Descomposición y restructuración orgánica: el clamor histórico de la izquierda

khhv
Jueves 8 de Julio de 2021

Luego de una reñida elección de dignidades para la Asamblea Nacional, se evidenció que el anticorreísmo fue el factor fundamental en la toma de posturas de los bloques legislativos. Así, las alianzas resultantes revelaron el abandono de las posiciones ideológicas y antagónicas con el fin último de lograr el poder legislativo y de esta manera permitir o bloquear la aplicación de demandas correístas. Unión por la Esperanza se abalanzó —en un movimiento inesperado para una buena parte de las bases— hacia la derecha del espectro ideológico: hacia el Partido Social Cristiano. Trató de conceder autoridad en el poder legislativo para alcanzar la mayoría simple y ostentar cargos en el Consejo de Administración Legislativa. De manera análoga, tenemos a Pachakutik, que junto con Izquierda Democrática e Independientes, recibe el apoyo del Movimiento CREO, el mismo que exigía una mayor represión para las masas indígenas por parte del Estado en las movilizaciones de Octubre de 2019.

Previamente existieron acercamientos entre los bloques de izquierda, que no pudieron llegar a buen puerto. Predominaron las rencillas internas, la falta de autocrítica y se olvidaron por completo que la función primordial de este bloque sería resistir contra el neoliberalismo institucionalizado. Al final, todas las bancadas de izquierda —incluyendo a Unión por la Esperanza— con sus acciones demostraron su composición policlasista, y a la vez su descomposición estructural e ideológica.

Pachakutik continúa en una postura tibia frente al régimen de Guillermo Lasso, que incluso se puede catalogar como cómplice de su llegada al poder y de una posible cogobernanza. El llamado a votar nulo en la segunda vuelta presidencial y el pacto en la Asamblea Nacional resquebraja las relaciones con la CONAIE. Tampoco sonaría descabellado —de mantenerse el pacto PK-CREO— que durante este ciclo de gobernanza las organizaciones indígenas, indignadas por la aplicación de medidas continuadoras de la destrucción del aparato público, se encuentren en una explosión social tomando la Asamblea Nacional cara a cara con los facilitadores de su decadencia: los asambleístas de Pachakutik. La llegada de Leonidas Iza a la presidencia de la CONAIE es un claro mensaje de advertencia a las cúpulas de Pachakutik.

Como una condición necesaria dentro de la predicción de una realidad futura, resulta preciso revisar la historia. Desde el surgimiento del Ecuador como República en 1830, ha habido una fluctuación entre gobiernos que han respondido de diferente modo a los intereses de clase. Muchos de ellos han girado en torno a figuras personalistas. Además, es importante tomar en cuenta las condiciones históricas imperantes, ya que la primera mitad de la República respondió a la dinámica de una lucha interna de la clase explotadora en un país con relaciones de producción subyugadas a la clase terrateniente. Luego, en la segunda mitad, podemos observar un incipiente desarrollo creciente de relaciones de producción capitalistas; pero que aún no extingue al sector terrateniente.

Esta fluctuación se ha realizado en períodos de entre 10 y 20 años cada uno aproximadamente, teniendo etapas álgidas cargadas de estallidos sociales: revoluciones y restauraciones. Así, el período floreano durará 15 años desde el inicio de la República hasta la Revolución de Marzo de 1845. Le sucederá el período urvinista por 15 años hasta 1860, cuando por una hecatombe interna y externa —incluso natural— se resquebrajó el Estado ecuatoriano. García Moreno será la figura unificadora y que protagonizaría el período conservador por un lapso de 15 años hasta su asesinato en 1875. Deviene un período de transición de alrededor de 20 años entre el conservadurismo y el liberalismo alfarista, mismo que comienza en la Revolución Liberal de 1895. Así como a García Moreno, Alfaro es asesinado. Por 13 años, desde 1912 hasta 1925, será la plutocracia la que tome rienda del Ecuador y genere una crisis económica y social remendada por la Revolución Juliana con la creación del Banco Central del Ecuador, últimamente venido abajo por la burguesía recalcitrante.

Luego de casi 20 años de decadencia en las filas liberales, en 1944 explotará La Revolución Gloriosa y que dará paso al populismo velasquista por otros casi 20 años más. Para 1963 ostentará el poder y las riendas nacionales la cúpula militar. No será hasta 1979, 16 años después, que aparecerá el período multipartidista con un mosaico de líderes políticos que paulatinamente implementarán medidas neoliberales que llevarán al Ecuador a encontrarse en un período de crisis de la partidocracia entre 1996 y 2007. A partir de ese último año se estabiliza la situación partidaria con la presencia del correísmo hasta 2017, cuando inicia un período crítico de retorno al neoliberalismo en el gobierno de Moreno y que Lasso continuará abiertamente. Desde este punto en adelante dependerá de la organización social y política, de acuerdo a las condiciones históricas y materiales, el clausurar este período. Y con el precedente mencionado, este proceso podría tardar varios años en realizarse.

Por lo tanto, urge la unidad sin traición de clase, urge el fortalecimiento del tejido orgánico, urge el direccionamiento estratégico, urge el despertar de la conciencia en las masas: urge un partido que pueda tomar acción oportuna de acuerdo a las necesidades históricas, y que pueda amparar y unificar a los movimientos sociales de izquierda.

 

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