Escudo de las Américas: Colonias Unidas de EE.UU.

NOBOA TRUMP NARCOPEDÓFILOS
Lunes 9 de Marzo de 2026

El 7 de marzo de 2026, EE.UU. inauguró un nuevo momento geopolítico en el continente americano. Los 12 regímenes títeres que el imperialismo yanqui impone en la región, se dieron cita en Miami, capital mundial de la gusanera lacaya y anticomunista latinoamericana, para recibir órdenes mayores acerca de cómo corresponder a la deuda que sostienen las élites con Donald Trump y CIA., por sostenerlos a ellos en el poder.

El Nuevo Ecuador, Argentina, El Salvador, Chile, Costa Rica, Bolivia, Paraguay, Panamá, Honduras, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Guyana, figuran en la nueva alianza neocolonial impuesta sobre el eterno “patio trasero” de Estados Unidos. El arrodillismo esbirro al imperialismo, tiene nombre y apellido en cada nación latinoamericana.

Los Noboa, Bukele, Kast, Milei, Paz y demás indignos esperpentos políticos de la ultraderecha continental, asistieron al acto ceremonial de lanzamiento oficial del “escudo” como súbditos coloniales, además de aceptar a lomo agachado la bota imperialista sobre los pueblos de América Latina, declarados como territorios de sacrificio para sostener el imperialismo yanqui.

En medio de una puesta en escena mediática que asemeja a un relato de los Avengers o cualquier comic de Marvel o los DC Comics -incluyendo paralelas visuales directas entre el patético logo de la cumbre- un hacendado presidente megalómano, realizaba su sueño de infancia: aparecer en una fotografía junto a su ídolo, el presidente de los EE.UU. y líder del autoproclamado “mundo libre”; su protector, su capitán América: Donald Trump.

Una cumbre política que reinaugura el ministerio de las colonias de EE.UU., considerando a todo el hemisferio como su patio trasero y por ende su propiedad individual irrefutable -desde que el infame James Monroe emitiera su doctrina en 1823- posiciona al Ecuador como un lacayo estratégico sin precedentes: el Plan Colombia se reedita en el Nuevo Ecuador, volviendo a repetirse la historia como farsa o relato patético, incluidos los videítos de TikTok.

A la cumbre Shield of the Americas fue encomendada la propia Kristi Noem -como enviada especial de Trump, amiga personal Daniel Noboa y ex Secretaria de Seguridad Nacional, a cargo de la milicia público-privada antimigración ICE, con quien Noboa mantuvo una reunión privada tras la cumbre de las colonias.

El encuentro de articulación de la nueva ultraderecha arrodillista y servil al orden mundial inaugurado por EE.UU. bajo la Doctrina Donroe, incluye intenciones de un posible envío de tropas ecuatorianas -y latinoamericanas- para servir de mercenarias en sus conflictos imperialistas. En términos históricos, los pueblos racializados siempre sirvieron de la carne de cañón en las guerras sucias de EE.UU. Adicionalmente, la milicia personal de Donald Trump, ICE -Immigration and Customs Enforcment- podría desplegarse en cualquiera de los territorios alineados para aterrorizar a la población local, como durante las olimpiadas de invierno en Italia en enero de 2026.

En términos geopolíticos, el Nuevo Ecuador es un territorio ocupado. La lógica de ocupación estadounidense en el Ecuador, se materializa por medio de tres canales principales, mismos que se establecieron en el orden siguiente. 1. Imperialismo financiero: el Ecuador se convirtió en 8 años en el tercer país más endeudado con el Fondo Monetario Internacional a nivel mundial, -con una deuda total del Estado equivalente a USD 91 mil millones, de los cuales USD 12 mil millones corresponden directamente al FMI-;

2. La dependencia económica crónica de una economía dolarizada y dependiente como el Ecuador y su fuga crónica de capitales, provocó un círculo vicioso de pago de deuda por medio de contratación de más deuda con el imperialismo financiero yanqui. En la actualidad, la única política financiera exterior del Ecuador se enfoca en intentar aplazar a toda costa una situación inevitable de impago o bancarrota;

3. La apertura de una segunda oficina de Palantir, para desarrollar en el Ecuador la maquinaria tecnológica que servirá para hipervigilar y eliminar no solo a la organización popular en el país, sino en la región.

4. A cambio, EE.UU. impuso sucesivamente un régimen de ocupación militar territorial en el Ecuador. Lenín Moreno permitió la reapertura de la Oficina de Cooperación en Seguridad apenas comenzó su mandato. En 2022, bajo el mandato fracasado de Guillermo Lasso, el Senado de EE.UU. pasó el primer Acuerdo de Asociación Bilateral -US-Ecuador Partnership Act of 2022- en la historia entre ambos países. A puertas cerradas y en los últimos días del agónico gobierno del banquero Lasso en octubre de 2023, este firmó un memorando de entendimiento denominado Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas -SOFA, por sus siglas en inglés-, con el entonces embajador yanqui Michael Fitzpatrick permitiendo la actuación irrestricta e impunidad absoluta de fuerzas militares en territorio ecuatoriano.

Tras la imposición del actual gobierno títere de Daniel Noboa, la ocupación militar estadounidense se aceleró radicalmente. Del soñado “portaviones natural” de Oswaldo Jarrín en 2019, al contundente fracaso en la consulta antipopular y referéndum de Noboa en noviembre de 2025, se ha logrado concretar que tengamos “botas yanquis en tierra”. A pesar de un rotundo rechazo popular en las urnas -mayor al 60% en todas las preguntas, negando rotundamente la instalación de bases militares extranjeras, el dictado de EE.UU. se impuso por sobre la Banana Republic que hace años prescindió de su soberanía.

Aquí se inserta el metarelato que sostiene y entrelaza la lógica entera de ocupación neoimperialista, del cual el Nuevo Ecuador parece ser el epicentro: el narcoterrorismo. Este significante vacío en el que caben tanto la Revolución Cubana -Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Cuba el 4 de marzo-, el chavismo en Venezuela o cualquier proceso contrario al arrodillismo absoluto ante el imperialismo, así como la defensa colectiva del territorio ante la depredación minera en el Ecuador. El narcoterrorismo, desde la lógica del enemigo interno enmarca a la oposición política y justifica su eliminación. Recordemos que no nos matan por terroristas, sino que nos llaman terroristas para matarnos. En este sentido EE.UU. proyecta tanto a Cuba, como Venezuela, Colombia y Brasil como “enemigos internos”, en un continente que considera como su propiedad inalienable.

En medio de una cortina de humo mediática, el pasado 4 de marzo se anunciaba con bombos y platillos el inicio oficial de operativos militares conjuntos entre EE.UU. y Ecuador para combatir al narcoterrorismo en territorio nacional. Como saldo inicial, se incluyen denuncias del reciente bombardeo a un supuesto campo narcoterrorista en Sucumbíos el 4 de marzo, como un ataque de falsa bandera a población civil campesina, con denuncias de ataques a viviendas deshabitadas y desplazamiento forzado de la comunidad afectada.

El Nuevo Ecuador bajo la responsabilidad e intereses directos del clan Noboa, se convirtió en un megapuerto narco-minero-militar al servicio explícito de los Estados Unidos. Las élites parasitarias que imponen el relato del enemigo interno, tan servil a la remontada imperialista yanqui, sueñan con la eterna ilusión de blanquearse lo suficiente como para llegar a parecerse a quien los desprecia y humilla públicamente como sus perros falderos. “No tengo tiempo de aprender su maldito idioma”, declaraba Trump en la cumbre de las colonias, mientras el Ministro de Guerra yanqui, Pete Hegseth, mostraba el saludo romano frente a los 12 mandatarios títeres del supuesto patio trasero de EE.UU., volviendo a develar la degeneración ideológica del régimen estadounidense hacia el tecnofascismo. El fascismo como régimen y momento histórico, no es nada más ni nada menos que capitalismo en crisis.

En términos político-ideológicos, tras el bombardeo a Venezuela el pasado 3 de enero y la cumbre del Escudo de las Américas, Estados Unidos inaugura un régimen continental de fascismo neocolonial, bajo el cual tanto los territorios -por sus recursos minerales y biológicos- como también los pueblos, nos volvemos zonas y sujetos de sacrificio.

Tanto la depredación imperialista en aspectos extractivos -el Nuevo Ecuador firmó un acuerdo de suministro de exclusivo de tierras raras para EE.UU. el 20 de febrero- como también el potencial envío de mercenarios ecuatorianos a los conflictos bélicos que provoca Estados Unidos a nivel global en lo que entiende estratégicamente como un proceso de reconquista, convierten a nuestros territorios y pueblos en carne de cañón para la acumulación capitalista.

Los pueblos de América juzgaremos a los esbirros y traidores de las burguesías locales, prestas desde inicios republicanos a servir de instrumentos de despojo y ocupación de nuestros territorios. La historia, la de la lucha de clases, no olvida a los lacayos que sacrifican todo a su paso, con tal de satisfacer los deseos de sus amos del Norte.

La historia no los absolverá.

 

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