El trabajo precario y la precarización del trabajo

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Jueves 14 de Septiembre de 2023

El contexto actual de elecciones anticipadas representa nuevamente el circo ridículo de la disputa por el Estado burgués, un camino que no tiene salida, pués la lucha en vía electoral se encuentra sujeta únicamente a mantener un espacio de contienda anti neoliberal, y debido a los márgenes de acción posibles, no significa una auténtica opción anticapitalista.

Esto nos lleva una vez más a la disputa interburguesa entre el progresismo -reformista-, y el neoliberalismo. Históricamente ninguna de estas facciones de la clase política parásita han dado respuestas reales a las problemáticas de lxs trabajadorxs. Desde una mirada marxista, la única forma de democratizar al Estado es mediante la abolición del sistema de propiedad capitalista.

La izquierda institucional -progresista- llega simplemente a fórmulas convencionales, que no afectan sobre las condiciones materiales de vida que sostienen y reproducen el capitalismo, como lo es la división social y sexual del trabajo, y la explotación de la naturaleza como un factor de producción más.

Por lo tanto, su gestión se reduce a burocratizar la organización social, algo muy peligroso, puesto que bloquea otras iniciativas que no encajan en los márgenes institucionales del Estado, y en consecuencia las persiguen y criminalizan.

El neoliberalismo por su parte, últimamente está retomando tintes fascistas en su discurso, se dedica constantemente a modificar la relación entre el capital y el trabajo. Específicamente por medio de políticas de flexibilización laboral. Estas debilitan la organización y lucha de la clase trabajadora, ya que imponen nuevas modalidades de trabajo, hacen añicos la contratación colectiva, reducen los salarios, facilitan los despidos y precarizan aún más la vida del trabajo.

Durante más de 40 años políticas neoliberales han destruido la posibilidad de un empleo digno, y una década de discursos superficiales progresistas fueron un espejismo de un cambio real de las condiciones de vida del pueblo.

Entre la disyuntiva de volver a políticas neoliberales precarizantes o lógicas reformistas de un progresismo conservador, se generan condiciones que permiten incrementar la explotación del trabajo, absorber excedente y trasladarlo a la acumulación capitalista.

La vida del trabajo

Hace un tiempo, con un compañero sindicalista conversábamos sobre las razones de porque existe muy poca participación de la juventud en las organizaciones del ámbito gremial, además de personas que se involucren al entorno de los barrios; y ello nos llevó a analizar las condiciones materiales, de vivienda y de empleo, que enfrenta no solo la población jóven, sino todx trabajadorx que intenta tener una vida digna. La población con empleo en Ecuador es de poco más de 8 millones, sin embargo el empleo adecuado simplemente llega al 35,5%. Es entonces que la gran cantidad de necesidades con respecto al trabajo se generan en el sector informal, precarizado y sobreexplotado.

La casi nula posibilidad para organizarse de personas en condiciones de subempleo, con empleos no plenos o no remunerados, significa que no tengan fuerza suficiente para que se escuchen sus demandas, además de cero chances de representación sindical, puesto que la sindicalización solo es posible si hay una relación de dependencia, primero, y gracias a la izquierda institucional, si el contrato cumple con los requerimientos de ser código del trabajo.

Luego está el problema del viejo sindicalismo ecuatoriano, una derrota histórica de la clase trabajadora del país. Burocracia sindical anquilosada en las dirigencias por décadas, que desemboca en prácticas y concepciones que no han incrementado la consciencia de trabajadoras y trabajadores.

La pregunta queda respondida: ¿cómo va a involucrarse en una organización de trabajadores unx jóven con empleo no pleno, que el empleador no lo afilia al seguro social, factura, y su estabilidad laboral es inexistente? No lo hace.

En esas mismas condiciones se encuentra la perspectiva de las mujeres: no existen compañeras organizando en el campo del trabajo porque hay muy pocas con empleos plenos, y las que hay, tienen sus prioridades en los trabajos de cuidado de sus familias.

La urgencia de que un Sindicalismo de Nuevo Tipo que de respuestas a estas necesidades es imperante, sobre todo, porque desde la patronal se llevan a cabo políticas perversas de flexibilización en la contratación de nueva fuerza de trabajo, para desmovilizar y dividir la organización.

Reivindicar a la clase trabajadora

Los antagonismos de clase y la determinación de la burguesía de exterminar a la clase explotada, provocan un ambiente organizativo adverso. Las nuevas modalidades de trabajo destruyen las organizaciones gremiales, y generan una anomia social que desconecta a millones de trabajadoras y trabajadores de los órganos que históricamente han respondido por sus intereses.

No hay fuerza, no hay lucha, y no por nada los índices sobre enfermedades mentales, el estrés, la ansiedad, el insomnio, y los suicidios, representan hoy una crisis en salud pública. La precarización del ambiente de trabajo que le toca vivir a esta generación es incomparable, somos la brecha entre la última generación que pudo acceder -si esque lo hicieron- a condiciones mínimas de sustento, en donde el salario significaba el ingreso mínimo necesario para sostener la vida.

A nosotros ya no nos tocó eso, y para las generaciones venideras el sistema las predispone a vidas pecarias con empleos precarios, sin vivienda propia y sin estabilidad de ningún tipo.

El efecto psicológico que causa un gigantesco ejercito industrial de reserva, genera trabajadorxs dispuestos a la superexplotación, para no morir de hambre. Parafraseando al fascista argentino Milei, en este sistema existe la “libertad” de morirse de hambre. La población que si tiene empleo pleno, paradojicamente también está dispuesta a soberexplotarse, resultado de tanta oferta de trabajo y tan pocas plazas disponibles.

Se vuelve una obligación reivindicar los derechos de la clase trabajadora, luchando desde lo más básico que es el empleo adecuado, oportunidades de trabajo, y remuneración justa. No es una locura exigir estas demandas, y sin embargo sabe a tan poco.

Por lo tanto, también se vuelve una obligación el trabajo de agitación, desechar el ideal meritócrata, la fantasía de que los resultados son fruto del esfuerzo. En una sociedad capitalista e individualizante, esto siemplemente no es cierto. Esta concepción ideológica viene solo a racionalizar el temor que producen las condiciones precarias de los trabajadores, y en un mundo en donde todos anhelan ser ricos.

Solo el despertar la conciencia de clase logra reivindicar las posiciones clasistas, reaprender a que el mundo está construido únicamente con el trabajo, y con las manos de la clase trabajadora, por lo tanto, nos hemos ganado el derecho a fuego y sangre de tomar lo que nos pertenece como clase. Todo.

Sin embargo no es tarea sencilla participar en los espacios de organización de la clase trabajadora, demanda un alto nivel pedagógico, conducción ideológica, e incomodarse, demasiado. Porque el pueblo está lleno de los vicios del capitalismo, y el deber histórico es construir una nueva sociedad destruyendo todas esas lógicas del sistema de opresión.

La importancia de la fuerza de trabajo en el sistema de explotación hace que una de las principales y más recurrentes demandas de los grupos monopólicos sea la reducción del salario de la clase trabajadora. Y por esto es que debe convertirse en la principal trinchera de la organización popular anticapitalista.