El gobierno contra el pueblo

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Lunes 11 de Mayo de 2020

El gobierno neoliberal de Moreno, Martínez, Sonnenholzner y Romo, atenta sistemáticamente contra la vida del pueblo desde el primer día de su mandato y en múltiples dimensiones. En medio de su manejo desastroso e intencional de la grave crisis humanitaria que vive el país -con medios y estudios internacionales que declaran que el Ecuador cuenta con la mayor tasa de mortalidad en América Latina-, se agudiza el curso de privatizaciones, recortes y despidos masivos perpetrados durante ya casi tres años. El resultado: un Estado incompetente y disminuido a tal punto, que se ve incapacitado para sostenerse a sí mismo.  

Solo en el sector de educación, los recortes suman en dos años más de 1.200 millones de dólares -entre educación básica, secundaria y superior-. La deuda externa ya era insostenible incluso antes del Covid-19: las medidas de austeridad impuestas por el FMI y el Banco Mundial llevaron a que más de 500.000 personas cayeran bajo el umbral de la pobreza en un año. El despido a servidorxs públicos, entre los cuales se supone el despido a más de 2.500 profesionales de salud y más de 70.000 docentes, solo en el 2019, se efectuó con un solo objetivo: reducir al sector de la salud como al de educación, a una capacidad de insuficiencia e inoperancia orgánica, para poder legitimar su privatización en beneficio directo de las élites económicas.

Este panorama se completa con una sociedad que en un 60% sobrevive en la informalidad o en el subempleo, bajo condiciones laborales precarias e indignas para cualquier trabajador. Al mismo tiempo, se advierte a nivel global, una recesión mayor que la que desembocó en la Gran Depresión en los años 30s del siglo pasado. En el Ecuador, en lugar de proponer un fortalecimiento de las instituciones públicas para salvaguardar la capacidad de sostener la vida del pueblo, las élites políticas se preocupan tan sólo por desmantelar las mismas, en un intento de entregárselas a las élites económicas.

Mientras el Gobierno Nacional anuncia un paquete aun mayor de austeridad, por medio del cual se repetirá la ola masiva de despedidos a trabajadorxs públicos, los titulares de la última semana arrojan un escándalo de corrupción tras otro respecto a sobreprecios en contratos públicos. Los casos se refieren tanto a la compra de indumentaria médica, como medicinas y bolsas para cadáveres en alrededor de 7 hospitales de Guayaquil, Quito, Ibarra, Babahoyo, Ambato,entre otros, como contratos del gobierno por publicidad por más de 500.000 dólares. Inclusive saltó la indolencia de la corrupción en sobreprecios en kits alimenticios.

Los derechos son producto histórico de la lucha de clase, nunca han sido regalos ni migajas de las élites para el pueblo. En la lógica del Estado burgués, los derechos no se encuentran asegurados de manera implícita. Los derechos, como todos los espacios colectivos, tienen que ser defendidos de forma constante para ser garantizados y sostenidos por el propio pueblo. La oligarquía sueña con despojarnos del derecho a la educación, del derecho a la salud y hasta del derecho a la vida. Para el capitalismo salvaje, la vida no tiene ningún valor, prima únicamente el interés de acumulación. Lxs que negocian con la vida, negocian también con la muerte. Tanto lo primero como lo segundo lo demuestra el accionar inescrupuloso del Gobierno Nacional, al beneficiar a sus acólitos y aliados con el pago de los bonos, al lucrar tanto de kits alimenticios como de fundas para cadáveres, y al pretender entregar los derechos de educación y salud al sector privado y la oligarquía.

Pero el poder del capital aprieta por todos lados. Desde los organismos internacionales de chulco, también nos condicionan. Cómo bien recordamos, el Ministro de Finanzas Martínez, pagó más de 700 millones de dólares a tenedores de deuda, con la promesa –bastante ingenua- de tener una nueva inyección vía préstamo para el país. Sin embargo, hasta la fecha, esto no se ha dado. La respuesta está en que las medidas que tenían que pasar en octubre del año pasado -y que en legítima resistencia el pueblo impidió que se impongan- eran uno de los condicionamientos para la nueva inyección. Por lo tanto, ahora, con la excusa (casi) perfecta de la pandemia, se intenta poner sobre la mesa, una vez más los recortes a subsidios de combustibles, precarizando cada vez más la vida del pueblo.

El confinamiento no nos calla. Los de arriba creen que tienen un ejército de trabajadorxs de reserva suficientemente sumiso al hambre, cómo para poder ajustar sin fin. Pero estamos organizando la rabia, preferimos morir en resistencia, que de sumisión. De hambre no vamos a morir, porque nos tenemos lxs unxs a lxs otrxs; los sistemas comunitarios de sostén de la vida son cada vez más y más fuertes, como semillas, nos multiplicamos. Las alianzas campo ciudad crecen y toman diferentes formas. Lxs estudiantes y maestrxs estamos en las calles. Poco a poco lxs tantxs trabajadorxs despedidxs van saliendo del confinamiento. La organización es lo único que nos queda: resistir a las infamias incontables e insufribles del poder del capital en manos de este gobierno nefasto. Solo el pueblo salva al pueblo, y ahora es nuestra oportunidad histórica para darle la vuelta a la tortilla.

 

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