Nos pusieron el ojo y nos están poniendo las balas. Latinoamérica en la Mira

America Latina en la mira
Lunes 10 de Octubre de 2018

La II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en La Habana en 2014, representó: no solo un éxito para los pueblos de nuestro continente por la integración regional, sino también el mayor triunfo en contra de los poderes guerreristas hegemónicos de Estados Unidos. Si bien, muchas de las bases militares seguían activas en territorios de Panamá, Colombia, Perú y Paraguay, en dicha cumbre se emitió la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. Algunos intereses de los Estados Unidos por controlar determinados espacios geopolíticamente estratégicos han sido justificados por la guerra contra el narcotráfico. Para controlar el Canal de Panamá y las costas pacífica y caribeña de Colombia, por ejemplo, se establecieron bases militares en un triangulo superpuesto a la zona, conectando Manta-Ecuador con Comalapa-El Salvador y con Reina Beatriz-Aruba y Hato Rey-Curaçao frente a las costas venezolanas, todo en el marco del Plan Colombia (EcuRed, 2009).

 

Gracias a la decisión política de respeto irrestricto a la soberanía, el gobierno ecuatoriano no renovó la concesión de la Base de Manta en el año 2009. La decisión del gobierno ecuatoriano, sustentada entre otras causas, por la propuesta de salida de bases extranjeras del territorio hecha en el Foro de Sao Paulo años anteriores, generó que algunos otros gobiernos, especialmente progresistas, evalúen la necesidad de dicha salida. Las bases militares, al igual que la cooperación internacional, históricamente han sido utilizadas para desestabilizar políticamente a gobiernos como el de Zelaya en Honduras en 2009 y el de Lugo en Paraguay en 2012. Adicionalmente, con los inicios de los diálogos de paz del conflicto armado de Colombia, el ideal de desmilitarizar el continente se convirtió en una necesidad imperante. Pese a los esfuerzos realizados por Gobiernos y Organismos de Integración como la UNASUR por generar políticas de defensa unitarias en el conjunto de países suramericanos, la influencia de la Escuela de las Américas en altos mandos militares ha sido difícil de romper.

 

Los intereses imperialistas de los Estados Unidos se han refrescado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La política exterior militarista e intervencionista ejercida por ambos Secretarios de Estado de Trump: Tillerson y Pompeo han deteriorado las ya sensibles relaciones con gobiernos soberanos de América Latina. Además, la defensa de sus intereses atropella paradójicamente los ideales libertarios y democráticos con los que fue fundada la unión americana. Las acciones de judicialización de la política en Brasil, Argentina y Ecuador son solo la punta del iceberg. La política clara, y abiertamente neoliberal de los gobiernos de Macri, Temer y Moreno no solo ha afectado el bolsillo de sus clases populares sino también el detrimento de su seguridad. El secuestro y asesinato de 3 periodistas y 2 civiles, así como la muerte de 4 militares en la frontera Colombo-ecuatoriana generan suspicacia al justificar la necesidad de un Acuerdo de Cooperación en temas de seguridad entre Ecuador y Estados Unidos. Eventos como lo ocurrido en frontera no se habían dado antes y menos con la implementación del Sistema Integrado de Seguridad que dejó resultados visibles en la reducción de la delincuencia, criminalidad e inseguridad. En el marco de dicho acuerdo el posible regreso de la base de Manta preocupa a los ecuatorianos, más cuando se criminaliza y fustiga la protesta social con violencia y armas. El asesinato de un joven imbabureño en una protesta en Mascarilla debela que las directrices del gobierno ecuatoriano buscan generar caos, terror y miedo a la protesta. Días después de aquel episodio, que podría considerarse como un crimen de Estado, vuelven a surcar por los cielos ecuatorianos los intereses americanos con un avión militar para control antidrogas, cediendo soberanía y desprestigiando una política antidrogas efectiva, eficaz y eficiente, además de soberana, ejercida durante la última década. Quieren desembarcar para brindarnos cooperación en seguridad militar en la que es una zona de paz. El negocio de las armas quiere buscar “nuevos” mercados, mercados latinoamericanos.

 

Con gobiernos neoliberales, legítimos o no, al frente de las repúblicas latinoamericanas, los ciudadanos estamos expuestos a la indefensión generada por los intereses norteamericanos de apropiación de nuestros recursos. Mientras exista un Ministerio de asuntos hemisféricos, dependencia y colonialismo llamado OEA y un Secretario General como Almagro que ínsita a la intervención militar en países como Venezuela o como Nicaragua, no estaremos a salvo.  La ciudadanía debe ser consciente de que nuestra América, por sus recursos en biodiversidad, minerales y energéticos, esta en la mira del águila. Nos han puesto el ojo, están desembarcando y nos están poniendo las balas.

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