Alfaro Vive Carajo: la guerrilla que conmocionó a Ecuador (parte II)

AVC23
Miércoles 6 de Febrero de 2019

Continuamos con la segunda entrega de la entrevista realizada a Pablo Proaño y Susana Cajas, ex combatientes de AVC, en este último bloque, se habla de las acciones de la organización y la figura de Arturo Jarrín.

Las acciones

SC: AVC aparece con unos operativos espectaculares. La idea era ir posicionándose a través de proclamas públicamente y toda la propuesta política. La única manera de hacerlo era a través de estos operativos que sacudan a la sociedad y que se conozca, porque desde el inicio los medios de comunicación bloquearon toda posibilidad de que nuestro proyecto político pueda difundirse y le hicieron totalmente el juego a la derecha para que el estigma de delincuentes y terroristas se generalice.

PP: Es una acción impresionante porque se consigue cerca del penal García Moreno (en Quito) un local donde se pone un negocio falso de ventas de papas. Era atendido por dos compañeras, se compraban las papas afuera y se las revendía, incluso a un precio inferior al que se las compraba. Salían los camiones con supuestas papas, pero iban cargados con la tierra que se extraía del túnel que se estaba construyendo hacia el penal. Llegado el momento de la fuga, varios compañeros salieron mientras hacían ejercicios matinales. Fue una acción propagandística impresionante, porque el máximo dirigente salió libre. Incluso un compañero que llevaba cuatro o cinco días detenido también salió por el túnel. Eso fue afrenta al régimen de Febres-Cordero, un régimen de extrema derecha que sintió la carcajada de la gente. Esas cosas son las que fueron dándole fortaleza a la organización.

SC: Había gente que decía que éramos una organización que peleaba por el pueblo, y otros decían que éramos delincuentes porque existían esa imagen y ese mensaje tan fuerte de la oligarquía y de los medios de comunicación. Las reacciones por los operativos eran encontradas. Había un apoyo oculto, porque el terror que implantó Febres Cordero hacía que las personas tuvieran terror en manifestarse simpatizantes. Creo que sí había mucho cariño, a pesar de todo se fue generando un reconocimiento a esta decisión política y compromiso con el pueblo.

PP: Recuperamos la espada de Eloy Alfaro y recuperar ese símbolo sirvió para aglutinar a varios sectores. Igual el busto de Alfaro, que lo tenía el Partido Liberal, que si bien fue un partido fundado por Eloy Alfaro, cayó en manos de la oligarquía y fue usado como un trapo. Esos actos simbólicos generaron expectativas. Las acciones más espectaculares fueron la fuga, la recuperación de El Rastrillo de la policía, que fueron miles de armas que la policía guardaba. Eso fue en el año 85. Esa acción la hizo un comando especializado. Otro golpe espectacular fue la toma del diario “Hoy”. Se sometió a los empleados del rotativo y se garantizó la distribución por todo el país del periódico con las proclamas de la organización. Eso fue finales del 84 o inicios del 85. Esas fueron las acciones más emblemáticas.

Reforma o poder

PP: En ese sentido hay discrepancias con un sector de la organización que ahora dice públicamente que queríamos solamente concientizar. No es así. Creo que a muchos nos movió la idea de la toma del poder. Eso nos llevó a hacer tantas cosas, incluso las locuras que ubicamos como cosas de juventud pero fueron acciones muy arriesgada, y a veces muy descabelladas si las pensamos desde el punto de vista militar y estratégico, que nos llevaron a muchos sacrificios y la vida de muchos compañeros.

SC: Peleábamos para tomar el poder y construir un nuevo Estado y una nueva nación. Hablábamos de una patria soberana, de construir la gran patria latinoamericana con justicia social e independencia económica.

Una figura emblemática

SC: Arturo era un líder de consenso y lo logró con algunos grupos. Con aquellos que no logró consensuar, pudo mantener las relaciones políticas y mantener un proceso que podía concluir en una unidad. Ese me parece uno de sus roles importantes. También era un visionario, una persona muy estudiosa de la historia y la economía. Y con una capacidad de acción impresionante, no había nada que dejara para mañana. Tenía esas cualidades: un liderazgo muy innato, una comprensión muy buena del país y una capacidad de acción increíble. Y una persona sumamente sencilla. Con él, sentías que eras tomado en cuenta, a pesar de estar en un espacio con mucha gente, pero sentías que se acordaba de ti.

PP: Arturo Jarrín fue la figura más emblemática. Si bien muchos compañeros anónimos construimos la organización desde muchos lugares, él tenía una capacidad organizativa muy grande, mucha habilidad y una visión estratégica que muy pocos lo tenían en ese momento. Algunos compañeros, con sus mezquindades y visiones muy inmediatistas, no veían la profundidad que planteaba en ese momento Arturo Jarrín.

SC: Cuando Arturo muere aparecen muchos comandantes que quieren dirigir. Desde la cárcel intentamos cohesionar nuevamente pero era muy difícil. Creo que al final Arturo se quedó solo, ya no tenía quién lo proteja, pero seguía. Arturo era una persona de un ímpetu indetenible.

PP: Él venía de la izquierda cristiana, con una formación marxista, una militancia y un trabajo en sectores poblacionales. Hizo también un trabajo campesino importante en la costa. Tuvo muy buena relación con Muammar Al Gaddafi, tanto es así que en 1989 Gaddafi le hizo un homenaje post-morten por lo cual viajó su madre a recibir los honores.

Después de la insurgencia

PP: Haber vivido esa época es lo mejor que me pudo haber sucedido, porque a muchos nos permitió formarnos como militantes, tener una visión mucho más grande y haberlo intentado. Eso nos da la autoridad moral para seguir luchando desde los espacios que se han abierto. El gobierno de Rafael Correa tiene espacios muy importantes para la construcción de un nuevo país. Todavía falta mucho para hacer en el tema organizativo que es donde nosotros nos especializamos todo este tiempo.

SC: Había un discurso de la izquierda muy radical, muy rojo y revolucionario pero que quedaba en eso. La organización tuvo como principio: “Lo que dices, lo haces”. Debía haber absoluta coherencia entre lo que decíamos y hacíamos. Haber planteado un proyecto auténtico fue importante, recuperar toda la lucha alfarista y plantear lo que denominábamos un alfarismo machetero. El Alfaro que siempre estuvo reivindicado por los partidos liberales era el Alfaro de los museos, que estaba en la estatua, con sus espadas en la urna. Logramos recuperar la figura de Alfaro como un revolucionario que cambió la historia del país y que después la oligarquía lo asesinó.

PP: Todavía quedan voces de esa derecha trasnochada que nos trata con desprecio. Creo que el común de la gente sabe que nuestra experiencia es la que ha ido formando a los líderes en la actualidad. Podemos ver que varios dirigentes están en el poder, como en El Salvador, Nicaragua, la presidenta de Brasil viene de una experiencia armada, Bachelet también viene de ahí y los más emblemáticos: el vicepresidente boliviano y el presidente de Uruguay. Esto nos da la idea que esa izquierda dura y radical, hoy tiene que ser intransigente con ciertos sectores que siguen siendo los enemigos del desarrollo, pero con las herramientas que nos ofrece el sistema democrático.

SC: Lo que fue nuestra fuerza también fue nuestra debilidad. Recuerdo que Arturo nos decía: “Aquí las cosas se aprenden en lo caliente”. Fuimos una organización joven que no dimensionó a lo que estaba dispuesta la oligarquía por anular cualquier intento de desestabilización. No dimensionamos el tamaño del aparato represivo que ellos implementaron. Y seguimos hasta que llegó un momento en que nos masacraron. Treinta años después AVC sigue estando vigente. Cuando yo hago declaraciones públicas en las radios, llaman por teléfono y la gente recuerda. Hay una generación que no sabe, con la que hay que hacer todo un proceso de memoria histórica. Hay pocos casos en los que nos condenan, porque siempre se solidarizan y repudian lo de Febres Cordero.

*Publicado en Resumen Latinoamericano

 

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