Nuevo Ecuador: una colonia con himno nacional
El mes de septiembre se ha caracterizado por la presencia del Comando Sur en el país y la región. Se demuestra la ocupación militar del Ecuador por parte de los EE.UU. y el totalitarismo de Noboa en los siguientes hechos: los ataques a barcos pesqueros y el secuestro de pescadores en altamar; las adecuaciones en la Base de Taura realizadas de manera autónoma por el ejército de los EE.UU.; el despido al Teniente General Mauricio Salazar Machuca, tras solicitar formalmente la base legal para las operaciones militares conjuntas; y la aprobación definitiva de la Ley Orgánica de Regulación del Apoyo Complementario y Subsidiario de las Fuerzas Armadas a la Policía Nacional. Adicional a la inconstitucionalidad de la ocupación de bases por parte de ejércitos extranjeros y de las operaciones conjuntas bajo el paraguas de "cooperación en seguridad", Daniel Noboa está violando la voluntad popular expresa del 16 de noviembre de 2025.
En términos políticos, Ecuador se consolida como el centro de comando de la gran base militar de la región que supone el eje del mal: Ecuador, Colombia, Perú y Argentina; en un contexto en el que Donald Trump y sus acólitos principales como Rubio, Miller y Hegseth llaman a conformar un bloque de seguridad hemisférica como prioridad principal del Plan Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. ¿A quiénes nombran como su principal enemigo político? Al comunismo, al marxismo, a Cuba y su Revolución, a un supuesto terrorismo de extrema izquierda. ¿Qué es lo que intentan hacer? Reafirmar la vinculación ficticia del crimen organizado alrededor del narcotráfico con los sectores populares y empobrecidos, con la organización popular, con organizaciones de defensa de los territorios, sectores del Movimiento Indígena y con la oposición política, especialmente izquierda y comunistas.
La supuesta lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo es el mito fundador que permite al imperialismo yanqui ejecutar la Doctrina Monroe, ahora Donroe, y el macartismo más brutal que hayamos visto en este siglo. La asfixia sin tregua contra Cuba —en las palabras del propio Rubio— constituye un genocidio que es tolerado internacionalmente bajo el paraguas de la seguridad nacional de los EE.UU. En absoluta impunidad, Donald Trump tocó temas como “el cambio de régimen” en Cuba, el acuerdo energético con Venezuela y el acuerdo en seguridad con Dinamarca con el subsecuente control de Groenlandia, en el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Así también reafirmó el reclamo del hemisferio entero para sí, como el rey de los Estados Unidos. Todo para garantizar la extracción de recursos necesarios para continuar y agudizar la guerra contra China y Rusia, y la emergencia inevitable de un mundo multipolar.
La presencia militar estadounidense en Nuestramérica aumenta rápidamente. El pasado 18 de septiembre la CNN confirmó que se trasladó gran parte de la reserva de drones militares General Atomics MQ-9 Reaper a Ecuador y Colombia, para reforzar la capacidad operativa en inteligencia y vigilancia por parte de los EE.UU. en la región. Esto supone un incremento de operaciones militares en tierra o en las costas, donde desde enero de 2026 han sido ejecutados por el Comando Sur en el Caribe al menos 231 personas bajo la sospecha de narcotráfico. No se ha presentado ningún juicio ni prueba. Solo en los ataques en el Pacífico, más de 143 pescadores ecuatorianos han sido afectados por el acoso militar y el terrorismo de Estado yanqui, de los cuales 46 —todos pescadores de Manta— fueron imputados por asociación ilícita. Mientras tanto, la cocaína sigue llegando al mundo entero en contenedores de banano pertenecientes a la familia Noboa.
Mientras tanto, a la interna se radicaliza la imposición del extractivismo minero. Tras alrededor de siete años de mantenerse en suspensión oficial, la reapertura del catastro minero entre octubre y noviembre duplicaría las concesiones mineras en el Ecuador, representando una amenaza frontal a los ecosistemas nacionales, frágiles y megabiodiversos. La mina que amenaza los páramos de Kimsacocha —nacientes de agua que permiten la vida de cientos de miles de personas y animales— representa la punta de lanza del imperialismo en nuestro territorio. Por estos páramos, el 16 de septiembre marcharon más de 50 mil personas en Cuenca, inundando nuevamente el Quinto Río en contra de la minería en el Ecuador.
No es coincidencia que tan solo en marzo —cuando se lanzaba el Escudo de las Américas— la Asamblea Nacional aprobara la ley minera exprés, impulsada por Daniel Noboa, permitiendo la militarización de parques nacionales, áreas protegidas y proyectos mineros. De la misma manera y casualmente, el 1 de septiembre se aprueba la ley orgánica que da impunidad absoluta a efectivos militares yanquis que cometan crímenes en territorio ecuatoriano.
La definición leninista del imperialismo describe la fase monopólica del capitalismo como la colonización de los países del Sur global por recursos primarios, mayoritariamente minerales, además de mercados de consumidores y espacios geopolíticos de influencia, en el momento histórico de la globalización de la lucha de clases.
La historia como tal no es un fenómeno lineal, sino dialéctico: nos encontramos frente a un nuevo ciclo de reconquista del mundo por medio de una repartición o pugna entre la hegemonía perdida del imperialismo yanqui y la emergencia de un mundo multipolar. Y en medio del claroscuro, se encuentran América Latina y su centro militar y de inteligencia—: el Nuevo Ecuador.
La diplomacia de los cañones y las sanciones, enarboladas por Trump y su súbdito preferido, Marco Rubio, termina siendo una regurgitación desde los rincones más oscuros del baúl de atrocidades en contra de la humanidad cometidas por EE.UU. a lo largo de sus 250 años de existencia. La doctrina Donroe reinstituye el paradigma de "América para los americanos", lo que se traduce en el reciclaje de la predominancia imperial practicada en todos y cada uno de los territorios. El propio Trump advirtió frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 22 de septiembre, que cualquier amenaza para los intereses de EE.UU. en el continente americano sería respondida militarmente.
En medio de todo este entramado, el genocidio a cuentagotas impuesto sobre el pueblo cubano —por su decisión de ser libre— pretende aplastar al último pueblo libre de América y desterrar, de una vez por todas, hasta el último de los procesos nacionales de soberanía, autodeterminación de los pueblos y dignidad colectiva. Cuba hoy por hoy no solo existe, sino que además plantea una superación del paradigma capitalista en las narices del imperio más atroz y genocida de la historia: ese es el peligro de que Cuba y su Revolución existan.
Mientras el imperialismo yanqui piensa establecer el dominio inequívoco de la "libertad" capitalista, sin importar el costo, ni humano ni a la naturaleza, el Nuevo Ecuador se establece como la primera central militar a nivel continental, con al menos tres bases —Manta, Galápagos y ahora Taura—, sirviendo como un territorio de valor geoestratégico primordial a los intereses de EE.UU. El Nuevo Ecuador es, hoy por hoy, una colonia con himno nacional.