Sentencia a Raúl Escobar: retrato de un sistema cómplice de feminicidio

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Viernes 21 de Septiembre de 2018

En los años 70 y 80 varias teóricas feministas desarrollaron el concepto de feminicidio para dar cuenta de la política de exterminio de las mujeres, derivada de la dominación agresiva establecida sobre ellas (Radford y Russell; 1992). De esta forma lograron darle nombre a una forma extrema de violencia, de carácter masivo y sistemático, cuya fundamentación se encuentra en un conjunto de relaciones de poder que aún colocan a las mujeres en una posición de inferioridad respecto de los hombres. Este primer planteamiento, fue complementado años después por la investigadora mexicana Marcela Lagarde quien desarrolló el papel de la sociedad y del Estado como cómplices de feminicidios, en los siguientes términos: “es importante conceptualizar al feminicidio, de manera que abarque también los procesos que conducen a ese exterminio (...) El feminicidio implica normas coercitivas, políticas expoliadoras y modos de convivencia enajenantes que, en conjunto, componen la opresión de género, y en su realización radical conducen a la eliminación material y simbólica de mujeres y  al control del resto”  (Lagarde; s/f)

En otras palabras el feminicidio implica un conjunto de comportamientos y normas sociales, establecidas desde los espacios de convivencia más cercanos como la pareja, la familia, el barrio, la comunidad hasta las dimensiones institucionales como los sistemas de justicia, de salud, de educación y otros espacios como los medios de comunicación, donde se alimenta la idea y práctica de control y opresión sobre las mujeres. En su conjunto, estas experiencias dan como resultado un ambiente de tolerancia social, que minimiza la gravedad de las agresiones, dificulta la identificación y respuesta frente a la violencia e incluso llega a justificarla.

Como también señala Lagarde: “Para que el feminicidio se lleve a cabo con el conocimiento social y no provoque la ira social, ni siquiera de la mayoría de las mujeres, requiere una complicidad y un consenso que acepte varios principios concatenados: interpretar el daño a las mujeres como si no lo fuera, tergiversar sus causas y motivos y negar sus consecuencias. Todo ello es realizado para sustraer la violencia dañina contra las mujeres de las sanciones éticas, jurídicas y judiciales que enmarcan otras formas de violencia, exonerar a quienes infringen el daño y dejar a las mujeres sin razón, sin discurso y sin poder para desmontar esa violencia. En el feminicidio, hay voluntad, hay decisiones y hay responsabilidad (Lagarde; s/f)

Un ejemplo paradigmático de este fenómeno es lo sucedido hace pocos días con la sentencia a Raúl Escobar quien recibió apenas 60 días de prisión tras haber asfixiado, golpeado y desfigurado a Eliana Barreto, mujer de 32 años quien tras casi haber sido asesinada, tuvo que enfrentarse a un sistema de justicia para el cual las brutales heridas en su cuerpo se correspondían con “lesiones menores”, cargo por el que su agresor fue finalmente sentenciado.

La historia de Eliana y Raúl, como la de muchas otras, comenzó con una relación de pareja, durante el primer año no existió violencia de manera explícita, sin embargo poco a poco la intención de control y dominación por parte de Escobar se fue volviendo evidente, acumulando comportamientos agresivos. Según el testimonio de la agredida, Raúl revisaba su teléfono y “se enfurecía cuando algún amigo colocaba un “Me gusta” o un “Like” en su cuenta de Facebook. Este gesto evidenció una clara intención de controlar su vida, anular su autonomía, colocarla en una posición de propiedad, comportamientos que, como bien describe Lagarde, son parte de los procesos que conducen al feminicidio, y que, si bien en este caso no acabaron con la vida de Eliana, si la pusieron en un terrible riesgo.

Por su parte, y siguiendo la descripción de la autora mexicana, la complicidad del sistema de justicia en este caso, dio como resultado que el cúmulo de agresiones sufrido por Eliana sea minimizado, relativizado y tergiversado a tal nivel que posiblemente en dos meses, su potencial feminicida sea liberado y pueda volver a atacarla a ella o a otras mujeres.

En este, como en muchos otros casos la inoperancia del sistema de Justicia, genera una pregunta trascendental respecto a la conceptualización misma de los “derechos humanos”, mientras la justicia sigua interpretando los delitos de tal forma que no responsabilice a los agresores, no podremos hablar de una ley universal. La anulación de los comportamientos coercitivos y las prácticas de control, basadas en ideas machistas que dieron como resultado el casi asesinato de Eliana evidencian que bajo la pretensión de neutralidad en realidad la justicia tomó partido, la propia legislación se puso en evidencia como una ley masculina, hecha para defender los derechos de violentadores.  De allí la importancia de hablar de feminicidio, de la necesidad de considerar las especificidades de las agresiones contra las mujeres derivadas de un sistema de opresiones sobre ellas y así, establecer sanciones y medidas reparatorias proporcionales a esa especificidad.

En términos inmediatos, la sentencia recibida por el delito de lesiones menores es un ejemplo de por qué las mujeres en muchos casos no acuden a la justicia, y de cómo el propio sistema judicial, se suma al intento de anular sus voces y sus razones. Sin embargo, la fortaleza de Eliana y de las organizaciones de mujeres que la acompañan han impedido que se cumpla este despropósito. El movimiento global que se ha ido construyendo a lo largo de estas décadas, el cual ha permitido nombrar la violencia, desentrañar sus fundamentos y exigir transformaciones hoy se vuelve a manifestar en las palabras de Eliana “no se dejen ni una, ni una sola vez porque una piensa que estos hombres van a cambiar, te pueden rogar te pueden jurar amor, pero no es así, porque lo van a hacer una y otra vez.”

 

Bibliografía.

Radford, Jill and Diana E. H. Russell Fermicide. The politics of women killing. Twayne. New York, 1992

Lagarde, Marcela. Identidad de género y derechos humanos. La construcción de las humanas.

 

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