Nuevo Ecuador rumbo al desastre
El Nuevo Ecuador, como alianza interburguesa entre la clase dominante local y parasitaria llamada “empresarial” y sus patrones del Norte, alcanza una nueva fase: la hacienda narco-bananera y base militar yanqui en la que se convirtió el territorio nacional, se perfila como la punta de lanza del relanzamiento del imperialismo estadounidense. Mientras se firma un TLC con EE.UU., se inicia una guerra comercial con Colombia; mientras EE.UU. nos declara como “su territorio” en un intento de redibujar el globo, considerando al Ecuador como la “Gran América del Norte”, Daniel Noboa, único presidente latinoamericano con ciudadanía yanqui, declara de manera pusilánime que “no nos vamos a entregar completamente”. El chiste se cuenta solo.
Un logro indisputable del Ecuador con Noboa, reside en el completo servilismo demostrado por la rendición incondicional y absoluta en términos de soberanía territorial, comercial, política, militar y económica a favor de EE.UU. Ningún país del continente, ni siquiera El Salvador con Bukele o Argentina con Milei, se subyuga de una manera tan incondicional como el Nuevo Ecuador. La política de subyugación al imperialismo yanqui emprendida por el Nuevo Ecuador, convirtió a Daniel Noboa en el encomendado predilecto de Washington, quien inclusive permitió la ocupación militar y fiscal del Ecuador. Adicionalmente, recordemos que el Nuevo Ecuador declaró una organización inexistente como el Cartel de los Soles como terrorista, para complacer a Trump y CIA. Se deportó al Sheij iraní Mohammad Khodadani en ese mismo sentido. Soberanía no es un concepto que siquiera conozcan. Ahora mismo, entre el 2 y el 6 de abril, Daniel Noboa se encuentra en EE.UU. en un viaje “personal”, con una comitiva ministerial compuesta por 5 ministros, recibiendo las siguientes instrucciones en la operación Nuevo Ecuador.
Tras la disputa comercial con Colombia provocada por Ecuador en enero de 2026, se pretende celebrar un superávit con Colombia -una supuesta balanza comercial favorable para el Ecuador en febrero y marzo equivalente a USD 45 millones-. Este falaz logro maquillado no es más que populismo arancelario, imponiendo tasas de importación del 50%. Lo que se muestra como supuesta generación de empleo y diversificación de mercados y socios comerciales locales, se destruirá en compensación con la firma del TLC con EE.UU. que ahogará a la agricultura familiar campesina, y a la pequeña y mediana empresa nacional.
No nos confundamos: Ecuador sigue siendo Sur global, y se encuentra condicionado a destinar la producción de mayor calidad de cada producto a la exportación, mientras el Norte –el norte real- impone exactamente la lógica contraria: el desecho, los productos que no cumplen los estándares de calidad y consumo, son exportados al Sur como desperdicio. EE.UU. se encuentra entre los tres países que a nivel mundial utiliza más fármacos y pesticidas en la producción agrícola y cárnica, con índices desorbitantes de glifosato, anabólicos y antibióticos, desembocando en condiciones graves de salud a causa de su consumo. Este es -sin reparos ni remedios- el Nuevo Ecuador. Este TLC no solo llevará a la quiebra de miles de trabajadores y trabajadoras, sino a la enfermedad de millones.
Por otro lado, se acerca una crisis energética que parece inminente, y que la inoperancia programada del gobierno no pudo demorar lo suficiente. Reportes de que en la represa de Mazar se registra una caída de la cota de al menos 13 metros y que la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair opera solo al 44% de su capacidad por estiaje, suman a la alarma de déficit elevado el pasado 17 de marzo por el Cenace, que solicitó a la empresa privada autoabastecerse de electricidad. Esto ocurre en medio de una crisis político-comercial con Colombia que agrava situación y coloca al país en una posición de desventaja frente a la posibilidad de necesitar comprar masivamente electricidad al país vecino. Los apagones del 2024, que llegaron a 14 horas diarias, causaron el decrecimiento económico del país, una contracción económica del 2%. Se perdieron aproximadamente 2.000 millones de dólares, siendo como siempre la clase trabajadora la más golpeada.
Ni adelantar elecciones ni anular casilleros electorales podrá salvar al narco gobierno de la crisis a la que se va a enfrentar. Noboa no ha escatimado en el uso de la violencia extrema por parte de los aparatos represivos del Estado, ahora dirigidos, entrenados y asesorados por fuerzas extranjeras. Finalmente, como planteaba Poulantzas, el cambio de forma de Estado democrático a fascista se cataliza precisamente por la crisis de hegemonía de la burguesía, que requiere de normalizar la excepcionalidad para mantener el control. Nos enfrentamos tanto a una indefensión aprendida colectiva, como al uso de la extrema violencia y la hipervigilancia para el control de poblaciones y territorios. La situación es alarmante.
Las operaciones militares conjuntas con el Comando Sur de los EE.UU. en Guayas, El Oro, Esmeraldas y Santo Domingo, dejan un saldo momentáneo y mediático de reducción en delitos como extorsión, secuestro y robo común. Sin embargo, los bombardeos en zonas remotas del país –al menos una contra población civil totalmente ajena al crimen organizado- no transforma la realidad de la violencia y las operaciones del crimen en los centros poblados más agredidos del país, y ciertamente no atacan al narco incrustado en el centro del poder político. Por otro lado, las cárceles siguen abarrotándose con 2.000 nuevas PPL que ingresan a un sistema de exterminio o de reclutamiento precisamente para el crimen organizado.
El poder realmente existente, que en este país se estructura en el narco como eje articulador entre el extractivismo minero, la agroindustria y el empresariado, están creando la tormenta perfecta, que combina el uso de la extrema violencia como bombardeos internos, más militarización, hipervigilancia, persecución y criminalización, y la precarización extrema de la vida, para imponer su agenda de despojo intensivo.
Ejemplo de esta intersección entre el narco, la minería y la agroindustria que caracteriza a la lumpen burguesía nacional, es como la familia Noboa es protagonista de varios conglomerados empresariales beneficiarios del Estado. El Grupo Nobis –de la familia del presidente- explota bajo la empresa Silvercorp Metals el 10% (170.000) de las hectáreas concesionadas a la explotación minera en el país (1,6 millones); al tiempo Noboa Trading tiene nexo directo con 8 contenedores contaminados con alcaloides decomisados entre 2020 y 2025–según la Revista Raya- cuatro en territorio ecuatoriano y cuatro en Europa. Por su parte, el Banco del Litoral, de la misma familia, consigue un crecimiento extraordinario del 582% en solo un año. Desayuno escolar, Olón, Petro Noboa, etc.
En este punto es importante recordar que en efecto, hay élites minúsculas que acumulan, que generan ganancia gracias a la precarización de la vida de las inmensas mayorías. Estamos atravesando un periodo en el que la explotación se intensifica a velocidad exponencial, ahorcando cada vez más a la clase trabajadora. Ahora, esta misma clase en el poder, nos impone flexibilización laboral por medio de acuerdos ministeriales, expansión de la frontera minera con la reapertura del Catastro, persecución e intimidación a la organización popular, acuerdos de libre comercio con EE.UU. que destruirán a la poca y cara industria y campesinado nacional, mientras militares nativos y yanquis desfilan por las calles y territorios imponiendo el terror.
El Nuevo Ecuador servil a los nuevos regímenes autoritarios como el tecnofascismo yanqui, facilita el recrudecimiento de los antagonismos de clase. Esta lumpen burguesía ofrece al país de laboratorio para aplicar control interno a la organización popular y social, con la automatización de la vigilancia y el control con empresas como Palantir o Anthropic AI. Esto les permite la monopolización de la explotación para satisfacer la voracidad de consumo de los EE.UU. en medio de la guerra que definirá el resto de la historia de la humanidad. La doctrina Donroe defenderá su posición hegemónica en el continente hasta las últimas consecuencias. Apoderarse de los recursos naturales de los pueblos y naciones que conformamos América es vital para los EE.UU., que necesita solventar su necesidad energética, ahora más que nunca. Por nuestra parte, nos enfrentamos a la destrucción del campo popular y a la desmovilización generalizada. Cada vez nos acercamos más a un punto de inflexión en el que colectivamente vamos a tener que dar una respuesta. Estemos a la altura de la historia.