Moreno y Trujillo: la transición a la extrema derecha

111118Editorial
Lunes 12 de Noviembre de 2018

Puede ser aventurado señalar que el gobierno de Moreno tiene en algún nivel vínculo con la ola de nacional populismo (neo fascismo) que está surgiendo en lugares tan diferentes como Polonia o Brasil, sobre todo si tomamos en cuenta su casi nula inserción en la masa popular y su retórica torpe e intencionalmente desordenada que no conecta con la ciudadanía.

Pero una cosa son las apariencias y otra la realidad, por eso es hora de sacarnos la venda de los ojos: el gobierno de Moreno, que opera frontalmente con el social-cristianismo y la complicidad de la izquierda articulada al Consejo Transitorio de Participación Ciudadana y Control Social, son los parteros del neo fascismo en el Ecuador, y sobre ellos cargará todo el peso del juicio histórico.

Moreno y sus compinches son los artífices de un desastre de inimaginables proyecciones en la economía y la sociedad, ya que la desinstitucionalización del Estado y todas sus funciones por un gobierno parasitario neoliberal que perdonó la mora patronal en el IESS y exime de sus responsabilidades tributarias a las empresas más grandes del país, significa el retorno a la dinámica política y jurídica de la época de los noventas, cuando se pretendía transitar de lleno al neoliberalismo.

Son estos elementos, y no un tongo judicial mal armado como el caso Balda o una lucha en contra de la corrupción -que no ha tenido en lo concreto ningún resultado más allá de la acumulación de penas sobre algunas personas, mientras no sabemos nada sobre la ejecución real del Plan de Inversiones 2018 en sectores como vivienda e incluso educación-, los que caracterizan al gobierno de Moreno como un gobierno mediático de transición, que al estilo Temer, profundiza la crisis de representatividad de los políticos por el profundo hastío que causa su actuar, generando la base de indignación sobre la que se monta la extrema derecha y el desarrollo local de las propuestas neofascistas.

En el modelo de transición que presenciamos en estas últimas elecciones en el Brasil, observamos como uno de los elementos centrales fue el profundo descrédito de la práctica política y el sistema de la democracia burguesa, sobre el que también operó el progresismo de inicios de siglo, haciendo fácil en el discurso populista de extrema derecha dar un mensaje generalizador y furibundo que brinda las esperanzas que los progresismos de izquierda no están en capacidad de ofrecer.  

De esta manera, después de derrocada Dilma por una serie de acusaciones que no han sido comprobadas, se posicionó Temer, quien fue su vicepresidente como cuota del acuerdo político de gobernabilidad del Partido de los Trabajadores con la Social Democracia Brasileña, y quien se encargó de tomar las medidas económicas, mediáticas y sociales, que en el marco de la reconfiguración neoliberal, son también el campo de reproducción de la conciencia fascista.

Tomando en cuenta el avance galopante de las propuestas de extrema derecha y como estas saben utilizar los recursos científicos y tecnológicos de la propaganda para conectarse nuevamente con el electorado, especialmente el más joven, ganando su confianza, es de esperar que poco a poco este modelo de hacer política hegemonice las redes, las conversaciones, y las instituciones, llevándonos no solo a un gobierno de derecha, sino a la completa atomización de una izquierda que es espectadora  de cómo se diluye lo poco que se avanzó para buscar justicia social y equidad. 

Lenin Moreno, quien ni siquiera parece que gobierna este país por su negligencia y desconexión, quedará para la historia no solo como un gran traidor, sino como la persona que junto a Julio Cesar Trujillo, Ayala Mora y demás gamonales de la política, pusieron los cimientos para la verdadera arremetida conservadora, la que impondrá la barbarie en nuestro pedazo de América del Sur, de forma análoga a lo que hoy sucede al otro lado del Amazonas.

 

Categoria