Perú: sangre y ¿esperanza? (I)

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Martes 17 de Noviembre de 2020

La población llegó a cansarse de esa guerra intestina entre esa gran burguesía manchada por la corrupción y otra forjada enteramente al borde de la criminalidad. Cuando parecía que la voz de protesta despertaría a inicios del 2020 para pedir “que se vayan todos”, vino la pandemia. Pretexto del Covid-19, Vizcarra favoreció a la gran burguesía. Le permitió a la banca renegociar las deudas de los peruanos a intereses que les venga en gana. Pero, el asunto no quedó allí, logró imponer una “suspensión perfecta” con lo cual las empresas pudieron despedir a sus trabajadores sin pago alguno, pues, tenían carta abierta para dejarlos en la calle.

Al finalizar el confinamiento, alrededor de 9 millones de peruanos estaban deambulando en busca de trabajo. Pero, curiosamente, Vizcarra seguía gozando de buena aprobación. En cierta medida, esto se debía a que la conciencia de lucha de los peruanos mayores de 30 años se había reducido hasta la indigencia y, porque el miedo a morir primó por encima de todo; pero también a los dos bonos que Vizcarra dio a más de 7 millones de familias. Pero los jóvenes estudiantes, muchos de ellos sin experiencia laboral, pudieron tomar consciencia del dramático momento; del cambio de las condiciones de vida, de la incertidumbre de sus futuros; de la precarización social y de la apatía de sus padres para tomar la calle. Sin embargo, muchos de ellos esperaban que Martín Vizcarra revirtiera la situación, o por lo menos acabara su mandato sin empeorar las cosas para no profundizar la crisis.

En cambio, el Congreso seguía decidido a llevar la guerra hasta el final en este tira y afloja de la burguesía informal y provinciana versus la gran burguesía que se sentía bien representada por Vizcarra. Ante los primeros escándalos de corrupción que salpicaron a su entorno más cercano, dieron golpe tras golpe hasta vacar al Presidente. Sin embargo, ese acto de torpeza en la guerra por el poder derramaría la gota de indignación de la generación del Tik Tok, que los medios llaman la generación del Bicentenario.

Desde los barrios pobres hasta los de clase media alta, los jóvenes alzaron su voz de protesta. En menos de una semana lograron lo que sus padres no hicieron en 20 años: despertar la conciencia dormida de todo un pueblo. Espontánea, diversa, sin cabezas visibles y con reclamos distintos, esta generación obligó a la renuncia del gobierno ilegítimo de Merino de Lama, y hoy gira sus reclamos a un auténtico llamado por un “cambio de la Constitución mediante un proceso constituyente”, pues entienden que la madre del problema son las reglas de juego que rigen el sistema neoliberal.

Sin embargo, no se trata de una voz mayoritaria, y en el corto plazo, corre el riego de diluirse por su falta de organicidad; no obstante, ha logrado ingresar su reclamo en la arena pública ante un Estado criminal que arremetió como en los peores años de dictadura, asesinando, torturando e incluso despareciendo personas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Tras la renuncia de Merino de Lama, el Congreso tuvo la oportunidad de elegir por primera vez en su historia a una mujer: Rocío Silva Santiesteban, socialdemócrata, feminista y defensora de los Derechos Humanos, tal vez uno de los pocos rostros que podrían reclamar algo de moralidad en la política; sin embargo, su lista cayó. Después de idas y venidas, finalmente, el Congreso eligió como Presidente del Congreso, y, por tanto, como Presidente de la República al liberal Francisco Sagasti para el periodo transitorio que finalizará en julio del 2021.

Por ahora, los ánimos están menos agitados; sin embargo, la calle, aunque disminuida, sigue tomada por miles de manifestantes. Lo único incierto en este momento es el destino que tomará el movimiento, pues, la puja entre el Congreso y el Ejecutivo es un deporte nacional que se ampara en una Constitución que da poderes similares al Ejecutivo y al Legislativo, pero que, ante la falta de una bancada sólida que respalda al Presidente, hace posible un juego de espadachines que, de cuando en cuando, termina con profusas heridas.

¿Qué esperar de esta generación del bicentenario? Si desde mañana la calle empieza a radicalizar sus protestas con su pedido de nueva Constitución, los medios hegemónicos cambiarán el rumbo de los marcos de interpretación y empezarán a crear lo que mejor saben hacer: pánicos morales, escenarios de terror. Si bien, el terruqueo puede ser indiferente a una generación que no nació en medio de la guerra, puede minar al movimiento hasta disolverlo. Si, en cambio, los jóvenes combinan las protestas con un proceso de pedagogía en los barrios y la creación de escuelas de debate y grupos políticos, la situación podría trascender hacia un escenario diferente, una especie de larga marcha política de cara a un cambio de la Constitución al estilo chileno.

A pesar del futuro incierto, resulta esperanzador que, en medio de una pandemia que se llevó alrededor de 80 mil personas, una generación haya levantado pancartas como “Se metieron con la generación equivocada. Nosotros SÍ tenemos memoria”. Esperemos que esa generación, a pesar de ser espontánea, alcance un desarrollo de la conciencia política y un proceso orgánico sólido.

A modo de epílogo, sirva este espacio para rendir homenaje a nuestros muertos. Hay una canción de Augusto Polo Campos compuesta para alentar a la selección peruana en el mundial de 1978. Aquella canción es más conocida en Perú que el himno nacional. Y ha sonado todos los días desde que iniciaron las protestas. El himno, interpretado por el famoso cantante afroperuano Sandro Cavero, dice en su estrofa final:

“Te daré la vida y cuando yo muera

Me uniré en la Tierra contigo Perú”

Al menos dos jóvenes peruanos han sido asesinados, acribillados. Fueron a protestar y la policía los mató. Cientos de heridos y una decena de desaparecidos se suman a esta tragedia. Es la consecuencia de haber blindado a la policía durante años.

¡Honor y Gloria a Jack Bryan Pintado Sánchez y Jordan Inti Sotelo Camargo! Cuidemos que la gran burguesía no se apropie de sus memorias para banalizarlas y usarlas para canalizar sus intereses detrás de su apoyo a la protesta y en defensa de su corrupta democracia. Que nuestros muertos vivan en la memoria de los pobres como una llama encendida para catalizar las luchas del presente y del porvenir.

 

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