Amor a Cuba se llama esto
Por coincidencias de la vida, lo primero que leí de Fidel fue el discurso pronunciado en el resumen de la Plenaria Obrera de Alfabetización del 16 de agosto de 1961. En el colegio habían organizado una campaña de donaciones -no recuerdo para qué desgracia- y entre la pila de libros donados estaba ese libro maltrecho. En la portada Fidel con su uniforme de barbudo, rodeado de pioneritos y pioneritas. Se llamaba: Acerca de la Juventud. Una recopilación de discursos de Fidel pronunciados para los jóvenes de la patria. Edición de 1978, el año del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes de La Habana. Yo tenía unos 12 o 13 años, y claro que sabía quién era Fidel, pero aún no lo amaba. Al año siguiente nació mi hermano, a quien llamé Fidel.
Arrimada a la pared de la cancha de básquet del colegio me leí ese primer discurso entero. Ese día me enamoré de la Revolución Cubana. Me conmovió profundamente la franqueza de esas palabras, y entendí claramente cuando dijo Fidel que para Cuba, la campaña de alfabetización era una cuestión de honor. Y entendí también que por la dignidad se lucha, hasta vencer. Ese libro me acompaña hasta el día de hoy.
En el marco de la exposición Contra el Cerco, Arte en Resistencia en solidaridad con Cuba, tuve el honor de entrevistar a las maestras Pilar Bustos y Yumac Ortiz -mujeres artistas y militantes- organizadoras y curadoras de esta exposición, conjuntamente con el equipo de museos de la Casa de las Culturas. Esta es la primera de las dos entrevistas, que serán presentadas a día seguido. La exposición estará abierda del 9 al 28 de abril de 2026 en la CCE.
Pilar, a quien no conocía a pesar del cuadro colgado en la sala de mis padres, inició su relato precisamente con la campaña de alfabetización del año 61 en Cuba. El nudo en la garganta me acompañó toda conversación. Les presento ahora la entrevista que Pilar me concedió, que desde el primer momento me tocó las fibras más sensibles. En efecto, como bien cierra Pilar: Amor a Cuba se llama esto.
DA: ¿Por qué es importante la solidaridad con Cuba?
PB: La solidaridad con Cuba es porque yo soy una agradecida, completamente; y porque tengo conciencia de la Revolución socialista.
En el momento que llegué a Cuba en el año 61 -que fue el año de la alfabetización- mi madre se emocionó mucho con este proceso y nos mandó a alfabetizar a mi hermana y a mí. Isabel con 13 años y yo con 15. Alfabetizamos los tres meses que quedaban del año con una cartilla maravillosa de Cuba para poder enseñar, muy fácil. Yo le enseñé a un muchacho de 22 años, a Isabel le tocó un viejo que no logró aprender, y ella era más chica también. Tenemos la foto de alfabetizadoras. Eso nos dio derecho a una beca donde nos hicieron un análisis para ver si teníamos virtud para aprender pintura, para estudiar danza. Ella estudió ballet y yo artes plásticas.
Desde el 62 que empezaron las escuelas de arte, y nosotras ya entramos. Mientras se construían seguíamos estudiando parte de la secundaria y también arte. Para todos los artistas: teatro, danza, pintura, todo de maravilla, con los mejores maestros de Cuba, maravillosos. Entre esos tuvimos de Maestro a Wilfredo Lam, a Roberto Matta que son personajes admirados en todo el mundo. Tuvimos una educación maravillosa, por ese lado agradecida. Pertenecí también a la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba cuando estaba en la escuela.
En asuntos de salud, tuve una operación en la carótida y me resolvieron tranquilamente. Y después cáncer de mama en el 2015 y estoy perfecta. La indicaciones de los médicos son estupendas, la operación de la doctora Inés Pérez, maravillosa. Y bueno la gente allá se opera gratis, todo gratis y la atención, todo el tiempo preocupados de uno. Entonces soy una agradecida.
Soy una pintora que tiene una trayectoria ya. En Cuba pertenecí a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba UNEAC. Ahí yo ilustré El Caimán Barbudo, Revista Cuba y más cosas. En el año 65 participé en un mural en el que me gané el segundo premio conjuntamente con la Ministra de la Construcción Josefina Rebellón y Marco Gutiérrez un arquitecto chileno, para hacer los murales de la historia estudiantil de la Universidad de La Habana.
Después estuve en Ciudad Sandino en Pinar del Río, donde el arquitecto Marco Gutiérrez me dice, vamos a que hagas este mural allá. Un mural de 20 metros de largo y 2.50 de alto completamente difícil, en un material que se llama terrazo. En este material se trabaja con maestros que siembran las pequeñas partículas de piedra y metal con las que se va dibujando el mural. Con tiza diseñé este mural gigante y después el arquitecto me ayudó a calcar eso al muro. Ese mural subsiste. Yo dibujé y pinté pensando en lo que iba a ser la proyección de esta ciudad, que se estaba recién construyendo.
En Ciudad Sandino se estaban haciendo las casitas para muchos campesinos que habían venido de Escambray, donde había resistencia fuerte a la Revolución. Entonces Marco estaba haciendo las casas para la gente, muy bonitas y sencillas, y me pidió que yo haga el mural. Hubo un concurso y yo me gané el premio para hacerlo. Eso se demoró un año, mientras yo estaba embarazada de mi hija. Mi marido me ayudó a terminar el mural porque tuve que salir corriendo a dar a luz a La Habana y me faltó terminar un pedazo de ese mural, al final. La última placa, que se levantaba con grúa cada placa y se la colocaba en una pared muy gruesa –importante- que cerraba un espacio donde en ese momento se cocinaba para los trabajadores, pero que iba a ser el círculo social.
Este mural daba hacia un parque, o donde iba a haber un parque, así que todo tenía que pensarlo yo, tener una visión de esta cosa que aún no existía. Así que hice algo que creo que es muy moderno, porque insinué muchas cosas como los cortadores de caña, las vacas cebú, el hombre con un fusil que está atento. Todo muy sencillo y los niños, la pareja, después el niños saliendo de las plantas de tabaco, porque era una zona tabacalera. Pero sabes, después destruyeron los norteamericanos el tabaco de esa zona. La maldad. Destruyeron muchas cosas, los cítricos, las tierras ya no se podían sembrar porque estaban maltratadas porque les habían echado no-se-qué. Toda la delincuencia que hubo para afectar a la Revolución, por todas partes.
Entonces así mismo los alfabetizadores. Lo que pasa es que en la Revolución nada era grave, no te hacían sentir. Siempre estábamos muy cuidados. No sentíamos la gran batalla que tenía Fidel en todo. Apuntaba: “ustedes a trabajar, ustedes a pintar, ustedes a crear” y todo se nos daba y en todos los campos. En la medicina, en el arte, en el cine.
Entonces ese mural quedó sin terminar, me tuve que ir a La Habana a dar a luz y lo terminó mi marido. Y no lo pude ir a ver, no lo llegué a ver, porque a los 3 meses ya me vine a Ecuador, con mi madre que ya tenía que venir. Fíjate que desde el 62 tú ya no podías venir, porque ya se anularon todas las relaciones con América Latina. La OEA impidió que Cuba se comunique con ningún país, excepto México. Nadie podía viajar de Cuba a América Latina, a ningún país. Tenías que ir por Europa para poder llegar. Entonces a los tres meses que veníamos con mi madre y mi hija, tuvimos que venir por Checoslovaquia, pasar por Francia y de ahí llegar al Ecuador. Ajustando al mínimo de dinero para poder hacer todo ese trayecto. Estaba prohibido. Te das cuenta. Prohibido. Así: no se podía llegar a Cuba desde Latinoamérica.
Por eso te digo, yo amo a Cuba por la inteligencia, por la sensibilidad, por la cultura y por las ideas socialistas de Fidel, por supuesto. Maravilloso. Ahora van a ser los 100 años de Fidel, entonces esta exposición también es un homenaje a Fidel.
DA: Después de ver todo este proceso revolucionario desde que empezó, y ver ahora que en este contexto de renovación del fascismo con Trump y el sionismo ¿qué sientes con el asedio a Cuba, que ya ha sido terrible por 65 años, y ahora es más grave?
PB: Ahora es peor. Bueno te digo, se ha sacrificado mucho a Cuba, pero han logrado cosas maravillosas.
En medicina. Nadie en Cuba murió por la Covid como aquí en Ecuador. Esa cantidad de gente que se murió en Guayaquil en las calles. En Cuba no murieron. Hicieron 5 vacunas contra la Covid, y ya confirmado que eran buenas no les permitieron comercializarlas hacia afuera. No pueden comercializar montones de cosas que conocen y que pueden aportar a la vida en todas partes.
Mira, las brigadas para curar la vista de las personas. Aquí se hizo una construcción especial para operar vista, se hizo en Latacunga, sobre todo para atender a los pueblos indígenas, pero todo el mundo podía ir, y era gratuito. Eso lo destruyó Moreno, el edificio y el programa.
La historia, fíjate es muy importante. La historia y la verdad de las cosas hay que conocerla. Es una guerra terrible. Por eso la solidaridad. Los seres sensibles como los artistas, los seres humanos que saben que no podemos perder la solidaridad, el amor entre las personas y la unidad entre la gente. Hay que seguir siendo solidarios, y esa solidaridad no hay como ocultarla, tenemos que defenderla.
DA: Hay algo más que me quieras decir sobre la solidaridad con Cuba o el centenario de Fidel
PB: Si. La solidaridad con Fidel es porque es un hombre claro que se enfrentó a la imposición del capitalismo. Después del 59, en seguida, en el 61 ya empezó la guerra contra Cuba. Cuando Fidel declara al 61 como año de la educación, donde todo el mundo y todo se paralizó para que todos los estudiantes y profesores se desplazaran por todo el país, muy organizadamente porque eso sí, te lo confirmo, teníamos siempre los uniformes, las cosas correctas. Cuando estábamos en la escuela, hasta los calzones todo. La Revolución se preocupaba de que todos tuvieran lo que tenían que tener para todo. Los alfabetizadores -muy jóvenes algunos- pero todos nos desplazamos con nuestra lámpara que en ese entonces era de petróleo, a convivir con los campesinos que quisieran aprender a leer y escribir. Entonces se vivía con los campesinos. Es decir, hazañas históricas, maravillosas.
A Cuba hay que conocerla, entenderla, aprender de ella, muchísimo.
Amor a Cuba se llama esto