La difícil tarea de ser de izquierda y no morir de depresión

Mujeres
Lunes 10 de Octubre de 2018

Vivimos un momento histórico complejo. Quienes nos definimos – cada quien con sus razones – como personas “de izquierda” nos encontramos como encapsulados en una especie de no tiempo – no lugar, y a duras penas nos da para indignarnos con lo que pasa en el mundo y expresarlo en redes sociales –. Por supuesto que no faltan los representantes de la izquierda sacrosanta que se despepita acusando al “progresismo” de la debacle actual y llora porque no supieron armarse un Plan Quinquenal; y ni hablar de cierta prestigiosísima intelectualidad zurda, mucha de la cual sigue rapiñando recursos de gobiernos sin producir teoría ni análisis de calidad, o aquellos que no hacen el “click” del Estado burgués al Estado comunal. En fin, que estamos jodidos.

La admisión de este punto es básica. La famosa autocrítica – tan manoseada, tergiversada y mil veces acusada de reformismo y “quintacolumnismo” –  sigue siendo la primera herramienta para pensarnos.  Es comprensible la dificultad que genera admitirse errores, pero nos encontramos en un punto en que no hacerlo significa la hecatombe de la humanidad. El capitalismo recargado nos va a matar de hambre y  por millones en  guerras no convencionales. Básicamente va a destruir el planeta. Ya lo está haciendo. Y lo vemos por Facebook. Y ponemos “me enoja” o “me entristece”.

¡Ganó un ultraderechista en Brasil!, ¡Macri entregó la Argentina al FMI!, ¡El plástico está acabando con la fauna marina!, ¡Le estamos dejando el país a los chinos! (inserte el país de su preferencia) , ¡Trump está haciendo un muro para frenar a millones de migrantes!, ¡Los israelitas siguen matando a palestinos que resisten con piedras! y la lista sigue, interminable, porque el caudal de injusticias y preocupaciones también lo es.  Porque ese es el mundo que tenemos: con nuestra complicidad, omisión o inacción. Aquí no se salva nadie. Estar conscientes de eso, ya es algo, aunque no suficiente.

La izquierda, siempre asociada al pueblo, parece no darse cuenta de que “el pueblo” está en otra. Está luchando por sobrevivir. Y lo hace con lo poco que conoce y lo mucho que le bombardean de “información” desde la industria cultural o desde el dogma de la religión.  Por eso hay pobres que votan por racistas, o mujeres por misóginos. Porque la derecha, siempre clara en sus objetivos y aspiraciones, ha hecho bien su trabajo, nunca ha dejado de hacerlo. ¿Es que son mejores? ¿Es que tienen la razón? No. Simplemente nunca han cambiado su norte, les importa poco y nada la vida humana y no se pelean estructuralmente por las “nimiedades” de forma que tanto le han costado a la izquierda.

Entonces, asumamos que estamos mal y que no vamos bien. Que hablamos en nombre de un pueblo al que no comprendemos aunque seamos parte de el, que se nos va la vida en defender apasionadamente teorías geniales que no logramos describir en clave de tiempo presente, que nos resistimos al cambio y que en el camino, el capitalismo (que si se adapta maravillosamente) nos devora; que nos enceguece el ego y el creer que porque defendemos “lo bueno” tenemos superioridad moral o intelectual. Pues no la tenemos.

Lo que si tenemos y que es – para quien escribe – lo que fundamenta a “la izquierda” es una sola cosa ( y perdonarán si les parece cursi): el amor. Ese amor inmenso y fundamental por el otro, por la tierra, por lo que nace y crece dentro de ella, por esa vida en la que tanto hemos pensado y querido explicar. Es ese amor el que nos ha llevado a luchar históricamente y que permite que hoy tengamos derechos laborales, sociales, cierto acceso a la tecnología y la educación, e incluso la posibilidad de sentarnos ahora mismo frente a una computadora a descargar nuestra tristeza, preocupación o desasosiego.  Porque si, tenemos miles de razones para sentirnos deprimidos, pero tenemos millones para sacudirnos, pensar y actuar en el tiempo y las circunstancias que nos han tocado.  Examinarnos y volver al origen no nos vendría mal. La pelea es peleando.

Como escribió el poeta y revolucionario venezolano Argimiro Gabaldón: "Somos la vida y la alegría en constante lucha contra la tristeza y la muerte." Que no se nos olvide.

 

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