Bolivia y Colombia: aquí hay pueblos dignos, yanquis de mierda

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Lunes 1 de Junio de 2026

La renovada política de patio trasero anunciada e impuesta por EE.UU., constituye una declaración de guerra franca en contra de todos los pueblos del continente. El neocolonialismo yanqui se asienta en todas las latitudes de su declarado “hemisferio occidental”, por medio de la divisa del “plata o plomo”. En medio de la agudización de las amenazas de invasión y el asedio genocida en contra de Cuba y su Revolución, el intervencionismo estadounidense vuelve a concentrarse tanto en Bolivia como en Colombia.

Bolivia por su parte inicia el segundo mes de Huelga General Indefinida en contra del régimen arrodillista de Rodrigo Paz, -tan solo la más reciente ficha de Washington-, mientras Colombia pasó por la primera vuelta electoral el 31 de mayo, con una jornada caracterizada por inconsistencias graves, empezando por el encargo del escrutinio a una empresa privada extranjera y una injerencia directa tanto desde EE.UU. como desde Carondelet.

Para variar, Daniel Noboa y el meme en el que se ha convertido el Nuevo Ecuador no pudo quedarse por fuera de la polémica: desde febrero de 2026, Noboa provocó una verdadera guerra arancelaria, argumentando una “tasa de seguridad” inicial del 50% a todas las importaciones provenientes de Colombia, para incrementar el arancel a un %100 tras reuniones con el propio Álvaro Uribe Vélez. Tan solo tres días antes de la primera vuelta electoral en Colombia, Noboa se reunió también con Abelardo de la Espriella, para anunciar súbitamente el levantamiento de los aranceles a partir del 1 de junio, como un supuesto “logro” diplomático anticipado del comodín de Wahington en Colombia.

Tras cuatro meses de millonarias pérdidas comerciales -alrededor del 50% en decrecimiento en el comercio binacional-, producto de la guerra arancelaria provocada por Noboa y CIA. en una de las regiones que presuponen ser bastión electoral del Pacto Histórico -Nariño y Cauca-, Ecuador anunciaba el levantamiento inmediato de aranceles como logro político, mientras tan solo cumplía con un dictamen de la Comunidad Andina de Naciones, organismo que fungió de árbitro en el conflicto.

Los datos preliminares de la primera vuelta electoral en Colombia dio una ventaja al cuadro de ultraderecha Abelardo de la Espriella, con un aproximado 44% de votos, frente a Iván Cepeda -línea de continuidad del Pacto Histórico del presidente saliente Gustavo Petro-, con un 42%. La nueva normalidad de injerencia imperialista en la región, se refleja no solo en la manipulación mediática y propagandística de la democracia burguesa en su deformación más fantasmagórica, sino que también refleja la doble moral de una oligarquía que jamás aceptaría sus propias reglas de juego: cuando conviene, la palestra político-electoral se propicia como catapulta de una legitimidad moralista, embistiendo a gobiernos con el sacrosanto velo democrático, entendido como carta blanca para imponer dictados de agendas imperiales, como en el Nuevo Ecuador, Venezuela, Argentina y últimamente también en Bolivia y Colombia.

En diciembre de 2025 cuando Paz emite el Decreto Supremo 5503, con el que eliminó el subsidio a los combustibles, medida que elevó el costo de la gasolina y el diésel al doble, encareciendo el costo de la vida y golpeando a la economía de la clase trabajadora. Este decreto llevó a movilizaciones que estuvieron escalando aceleradamente hasta que en enero de 2026, la dirigencia de la Central Obrera Boliviana -COB- decidió sentarse en mesa de diálogo con el gobierno. Las mesas lograron el objetivo del gobierno: desmovilizar, mientras no frenarin la medida que anuló los subsidios, y por lo tanto la vida de las y los trabajadores siguió deteriorándose diariamente de manera insostenible. La dirigencia de la COB entre otras dirigencias tuvieron que reconocer el error de las mesas.

El paso 10 de abril, mediante el decreto 1720, Paz atentaba nuevamente en contra de la clase trabajadora, agrediendo a la pequeña propiedad campesina en favor de la agroindustria. El 9 de mayo, este decreto fue abrogado por completo reconociendo su inconstitucionalidad. Sin embargo, a partir de esta nueva agresión de la oligarquía boliviana de la mano del presidente, despertaron una serie de demandas que fueron acumulándose desde la eliminación de los subsidios a los combustibles, como la oposición masiva a la privatización de empresas públicas; el mantenimiento de la soberanía sobre los recursos naturales; la defensa de la Salud y Educación públicas; la protección de la pensión de las y los trabajadores, un aumento del 20% al salario básico, entre otros.

Para el 1 de mayo, la COB convocó a un gran Cabildo Nacional en la Ciudad del Alto, al que acudieron organizaciones populares y movimientos de 9 departamentos. El Cabildo tuvo como primera resolución la declaración y convocatoria a la Huelga General Indefinida, como medida de presión contra la política económica de Rodrigo Paz, y la atención inmediata a las demandas de los pueblos de Bolivia. Sin lugar a dudas las bases han sido las que han logrado despertar a todo el pueblo a lo largo de Bolivia, que ahora mismo se presenta como una antorcha de esperanza para todo el continente. Un proceso de rebelión desde abajo caracteriza a las movilizaciones en Bolivia, que inmediatamente convocadas no permitieron ningún desvío ideológico ni programático de las dirigencias.

Desde el inicio de las movilizaciones, varias organizaciones populares y de derechos humanos han denunciado apresamientos masivos con la tortura como norma. Así mismo, existen denuncias sobre presuntas formulaciones arbitrarias de cargos por sedición y terrorismo en contra de campesinos y trabajadores. Por su parte, la Defensoría del Pueblo de Bolivia reconoce 7 muertos, 23 heridos y 321 detenidos –200 liberados, 10 sentenciados y 89 imputadas penalmente- durante la huelga general, tan solo hasta el 24 de mayo. El 23 de mayo durante los operativos que la burguesía latinoamericana ha decidido llamar “corredores humanitarios”, murió por impacto de bala en la cervical, un manifestante de 23 años.

En este abanico de posibilidades de imponer el dictado de un supuesto libre mercado y la libertad capitalista representados por EE.UU., la diplomacia imperial presupone un sinnúmero de posibilidades de injerencia: pasando por bombardeos a capitales suramericanas y secuestros de presidentes constitucionales, hasta el genocidio lento que vive Cuba por más de 6 décadas por medio del bloqueo más largo de la historia. No olvidemos que Bolivia tuvo un golpe de Estado en 2019 –preludio de Elon Musk- y Colombia se encontró ocupada de forma oficial por 20 años con el Plan Colombia y el propio padre del paramilitarismo, Álvaro Uribe, a la cabeza.

El propio Gustavo Petro habría denunciado graves irregularidades en la primera vuelta electoral, en la cual se habrían contabilizado más de 850.000 cédulas inexistentes por medio de la empresa privada Thomas Greg and Sons, además de una filtración masiva de datos electorales del CNE en Colombia, justamente el 31 de mayo, día de las elecciones. Adicionalmente, el ausentismo electoral corresponde a un máximo histórico del 43%.

Por otra parte, la amenaza de una intervención militar yanqui también ha asediado a Bolivia, con apagones de luz y señal de internet en el Trópico de Cochabama, donde el dirigente y ex presidente Evo Morales está resguardado en su comunidad y sindicatos cocaleros. Así mismo, el Secretario de Estado de los EE.UU., Marco Rubio, ha declarado en múltiples ocasiones su respaldo a Paz, así como ha utilizado lenguaje para criminalizar a las manifestaciones como terroristas y manipuladas por la izquierda y el progresismo boliviano.

Este 31 de mayo, al cierre del primer mes de paro en Bolivia, el país amanecía con 89 puntos de bloqueo a nivel nacional, desabastecimiento general en La Paz y otras grandes ciudades, y con la ratificación y reforzamiento de las medidas de movilización. Las barriadas, el magisterio, los sindicatos y las diversas organizaciones campesinas, indígenas y obreras instruyeron fortalecer los bloqueos, marchas y movilizaciones, además de ratificar que no sostendrán ningún diálogo con el Gobierno Nacional.

Tanto Bolivia como Colombia no solo marcan el camino en cada uno de sus escenarios, tanto de lucha colectiva en las calles como en el ámbito político-electoral, sino que constituyen un reflejo situacional para cualquiera de los territorios del continente. Volvemos a ser el laboratorio de experimentación de técnicas de imposición imperialista, ya sea por la IA, la injerencia en procesos electorales o el sostenimiento de regímenes autoritarios como en Argentina, Ecuador o Bolivia.

Ante todo, volvemos a enfrentar a la maquinaria imperialista en su máxima expresión de decadencia y virulencia: EE.UU. se encuentra perdiendo terreno en términos históricos de manera irreversible, por lo cual vuelve a clavar sus garras en lo que considera su patio trasero. Mientras la hegemonía estadounidense se resquebraja y desmorona sin vuelta atrás, pretende llevarse a cuántos pueblos pueda consigo. Nuestro continente vuelve a ser campo de disputa, indicando también un cambio geopolítico de niveles históricos. A pesar de todo y una vez más, Cuba demuestra algo que los imperialistas parecen no entender: aquí hay pueblos dignos, yanquis de mierda…

 

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