Ideología y propaganda

puñito
Martes 3 de Agosto de 2021

En la actualidad, ante el paradigma dominante de un momento histórico supuestamente “pos-ideológico”, resurge la necesidad de delinear, de forma general, los lineamientos y acercamientos conceptuales al propio término de ideología. Después del mundo bipolar, dividido durante la Guerra Fría entre el bloque socialista y el campo capitalista -y el triunfo del este último en términos materiales-, intelectuales como Francis Fukuyama declararon el “final de la historia”, planteando la “muerte” de toda ideología. Sin embargo, todo elemento que rige el orden de las ideas, materializado desde la más mínima actitud individual, a las acciones colectivas frente al mundo, se encuentra permeado y cargado de contenidos ideológicos puntuales y específicos, por más ínfimos que estos puedan parecer. En esto reside el objetivo de la ideología liberal o capitalista: el imposibilitar su identificación dentro de enunciados y contenidos que aparentan carecer de carga ideológica. La aparente muerte de las ideologías termina siendo el propio enunciado ideológico. Por tal motivo, en las siguientes líneas reflexionamos respecto a lo que es la ideología.

¿Qué es la ideología?

Los sistemas ideológicos constan como el fundamento de la multiplicidad de formas de ver el mundo y sus respectivas representaciones. Pueden considerarse como un “sistemas de creencias” que se articulan a lo largo de una narrativa específica, enmarcada en una jerarquía de valores, como metarelatos. Tales sistemas se encuentran intrínsecamente ligados a religiones, cosmovisiones, doctrinas políticas, movimientos populares, corrientes culturales, artísticas, estéticas, etc. Los sistemas ideológicos regulan la totalidad de las relaciones humanas desde sus rasgos más fundamentales. Partiendo desde el comunismo científico, las ideologías son las superestructuras, las cuales guían los diferentes relatos acerca del mundo y sus significados.

Los metarelatos ideológicos pueden adquirir rasgos jerárquicos, como en el caso del capitalismo, o por el contrario, rasgos antijerárquicos, como en el comunismo. Todas las ideologías parten de concepciones filosóficas y políticas, ya que sus objetivos serán siempre políticos. Las ideologías en términos abstractos, reflejan una cierta relación de poder, encaminadas a bien sostener esta relación como tal o a modificarla radicalmente. En términos prácticos, las ideologías se encuentran encaminadas a entretejerse en la conciencia colectiva del tejido social. Para tales fines, desde el materialismo dialéctico se explica la ideología liberal capitalista, como una suerte de “falsa conciencia”, la cual oculta un trasfondo de ideas que estructuran al mundo y las sociedades en términos de relaciones de poder.

En un principio, el término ideología denomina el estudio de las ideas, su contenido y su origen. Slavoj Zizek, define ideología como el: “proceso de producción de prácticas y sentidos cuya función es la producción y legitimación de relaciones de poder”. En nuestro afán por entender y explicar el mundo, las personas humanas desarrollamos conceptos e ideas para describir -y sobre todo- interpretar nuestra realidad material. En este sentido, la ideología es un conjunto de ideas que, una vez arraigadas en lo social, se reproducen sin reconocerse como aparatos que reflejan y sustentan relaciones de poder. De tal manera, la ideología pasa a ser un elemento fundamental del mantenimiento de un estatus quo determinado, legitimando al mismo en términos de la producción de ideas en la sociedad. La ideología hegemónica ejecuta como función primordial el ocultamiento de las relaciones de dominación.

Siguiendo a Zizek, la ideología atraviesa por tres momentos:

- primero como ideología en sí, entendido como el propio conjunto de ideas;

- segundo como ideología para sí, el cual pasa a englobar los aparatos ideológicos del Estado y su propia materialidad; y

- tercero como ideología en y para sí, el cual explica el momento de entrada en funcionamiento de elementos ideológicos en las prácticas sociales. Respecto a este tercer momento, el cual resulta fundamental en términos de compresión de la ideología, representa el momento en el cual como agentes sociales y políticxs nos insertamos en aquellas estructuras simbólicas, las cuales pasan a regular las prácticas y representaciones sociales de forma determinante.

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La hegemonía ideológica capitalista: la posverdad

Dentro de las relaciones sociales y la lucha de clases, la ideología hegemónica siempre se reproducirá y replicará acorde al sistema de dominación: el capitalismo. La lucha por la hegemonía en el campo ideológico, es la lucha por la significación de las ideas, su centro de generación de sentidos. Gramsci reconoce que aquella lucha de y por las ideas, es el elemento central para la generación de una consciencia revolucionaria, o bien el dominio subconsciente del sistema al colectivo. La lucha por el espacio central de los significantes que generan los sentidos es, en definitiva, la lucha entre los metarelatos que determinan y legitiman el sistema capitalista.

En esta lógica, la labor propagandística es la articulación discursiva de una determinada ideología, para su difusión masiva, orientada en un elemento del metarelato ideológico, para incidir en la conciencia colectiva. Así, cualquier dispositivo destinado a la comunicación, sea un símbolo, una imagen, un texto, una pieza musical, o incluso un objeto, adquiere una significación que se ordena en el metarelato ideológico.

La función misma de la ideología es imposibilitar el reconocimiento de un elemento ideológico. La ideología funciona como un universo determinado de ideas que parecen ocultas, en cuanto a su contenido específico, permitiendo su réplica, apropiación y manifestación por parte de todo aquel que las internalice, inmiscuyéndose en un primer plano en las prácticas sociales. De tal manera, el contenido ideológico se oculta, cumpliendo con su objetivo del no reconocimiento de lo ideológico en sí.

En este sentido por ejemplo, la categoría del fetichismo de la mercancía consistente en el proceso de desarrollo de la fantasía capitalista en práctica social, y se alcanza en el momento en el cual la ideología parece dejar de serlo. En la actualidad, la ideología hegemónica se guía por el metarelato de la pos-ideología, caracterizada por su cinismo estructural, dentro de la cual el concepto de la posverdad es determinante. La ideología capitalista impone la posverdad para encubrir su propia generación de sentidos –que legitiman y sirven al sistema- e inundar el imaginario colectivo con sus símbolos y significaciones.

Conciencia revolucionaria

La lucha ideológica por la generación de sentidos es la más elemental de las luchas en la articulación de la conciencia revolucionaria. Dentro de la misma, es central evidenciar el carácter de explotación tras la lógica sistémica capitalista, su fundamento depredador en contra de la vida y sus mecanismos de cohesión y dominación por cualquier medio. Ante el ocultamiento capitalista tras el enunciado de la pos-ideología y la pos-verdad, la labor ideológica de las clases populares debe centrarse en la necesaria radicalización de los conceptos. En este sentido, es fundamental comprender que la construcción de sujetos revolucionarios se basa en la articulación conjunta de las luchas de los pueblos, siendo el primer frente: la ideología. Esta necesariamente tiene que plantear la contrapunta absoluta del capitalismo, que es la destrucción de toda jerarquía o clase de cualquier tipo, que garantice la posibilidad del comunismo.

 

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