 21, este sistema de hipervigilancia, no se lo imaginaron ni en sus sueños más húmedos los padres del fascismo como Hitler, Mussolini o Franco. Una vigilancia absoluta, algorítmica, y en tiempo real.

Ante esta diatriba y desde el campo popular, volver a la clase es el deber histórico. La verdadera apelación incluso rebasó al precepto de socialismo o barbarie.

Nos encontramos ante una apelación urgente: al comunismo o la extinción.

¡No pasarán!

 

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