¡Crisis! ¡Crisis! ¡Crisis!

Crisis
Miércoles 18 de Abril de 2018

Derrota, retroceso, desesperación, angustia: son palabras que asociamos peyorativamente a crisis. Derivada del griego krísis 'decisión', del verbo kríno 'yo decido, separo, juzgo', crisis, marca fundamentalmente un momento de cambio, y este último puede – y debe - relacionarse a esperanza y oportunidad.

Es comprensible la vinculación de los términos negativos, pues, sin ir muy lejos en la historia de nuestro país, desde el “retorno a la democracia” hemos vivido en una profunda y continua inestabilidad en todos los planos: económico, político, social, etc. Aprendimos a vivir en crisis; conocimos la brutalidad del neoliberalismo y sus gobiernos lacayos, la emergencia y rápido desmoronamiento de la Revolución Ciudadana y su programa modernizador, hasta llegar al actual escenario de restauración de las élites que nunca se fueron, nuevamente legitimadas y respaldadas por el Estado ecuatoriano.

Este estado constante de crisis posibilitó el aprendizaje político de amplios sectores del pueblo: en la calle, en los centros de estudio, centros de trabajo, en los barrios populares, en el campo y en la ciudad se desarrollaron importantes niveles de conciencia y combatividad, derrocando a tres presidentes casi simultáneamente.

Mientras en las calles resonaba con virulencia el “¡Fuera todos!”  se logró la creación de organismos de poder directo, los cuales organizaban, coordinaban y actuaban y cuya experiencia - luego ahogada por la agencia del Estado, intereses particulares y la falta de un programa revolucionario de largo alcance hacia el Socialismo -  fue importante en la medida que el pueblo aprendió por sus propios medios que cualquier transformación, pasaba necesariamente por la organización y movilización popular.

A pesar de haber sufrido derrotas importantes y que tras el sacrificio se hayan traicionado las aspiraciones del pueblo, aprendimos que hasta los adversarios más fuertes pueden ser puestos de rodillas por el poder popular. Lo que hemos vivido nos ha dado más oportunidades y esperanzas para pensar la sociedad que deseamos construir; y ellas, traducidas al análisis táctico y estratégico nos señalaron los errores y virtudes del espíritu insurgente de nuestro pueblo y quedó claro que tras el alzamiento espontáneo venía la restauración del sistema dominante.

Coincidiendo con estos análisis, varios militantes e intelectuales de izquierda, hemos decido construir este medio de comunicación alternativo llamado “Crisis”, porque pese a todos los retrocesos existentes, vemos una oportunidad en el actual momento – un quiebre absoluto y caricaturesco de la política nacional - para la emergencia de nuevos referentes de izquierda revolucionaria en el país, partiendo de una profunda crítica y autocrítica, que permita elevar el debate sobre argumentos simples, luchando por un nuevo sentido y práctica revolucionaria.

¿Cómo caracterizamos el momento actual?

La dicotomía “morenistas” versus “correístas”, ha permitido visibilizar con mayor claridad entre el pueblo los defectos de la Revolución Ciudadana respecto a la relación Estado-sociedad, incluso en aquellos sectores considerados “correístas”. Lejos de ser un proceso que integre del todo al pueblo y sus organizaciones, la Revolución Ciudadana fundó un mito “Estado céntrico” en el que se aducía que el Estado durante el neoliberalismo “no existía”, y que por lo tanto, la constitución de un Estado interventor era el principal elemento para transformar nuestra sociedad, restando importancia a la participación popular en la construcción de una nueva sociedad y país.

La Revolución Ciudadana, proceso que en un período inicial adquiere una dimensión anti neoliberal recogiendo elementos programáticos de la efervescencia popular de los años 90 e inicios del 2000, maniobra dentro de los márgenes del capitalismo, organizando un Estado interventor, necesario sin lugar a dudas, pero que poco a poco comienza a limitar y excluir la participación popular.

La Revolución Ciudadana enclaustra la organización popular en medios burocráticos o directamente la desarticula, inaugura una forma de representación y agencia “popular” mediatizada, clientelar, disfrazada de un discurso progresista. Sin embargo, pese a tener características de una “revolución pasiva”, politiza e ideologiza a grandes sectores de la sociedad ecuatoriana, quienes reconocen la “inversión pública” o el “reparto de la renta” como sinónimos de “Socialismo”.

Este fenómeno no menos importante, brinda una base social en disputa, que pese a su precaria formación política e ideológica, obnubilada casi siempre por la figura de Rafael Correa, puede ser uno de los actores protagónicos en el futuro del país; además de otros sectores, no identificados o en contraposición con el fenómeno “correísta”, tales como las bases del movimiento indígena, estudiantil, sindical, barrial, etc.

Por lo tanto, la derrota del programa modernizador de la Revolución Ciudadana y su forma de hacer política, significa la derrota de un tipo de izquierda, una izquierda “estatista” que sobredimensionó el papel del Estado respecto al protagonismo popular, así como de una izquierda que sin pena compartió y comparte calle y consignas con el fascismo.

Esta situación abre una brecha importante en la disputa por un nuevo sentido revolucionario, considerando la probabilidad de que en un futuro cercano el pueblo se vea obligado a salir a las calles; lo que nos obliga a trabajar en la formación de un movimiento político social de nuevas características: popular, feminista, ecológico, democrático, anti imperialista, anti capitalista y nuestroamericano, construido desde el poder popular en el plano económico y de la auto defensa.

Nos preparamos para una larga marcha.

Entendemos que la construcción de un nuevo referente de izquierda, léase una organización revolucionaria, pueblo e instituciones populares de autogobierno, táctica y estrategia, programa, nueva relación Estado-sociedad, etc, tomará tiempo y no dependerá de los deseos de individuos u organizaciones, sino de la marcha del pueblo en la construcción de su propio destino, del que no podemos ser más que sus acompañantes, pues estamos vinculados a este en carne y hueso.

Crisis pretende ser uno de los elementos que posibiliten la construcción de este referente, a sabiendas de las limitaciones que posee un medio electrónico. Creemos firmemente que la batalla de ideas, aparentemente relegada a la gente “culta”, puede y debe ser protagonizada por medios de comunicación alternativa y por militantes e intelectuales del campo popular, en un fenómeno que no puede ser sino la expresión más pura de la sensibilidad del pueblo.

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