La "U" libre de acoso

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Hace escasos días, el 8 de Junio del año en curso, el organismo rector de la Universidad Central del Ecuador hizo pública la resolución mediante la cual se destituye de su cargo docente  a Hernán C., ex catedrático de la Facultad de Artes, tras haber sido comprobadas las denuncias en su contra por acoso sexual.

La medida ha sido tomada tras la denuncia de una estudiante, quien fue acosada por el docente durante cinco semestres. El hecho ha motivado a que al menos una decena  de sus compañeras, que sufrían del mismo tipo de violencia, rindan testimonio y hagan públicos los actos de acoso sufridos en su contra.

Cristina A. presentó su denuncia ante la dirección de Bienestar Universitario hace cerca de un año y medio, pues los episodios de violencia con el  implicado: comentarios, insinuaciones fuera de lugar y contacto físico inapropiado y no consentido, empezaron hace cerca de tres años.

El 30 de mayo del año en curso,  el caso de Cristina pasó a la etapa de investigación, en la cual se recopilan testimonios de la parte acusadora así como de la acusada.  Durante este proceso hubo irregularidades en las audiencias, las versiones fueron alteradas e incluso  hubo intentos de victimizar al docente  a nombre de defender su "honra y buen nombre".

El caso de Cristina demuestra que  cuando la violencia se convierte en práctica cotidiana y naturalizada es necesario ponerle un freno. Decimos esto pues durante el proceso de investigación y recepción de testimonios, se supo que el profesor acosador incurrió en actos de intimidación en contra de las estudiantes que dieron su testimonio.

Pese a la destitución, al amedrentamiento y demás faltas cometidas en detrimento de la comunidad universitaria y el bienestar integral de todos y todas sus participantes, se sabe de manera extra oficial que el docente no va a ser completamente separado de la Universidad hasta que esta decisión sea ratificada por el Consejo de Educación Superior (CES).

Uno de los aspectos destacables en torno a este caso, tiene que ver con toda la solidaridad y el apoyo que han brotado desde los sectores estudiantiles universitarios hacia Cristina A., pues se han realizado diferentes actividades como plantones y movilizaciones, que de alguna forma pretenden hacer presión sobre los resecos y  vetustos engranajes que hacen funcionar a la burocracia universitaria.

La cobertura mediática y la difusión que alcanzó el caso en redes sociales bajo hashtags como   #UCEsinacoso  y #YoSíTeCreoCristina,  herramientas que han ayudado a que denuncias como la de Cristina A., sean visibilizadas y puedan ser respaldadas por la comunidad universitaria interesada en erradicar el acoso en las aulas e instituciones educativas.

Si bien la resolución de la denuncia ha sido en alguna medida “consecuente” con la afectada, y el agresor ha sido denunciado penalmente ante la fiscalía, el proceso deja entrever varios elementos que apuntan a que la solución a la problemática del acoso está lejos de acabar.

La violencia ha sido el elemento común en los procesos de construcción de las relaciones sociales en la modernidad capitalista. Casos como este nos demuestra que mientras no avancemos hacía nuevas formas de relacionarnos entre pares, difícilmente podremos dejar de hablar de episodios  como el ocurrido con Cristina A. 

Destacable también la "celeridad" con la que se trató el caso desde la dirección de Bienestar Universitario, la falta de protocolos para afrontar este tipo de casos, pues según Nilka Pérez, directora del organismo, apenas a partir del 17 de diciembre del 2017 la universidad cuenta con un protocolo de actuación ante casos de violencia de género y acoso sexual.

Otro aspecto a señalar  es la falta protección por parte de las institución educativa hacía las denunciantes y testigos, pues como mencionamos, varias sufrieron amedrentamientos, que si  bien en esta oportunidad no fueron sino un rastrero intento de desviar, acallar, o impedir testimonios, en futuros casos la indefensión de las víctimas y testigos podría dejar situaciones aún más graves que lamentar.

Casos como el de Cristina nos obligan a repensar el ambiente en el que se desenvuelven los estudiantes y las situaciones que se replican diariamente y quedan impunes. Ante la violencia patriarcal, ante la inoperancia administrativa, ante la apatía institucional, serán la organización en acción, la solidaridad estudiantil, la denuncia valiente, los elementos que marquen la pauta.

 

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