Apuntes sobre el triunfo popular de octubre

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Miércoles 16 de Octubre de 2019

Aunque las voces escépticas dudaban del triunfo popular en el levantamiento nacional liderado por el Movimiento Indígena, las jornadas del octubre rebelde del 2019 y el sorpresivo desenlace de la batalla de Quito, concluyó con la derogatoria total del acuerdo 883 y con la construcción de nuevas figuras en la política nacional.

A través del decreto 894 se calma el país al dar, sin dilaciones, la medida solicitada por los manifestantes en la calle, y, además, permite el integrar a más actores de los movimientos y organizaciones sociales a las mesas de negociación para el tratamiento del tema de los subsidios y su focalización en los sectores más necesitados.

Ahora, las negociaciones y la calidad del decreto que presentarán a la ciudadanía en los siguientes días será un termómetro importante para entender el compromiso de las dirigencias del Movimiento Indígena con sus bases, asunto que han demostrado sostener con legitimidad hasta ahora; y, la fuerza del gobierno para proponer medidas ancladas ideológicamente al proyecto país-hacienda de las oligarquías.

Un nuevo momento.

En las movilizaciones quedó claro que el sujeto histórico de transformación profunda de nuestro país son los pueblos-nacionalidades indígenas y las formas colectivas tradicionales de organización. No se trata de una figura mesiánica, como se construyó la política en la década pasada, sino que es todo un pueblo que está altamente organizado y tiene dirigentes de gran valía.

Por tanto, quienes asumían una supuesta dirección del bloque contra hegemónico, al sentirse los más avanzados de la tendencia, se dieron cuenta que no es así, que el Ecuador profundo está listo para avanzar de liderazgos tecnócratas y el esquema golpista del pasado, ya que al término de otras jornadas históricas, la defenestración del primer mandatario implicaba que el sucesor usualmente era un cuadro mediador de las oligarquías, y ahora, hasta el momento, con el objetivo cumplido, esto no sucedió y se vislumbra una nueva generación de representantes políticos nacidos del seno popular en contradicción con los políticos de siempre.

Por su parte, el gobierno, desgastado y con una muy baja popularidad, al verse sin más cartas por la profunda molestia que significó el alza del 127% del precio del diésel –combustible fundamental para el comercio interno-, retrocedió en sus pretensiones, no sin antes amenazar con judicializar a todos quienes estuvieron en el paro, pero con especial saña en contra de los remanentes institucionales del correísmo, esto, como para no dejar campo a que se organicen para el 2021.

Pero el resultado de esto no es solo el retroceso de Correa como una posibilidad, sino la crisis absoluta de los partidos políticos y movimientos en su totalidad, señalando que el camino a seguir es uno diferente, que es hora de que las bases, el pueblo asuma la conducción de sus destinos a través de las formas de organización colectivas ya existentes.

División de clases

La fractura no solo es en la esfera de la política electoral, sino en los acuerdos políticos del bloque progresista, en el que, muchas personalidades o influencers, que asumieron una postura pro pueblos y nacionalidades en medida que la lucha en contra del correato avanzaba hace pocos años atrás, ahora, se han develado contrarios a estos mismos actores por que asumieron una postura clasista, esto es, en defensa de los millones de pobres de la patria.

De esta manera, el objetivo no fue la salida del presidente, sino la caída de las medidas que el FMI nos impone como parte de su agenda de economía política en la región, y en esa medida, es la primera victoria concreta a las intenciones de la burocracia bancaria internacional, a pesar de la violencia desatada desde el Estado.

Ricos y pobres, eso quedó en la retina de una gran cantidad de espectadores que pudieron observar las negociaciones entre el gobierno y la CONAIE. Por un lado, un ministro Richard Martínez, representante de las cúpulas, que da un ejemplo de un auto de cuarenta mil dólares, y frente a él, la postura de un dirigente de base, Leonidas Iza, quien lo analiza desde el tractor y el ingreso de una familia de escasos recursos.

Ahora queda cuidar la victoria, seguir trabajando por la unidad del bloque popular y el desarrollo de una política desde las bases que sea capaz de transformar este Estado que no puede dar respuestas en algo que realmente sirva al pueblo.

 

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