Verdad y reconciliación: la otra cara de la guerra interna en el Perú (1980-2000)

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Viernes 22 de Noviembre de 2019

Mi primer recuerdo del Partido Comunista del Perú, más conocido como “Sendero Luminoso” (PCP-SL), proviene de una televisión a blanco y negro, pequeña, amarillenta, posada en lo alto de la cómoda de mi bisabuela. Un hombre barbudo, misterioso, de vez en cuando aparecía en los noticieros de la época, era Abimael Guzmán, el “presidente Gonzalo”, líder máximo del PCP-SL, quien dirigía la “guerra popular” en el Perú desde algún sitio, hasta entonces desconocido.

El 31 de diciembre de 1991, en las vísperas de año nuevo, por inocencia o torpeza, decidí salir vestido de “terrorista” con una gran bolsa de papel café que cubría mi rostro. Mi tía abuela, acto seguido y diciéndome entre risas “¡no digas pendejadas!”, tomaba mi mano para ir a “dar una vuelta” por los “viejos” del pueblito dónde vivíamos.

Empezaba así el año 1992, meses después, exactamente el 12 de septiembre, caería preso Guzmán en Lima y así el proyecto de “República de Nueva Democracia” en el Perú, llegaba a su fin. La guerra interna dejaba una estela de más de 70.000 víctimas mortales, las acciones militares del PCP-SL, el ingreso del ejército peruano a las “zonas guerrilleras”, principalmente en la sierra y en la capital del país, dejaban una herida abierta hasta el día de hoy.

El oficio periodístico, requiere desde la perspectiva militante, acercar objetivamente los hechos y contar la realidad más allá de apreciaciones personales, de las simpatías o antipatías; tarea de por sí difícil. La violencia desatada en una guerra, sea del tipo que sea, nunca es olvidada, la memoria guarda rencor y necesidad de revancha, solo una férrea voluntad e interpretación de la historia que asuma los errores de su marcha, puede llevar a la verdad y reconciliación. Entiendo perfectamente lo delicado que significa hablar de la guerra interna en el Perú (1980-2000), tanto para la sociedad peruana como para la comunidad internacional. 

Los días 6 y 7 de noviembre de este año, en el marco del II Foro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, realizado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), evento organizado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH), al que acudieron representantes del Instituto Jurídico e Investigación Jurídica “Ratio Uris” y de la Asociación Civil de Excarcelados políticos del Perú (ACEPP),  organismos considerados los “brazos políticos y sociales” del PCP-SL.

De estatura mediana, tez morena, con la evidencia del pasar de los años, converso con los vicepresidentes de la ACEPP y “Ratio Uris”, Rolando Camacho Rojas y Alex Puente Cárdenas. Durante poco más de una hora en una especie de tira y afloja entre mi interés investigativo – un libro que en algún momento espero terminar de escribir – y su discurso de defensa de los derechos humanos, hablamos brevemente de las “Luminosas Trincheras de Combate”, la captura y defensa del “Dr. Guzmán”, a quien hacen referencia con una admiración única, el pos conflicto y el embrollo legal de la defensa de los acusados por terrorismo.

“Da para una tesis” el tema, hago énfasis en el sentido periodístico de la entrevista. “No se trata de acceder al testimonio directo de quienes participaron en el conflicto por rédito personal”, gran cantidad de “senderólogos”, como se ha denominado a quienes investigan el fenómeno subversivo en el Perú, merodean a los involucrados y a veces, desdibujan sus versiones. Hago referencia al libro “La guerra senderista. Hablan los enemigos”, de Juan Zapata, como una de las obras más objetivas que he podido leer. Enseguida noto un reproche, “la profesora Iparraguirre – número dos en la estructura del PCP-SL – no está de acuerdo con lo que se dice en ese libro”, comentan los entrevistados con seriedad.

Noto recelo y desconfianza, casi naturales diría. Me recuerda otras experiencias en calidad de entrevistador a miles de kilómetros de la cordillera de los Andes. Trato de abordar las masacres de los penales en Lima durante los años 80 e inicios de los 90, el simbolismo de las “Luminosas Trincheras de Combate” (LTC). Noto un lenguaje de raigambre maoísta, me transporta a los testimonios de los prisioneros que aparecen en el documental inglés “The people of the shining path” (La gente de Sendero Luminoso), una de las pocas piezas cuasi etnográficas que relata desde la perspectiva de los militantes, simpatizantes y colaboradores del PCP-SL la “guerra popular dentro de los penales”.

Quiero registrar el testimonio de vida de Camacho Rojas, lo aborda muy brevemente, con habilidad lleva la discusión a la reinserción de los ex prisioneros a la sociedad peruana, las imposibilidades legales de trabajar en el sector público, ejercer la docencia, posesión de bienes; no es el hombre quien habla sino el proceso. “Continúan aplicando el derecho penal del enemigo pese a que la guerra terminó, buscan extender el genocidio político” dice con decisión, quitando la hasta en ese momento imagen de pasividad que tenia de él.

Hago énfasis sobre todo en la oportunidad de registrar de primera mano testimonios claves para entender la otra versión del conflicto. Volvemos a la espiral, “para ello usted debería entrevistar a los protagonistas, debería viajar a Lima donde podrá entrevistar a los prisioneros y dirigentes de ese movimiento”. Marca distancia, lo entiendo, a momentos me siento asediado, debo modular el lenguaje, acercarme al hecho con honestidad, no obstante, la invitación se repite con insistencia, mientras me recuerdan que han venido a hablar de los derechos humanos y en nombre de la persecución contra la organización, aunque nunca lo hayan dicho de tal forma, de la que presumo formaron parte en algún momento de sus vidas.

Trato de hacer referencia al libro de José Luis Renique, “La voluntad encarcelada: las "luminosas trincheras de combate" de Sendero Luminoso del Perú”, noto nuevamente un aire de desaprobación, presiento que debo mostrar mi poco conocimiento del “caso peruano” para ganar su simpatía; tengo una muralla en frente mío, una voluntad inquebrantable. 

Vamos a lo polémico, pregunto “¿por qué Abimalel Guzmán debe salir en libertad?”, Puente Cárdenas, vuelve a cargar contra el derecho penal del enemigo, el genocidio político, la pérdida de derechos básicos de los ex presos por terrorismo, “una vez terminada una guerra las partes en conflicto entran en diálogo, se da una amnistía general”, solicitan derechos por igual para policías, militares, políticos, guerrilleros, dirigentes, etc. Denuncian el tiempo de los jueces sin rostro, los tribunales militares, habla del porqué se justifica el cierra del “Penal Militar del Callao”, lugar donde el “presidente Gonzalo” se encuentra recluido. “Ninguna persona debería estar recluida más de 25 años, el cuerpo no da”, “se necesita una solución política a una guerra cuya explicación es política”, pienso en la famosa afirmación de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, frase célebre del militar prusiano Carl von Clausewitz y su clásico libro “De la guerra”.

Trato de hablar de las masacres que se le imputan al PCP-SL, los atentados con coches bomba, sale la discusión del caso Tarata, la imputación de narcotráfico a la cúpula del partido. “¿Cómo es que el partido iba a golpear a un sector de la burguesía que quería ganárselo?”, “varios de esos actos fueron ejecutados por mandos medios y bajos, por iniciativa propia, sin la aprobación del Comité Central”, menciona.

Miro sus rostros, los imagino jóvenes, trato de buscar las secuelas de la historia entre sus manos y brazos, no encuentro nada, solamente una determinación única; hemos llegado a un punto casi muerto, los tres lo sabemos. Me ofrecen la posibilidad de continuar hablando del tema, extienden nuevamente la invitación a entrevistar a los actores de la guerra.

Pienso. Las entrevistas siempre han sido mi debilidad, una gran amiga antes de dejar el país me regaló un libro de entrevistas muy querido por ella, no sé si leerlo me habría preparado de mejor manera; extraño sus correcciones, su rigurosidad, en ese mismo momento.

Vamos cerrando, racionalizo lo complejo del evento que acabo de vivir, en el clima de persecución política que vive el país. Ningún caso es comparable, la historia no mira hacia atrás nunca, no se detiene, el tiempo transcurre y el espacio cambia, se aprende de los errores o se los repite.

Nos despedimos, siento ansiedad ante un encuentro que no habría podido imaginar y que había sucedido en un abrir y cerrar de ojos. Se despiden, manos fuertes aprietan las mías, sonríen, me agradecen por la oportunidad, tengo el mal sabor de haber tenido la posibilidad de haber ahondado más. No fue posible. Quién sabe.

 

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