El NO es una victoria de la organización popular antineoliberal

Lasso cacon
Martes 7 de Febrero de 2023

El 5 de febrero naufragaron las esperanzas de la burguesía banquera-industrial por reformar la Constitución por medio del mecanismo de la Consulta Popular. El pueblo convocado a las urnas, rechazó de manera integral la totalidad de las preguntas consultadas por el oficialismo, a sorpresa del Gobierno Nacional y sus encuestadoras aliadas bajo el rol de pagos. En términos políticos, el presidente y su gabinete de gobierno cimentaron su propia derrota, impulsados por una autocomplacencia que oscila entre una abismal distorsión de la realidad y la abierta decadencia. El oficialismo atraviesa la crisis política más grave desde el pasado Paro Nacional de junio 2022. El NO a la consulta antipopular se perfila como la debacle política más reciente de una administración obsoleta y deficiente, incluso para sectores de la propia burguesía.

El voto negativo del pasado domingo representa la segunda gran derrota en las aspiraciones del presidente de imponer reformas que fortalecen el autoritarismo de Estado, el extractivismo y la concentración de poder. En 2022, sus proyectos legislativos fracasaron, tras una desaprobación por una Asamblea Nacional que se encuentra igualmente deslegitimada. En el escenario pos-consulta, las urnas reflejan la percepción popular respecto a casi dos años del gobierno de la banca. El propio Lasso tardó más de 24 horas en pronunciarse respecto a los nefastos resultados para su gobierno, cancelando una cadena nacional prevista para las 20:00 de la pasada jornada electoral.

Una de las lecciones inmediatas del rotundo no en la consulta es el evidente y directo rechazo popular al proyecto decadente del neoliberalismo y la precarización generalizada de la vida en este periodo de gobierno. El Ecuador es el país más inseguro de la región -más de 4.600 muertes violentas en 2022-, además de tener la deserción escolar más alta de América Latina -200.000 estudiantes en 2022-, y la segunda tasa de desnutrición infantil en el continente -27,2%-. Un Narcoestado que no genera empleo y obliga a su pueblo a la indigencia, la violencia, la informalidad y la migración, esperaba que el voto popular premie reformas propuestas de forma engañosa. Esa es la desconexión crónica y estructural de la clase burguesa con la realidad de la clase trabajadora.

Después de pretender criminalizar inclusive la intención de voto, aludiendo que la campaña por el NO a la consulta era impulsada por el narcotráfico -en palabras del ministro Jiménez-, Lasso intentó minimizar la contundente derrota popular a su figura y su mandato. La segunda lección inmediata, misma que se refiere a la estrategia ideológica del enemigo interno con alusión al crimen organizado, fue igualmente rechazada por el voto popular. La criminalización de la organización popular antineoliberal por parte del gobierno durante y después del Paro Nacional, se encontró con un rechazo colectivo.

El NO contundente en la Consulta Popular demostró dos cosas: 1. Que el pueblo y la clase trabajadora tienen memoria, y están dispuestas a castigar a sus verdugos vía cualquier mecanismo que se les presente; y 2. Que la organización popular es un elemento fundamental para el ejercicio pleno de la democracia participativa. Respecto al primer punto, se evidencia que el triunfo de Lasso en la contienda presidencial del 2021 no fue estadísticamente contundente, y que su deplorable gestión ha generado que gran parte de sus electores cobren conciencia de su figura como lo que realmente es: un banquero involucrado en el feriado bancario y en el crimen organizado ligado a la fuga de capitales y lavado de activos, y lacayo del imperialismo yanqui. Respecto al segundo punto, es de elemental reconocer el extenso trabajo en la campaña por el NO liderado por la CONAIE e Iza a la cabeza, conjuntamente con el resto de organizaciones y movimientos sociales, en un gran pacto popular antineoliberal y de resistencia al modelo de sociedad impuesto por la doctrina del shock. Es decir, el NO representa un triunfo colectivo, además de una conquista de la organización popular, con el Movimiento Indígena a la vanguardia de este proceso.

Sin embargo no todo es festejos para la organización popular. La otra cara de las elecciones celebradas el domingo denota una importante regresión conservadora que se demuestra en la masiva votación por el progresismo. La nostalgia por un pasado mejor, representado por el bienestarismo de la década correísta, nubla la realidad: 1. La nueva generación de progresismos es mucho más conservadora y libremercadista que sus antecesores, así lo demuestran los gobiernos de Fernández en Argentina y Boric en Chile; y 2. La organización popular anticapitalista se ve mermada por el ocultamiento de las contradicciones de clase que se genera en los procesos neokeynesianistas. Es decir, tras una profunda crisis generada por el mismo capitalismo, se reinicia un nuevo ciclo progresista, que impide o dificulta una organización popular suficientemente fuerte como para romper estructuralmente con las lógicas del capital, alejando un poco más el desenlace revolucionario. Precisamente por esta característica contrarevolucionaria, los progresismos son reformistas y pueden constituirse en la antesala al fascismo, distrayendo a la clase trabajadora con mayor capacidad adquisitiva, y radicalizando a la ultraderecha nacional y transnacional.

En definitiva, el rechazo al proyecto antipopular burgués representa una victoria colectiva de la clase trabajadora en contra del capitalismo neoliberal. Mientras el oficialismo llama al gran acuerdo nacional de la banca, la privatización y el Narcoestado, el pueblo y la clase trabajadora llamamos al Gran Pacto Popular Antineoliberal.

En tiempos de claroscuro y de enemigos conocidos, queda como tarea urgente para la organización popular anticapitalista, la construcción de estructuras organizativas que logren neutralizar el efecto contrarrevolucionario de los progresismos, y luchar por una consciencia de clase que logre generar una inquebrantable voluntad colectiva de transformación. Un mundo mejor es posible y necesario, pero solo puede lograrse con cambios estructurales.

 

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