Una re-visita al texto Ciencia, cyborgs y mujeres de Donna Haraway

CYBER

La primera vez que se me propuso escribir para una revista (de izquierda revolucionaria, emperifollada y todo) me dijeron que necesitaban a alguien que escribiese sobre “problemas de mujeres”. En ese momento me di cuenta de que mi condición biológica y política habían hecho intersección en un siniestro esencialismo impronunciable.

El feminismo se ha visto desplazado a públicos y audiencias limitadas y a publicaciones marginales de poco alcance. A las feministas se nos ha visto siempre como un grupo de interés especial únicamente capaz de generar conocimiento alrededor de problemáticas limitadas, más cercanas a la ciencia ficción que al método científico; desconociendo la capacidad de objetividad y transversalidad del conocimiento que podemos producir.

Esta conspiración masculinista propone un manejo del conocimiento desde la totalización, que lleva a generalizaciones acerca de la realidad, proponiendo una sola versión limitada-general de cómo está compuesto el mundo,  basándose en verdades absolutas e intransigentes. Desde esta posición, la búsqueda por el conocimiento se niega a ser un dialogo entre iguales y se manifiesta como uno de los tantos monólogos del poder.

La propuesta de los conocimientos situados de Donna Haraway (feminista cyborg y animalista apasionada)  trata de quebrantar la idea de los binarios opuestos, que eliminan posibilidades transformadoras y creadoras de conocimiento, al ser asumidos como códigos preestablecidos. Es en este contexto los conocimientos situados parten como una alternativa científica, que no quiere limitarse a demostrar los sesgos y prejuicios de las doctrinas de la objetividad, sino desenmascarar la inexactitud de las verdades absolutas planteadas por el esencialismo indibujable.

La objetividad feminista rompe con el ejercicio de  la ciencia como practica de persuasión y con la noción del conocimiento manufacturado como una forma deseada de poder objetivo. Desde la objetividad feminista, ningún conocimiento está separado del contexto en que se formula ni de la subjetividad de quien lo formula, por lo que todo conocimiento es situado y todo conocimiento tiene una carga política discursiva al igual que el sujeto que lo emite.

Partiendo de estas premisas, los conocimientos situados proponen especificar el contexto y la subjetividad tanto del conocimiento como de la investigadora -o investigador-. En parte para crear un sentido de responsabilidad y  ética, y a su vez para evidenciar desde que punto de vista se están planteando las ideas y porque razón se ha elegido cierta perspectiva  y no otra.

Desde la objetividad feminista, el punto de vista se asume como una posibilidad y la visión como parcial, detallada y activa por sí misma. Al enunciarnos, las características de la visión colaboran en la construcción de un conocimiento dispuesto a ver desde el punto de vista del otro, sin apropiarse de su posición, sino desde la conexión parcial. Con la capacidad de hacer traducciones, de crear circuitos de diversas posibilidades visuales y conexiones capaces de traducir los conocimientos de comunidad en comunidad, abriendo la posibilidad de futuro a significados y cuerpos reales.

La objetividad feminista asegura que “solo la perspectiva parcial promete una visión objetiva. Se trata de una visión objetiva que pone en marcha, en vez de cerrar, el problema de la responsabilidad para la generatividad de todas las prácticas visuales” (Haraway 1995, 326). Las perspectivas parciales articuladas abren la posibilidad de búsqueda y construcción objetiva, que desafíe y trate de transformar los sistemas de conocimiento, desde una objetividad que parta de la crítica y de la deconstrucción para lograr mirar diferente y multidimensionalmente.

Los conocimientos situados son una propuesta de creación de mundos menos organizados alrededor de la dominación y las relaciones de poder, abriendo la posibilidad de la visión de manera sostenida y racional. En este sentido “ocupar un lugar” y tener la plena conciencia de éste implica responsabilidad y da pie a una lucha sobre lo que será considerado conocimiento, que será -a fin de cuentas- una lucha del como ver al mundo.

Entender cómo se generan estos sistemas visuales podría encarnar la articulación de las miradas y de esta articulación es de donde se obtendrá un conocimiento más profundo y certero de la realidad.  La objetividad feminista no es fija, como no es fija la historia ni son fijos los sujetos, por lo que esta es una propuesta para abrir todas las puertas y ventanas posibles a la multiplicidad de versiones de verdad, las diversas subjetividades y el papel de nosotras como actoras y constructoras en la historia.

Desde la importancia de situarnos, reconocer nuestros privilegios y asumir la responsabilidad de los conocimientos expresados, he aquí mi enunciación: me llamo Diana, me enuncio desde el comunismo libertario, el  feminismo y el animalismo; tengo el privilegio de cualquier clase media en cualquier país empobrecido por el colonialismo y el servilismo, pertenezco al género femenino históricamente subyugado, pataleo en la academia (que es un privilegio), soy una vegana tan molesta como todas y éste es mi primer artículo.

Bibliografía

Haraway, Donna. 1995. Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la natualeza. Madrid: Ediciones Cátedra S.A.

 

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Diana Almeida Noboa

Comunicadora social e investigadora de estudios del género. Trabaja la aplicación de la teoría feminista en los estudios sobre masculinidades y explotación animal. Plantea un enfoque crítico, contemporáneo e inclusivo a los estudios sobre acción colectiva de hombres antipatriarcales. Feminista, comunista y animalista.