Extractivismo y ecocidio capitalista

sd
Lunes 14 de Febrero de 2022

Las industrias extractivas hacen de los recursos no renovables la mercancía principal que los centros del sistema capitalista depredan en la periferia. Así, América Latina, África y Asia han sido los continentes del extractivismo, entretejiendo lógicas imperialistas con el crimen organizado -institucional como irregular- y la contaminación masiva de las regiones de explotación. El extractivismo, sin excepción alguna, es sinónimo de destrucción de la naturaleza y el ser humano, depredación desenfrenada y apropiación capitalista. El extractivismo perpetúa la dependencia del Sur global, profundizando la reprimarización de la economía y relegando a territorios enteros -como el Ecuador- al servilismo de recursos primarios relacionados al sector hidrocarburifero y minero. El desarrollo, la tecnología y la acumulación del gran capital se irguen sobre la sangre de los pueblos y las tierras del Sur

La herencia colonial del extractivismo, que data de hace más de cinco siglos, acarrea  una serie de miserias a la tierra y los pueblos que la habitan. La división internacional del trabajo sigue marcando claramente las desigualdades entre los países del Norte global, y las periferias primario exportadoras, con mano de obra barata, legislaciones laxas y gobiernos títeres y cómplices del imperialismo. El capitalismo es un sistema contrario a la vida, que “sólo sabe desarrollar la técnica y la producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y las personas” (Marx 1867). Guerras, dictaduras, invasiones y demás atrocidades se ejecutan en nombre de la “libertad”, de perpetuar el extractivismo a nivel global.

Explotación de petróleo: la maldición del oro negro

En el Ecuador, existen dos oleoductos. El estatal: Sistema de Oleoductos Transecuatorianos -SOTE-, inaugurado en 1972; y el Oleoducto de Crudos Pesados -OCP-, de la empresa privada, inaugurado en 2003. Este primer mes y medio del 2022, se produjeron dos derrames de petróleo en el Oriente ecuatoriano con menos de dos semanas de intervalo, tanto en el SOTE como del OCP.

El primero se dio en las cercanías del Río Piedra Fina, sector San Luis, provincia de Napo, el 28 de enero, derramándose más de 6.000 barriles y causando una afectación de 21.000 metros cuadrados, de los cuales 16.000 se encuentran en el área protegida del Parque Cayambe-Coca. El derrame alcanzó los ríos Napo y Coca, extendiéndose por una franja de 300 kilómetros, la cual alcanza incluso al Yasuní (en abril de 2020, la misma zona sufrió un derrame de más de 15.000 barriles de crudo). El segundo derrame se produjo el 10 de febrero en la Comunidad de La Paz, cantón Shushufindi, Sucumbíos, por medio de la ruptura de una tubería en el pozo 44, en el bloque 57.

La falacia del extractivismo “responsable” se imprime a lo largo y ancho del discurso oficial, venga desde el progresismo o el neoliberalismo: jamás una actividad extractiva podrá ser responsable. Esto lo confirman los 333 derrames desde el 2012 en el bloque 57. No existe industria extractiva alguna a nivel global, que pueda considerarse limpia: cuando se extrae recursos de la naturaleza, además de la destrucción que conlleva la misma extracción, también se contamina en gigantezcas cantidades. En 9 años -entre 2012 y 2021- se registraron más de 1.200 derrames de petróleo en Ecuador. Aparte de derrames, también se registran contaminaciones sistemáticas por piscinas residuales, el manejo de material tóxico en el ambiente y la exposición de contaminantes a la población que se encuentra en la zona del proyecto de explotación. En zonas de explotación petrolera, el porcentaje de casos de cáncer es 30 veces mayor que el promedio nacional.

El gobierno de Lasso piensa duplicar la explotación y exportación petrolera, de 500.000 barriles diarios en 2022, a 1 millón de barriles diarios en 2025. Esto, por factor numérico, multiplicará también los derrames, y todas las consecuencias serán responsabilidad del nefasto capitalismo extractivista transnacional. Con el plan gubernamental de privatizar el sector petrolero, en un futuro próximo la empresa privada será la encargada de explotar y derramar petróleo en el Ecuador.

 

Fruta del norte
Proyecto Condor Mirador

 

La minería responsable no existe

Más del 50% de la inversión extranjera directa de los últimos 4 años -2017-2021- estuvo destinada exclusivamente al sector minero: el Ecuador plantea constituirse en una potencia minera a nivel global. Las consecuencias más evidentes son las ecológicas: el uso de metales de alta toxicidad contaminan el suelo, las aguas y envenenan a las personas humanas y no humanas. Sin embargo y de forma menos evidente, se genera una descomposición que corroe poco a poco el tejido social, y que muchas veces involucra la participación de paramilitares para el control del territorio, el tráfico de personas y los despoblamientos forzados. La minería -sea legal o ilegal- engloba una serie de violencias, que develan la falacia del desarrollismo y marcan los procesos de re acumulación capitalista. Así mismo es innegable que la minería en su forma corporativa representa el injerencismo transnacional, y en su forma artesanal constituye el abuso de poder de autoridades locales corruptas. La dicotomía que intenta imponer el Estado y las multinacionales mineras, entre una mala minería artesanal y una buena megaminería, es una falacia.

Como hace un par de años en Buenos Aires, provincia de Imbabura, la minería ilegal ahora se ha tomado con fuerza a la provincia de Napo. El día domingo 13 de febrero, un operativo militar y policial desplegó más de 1600 uniformados, a los asentamientos mineros que se encuentran en las orillas del río Jatunyaku en Yutzupino. Las denuncias colectivas plantean que existe una permisividad por parte de las autoridades locales, así como alianzas dentro de las mismas poblaciones con la empresa minera que está trabajando de forma ilegal y por las noches y madrugadas en esta zona. Los derechos de la naturaleza, entre los que se encuentra la obligatoriedad del Estado de proteger ríos y fuentes hídricas, parecen quedar solo en papel.

La minería de oro, cobre, plata y titanio han devastado grandes extensiones de territorio ecuatoriano. Todas las minas dejan residuos altamente tóxicos en el agua de los ríos y en los suelos. Grandes cantidades de plomo, mercurio y cadmio se encuentran en los afluentes del rio Napo, entre 500 a 1000 veces las cantidades máximas recomendadas de metales pesados. La intoxicación que puede causar la exposición permanente a estos metales generan problemas renales, endócrinos, distintos tipos de cáncer, afectan a mujeres embarazadas y bebés, generan enfermedades de la piel y más consecuencias graves. En la misma medida, la contaminación por metales pesados residuos de la minería, afecta la salud de animales no humanos, aquejando poblaciones en riesgo, envenenando los peces y las personas y animales que se alimentan de ellos, contaminado así toda la vida en su conjunto.

El Proyecto Condor Mirador en Zamora Chinchipe, de donde 9.928 hectáreas concesionadas, se minan 60 toneladas de cobre al día, ha generado graves afectaciones. Además de la contaminación de los ríos Wawayme, Tundayme y Kimi, el proyecto megaminero ha causado el desplazamiento forzado de varias comunidades y pueblos Shuar, vulnerando sus derechos humanos. Así mismo se encuentra en una zona arqueológica importante. En el caso del proyecto Fruta del Norte, que mina oro, se esperan al menos 14 millones de toneladas de residuos contaminantes. En el caso de Zaruma, los efectos de la minería no pueden ser más evidentes. En ninguno de los casos, el derecho a la consulta previa se ejerció de manera efectiva, en algunos ni siquiera se consultó, y en otros casos la propaganda de las empresas mineras prometieron hasta lagunas y santuarios como formas de remediación, claramente falaces.

El capitalismo precisa de la replicación constante de sus ciclos de acumulación. El extractivismo representa el pilar productivo del capitalismo por excelencia y es su eje constitutivo en la lógica imperialista de dominación del mundo. Quien maneja los recursos energéticos a nivel global, impone su dictado económico-comercial, y como consecuencia, domina el tablero geopolítico. Las implicaciones energéticas del conflicto en Ucrania y el proyecto energético ruso-europeo Nordstream II, confirman la vigencia del paradigma geopolítico de los recursos energéticos. La propiedad de estos últimos tiene una influencia decisiva en todas las demás ramas de la industria global. El sistema capitalista parece dictar la sobredependencia perpetua del Sur en ofertar materia prima, sean recursos naturales no renovables o mano de obra precarizada. El capitalismo es, sin duda, contrario a toda vida. Si este sistema impone el consumo de la vida misma en sus entrañas, que nos quede vida para resistir.

 

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