Las cárceles de Ecuador son centros de exterminio II

carceles
Miércoles 8 de Abril de 2026

Entre 600 y 700 Personas Privadas de Libertad han muerto dentro del sistema carcelario del país desde el 2024. Las PPL han sufrido históricamente de procesos de deshumanización, adicionalmente el Estado ecuatoriano les ha sometido a la más cruel brutalidad donde las masacres carcelarias no solo se normalizaron, sino que se justificaron y celebraron, así mismo la enfermedad, el hambre y las ejecuciones extrajudiciales. Las cárceles se han convertido en centros de exterminio y en espacios donde normalizar la extrema violencia y precarización.

En este contexto se realizó una serie de entrevistas a Estefanía Garzón -Tiffany- vocera y fundadora de la Organización de Familiares de Personas Privadas de Libertad a nivel nacional. El punto de partida de esta serie de entrevistas es un relato personal. La entrevistada pasa de compartir el sentido común punitivo que reduce a las personas privadas de libertad a enemigos, y cuestiona la estructura desde su experiencia frente al sistema penitenciario.

Tras el surgimiento de la organización, el siguiente momento es el intento de acceder a la justicia. Esta entrevista se centra en el uso de mecanismos legales y en su sistemático fracaso frente a denuncias de tortura, desaparición y violencia institucional. A través de casos concretos se expone cómo el sistema judicial opera como una extensión de la estructura punitiva de control y violencia capitalista. Las familias se enfrentan a un sistema que bloquea, dilata o niega respuestas.

La lucha por la justicia

RC: Ustedes empezaron a organizarse. ¿Cuál fue la respuesta del Estado?

EG: Mientras no había respuestas y la gente seguía muriendo o siendo golpeada, conocimos al doctor Patricio Almeida. Él nos dijo que metamos habeas corpus.

Hicimos grupos de diez en diez (para sacar los habeas corpus). Las juezas Ana Sánchez y Diana de Ambrosio veían a los chicos golpeados. Un chico se levantó la playera y se veían las botas marcadas, los latigazos. Ningún habeas corpus ganó. Ninguno.

Y no solo era la violencia, verás. Era todo. Por ejemplo, en Santo Domingo conseguimos el listado de lo que les dejan comprar a las chicas y eran pendejadas: un dorito, una galleta, cuatro cosas y tres de aseo. Yo llamé a pedir el listado autorizado y me mandaron uno larguísimo. Mandamos a empapelar la cárcel con eso.

Imagínate una mujer viviendo con cinco toallas sanitarias al mes, pagando. Peleamos eso. Y después te dicen que no hay. Entonces ¿de qué derechos estamos hablando?

Había uñas arrancadas, cabello sacado con pinzas. Ordenaban peritajes que nunca entraban. En Latacunga siempre falta una firma, siempre falta algo, por eso casi nadie sale.

Yo le dije a David Saritama que la gente va a salir con odio, con rencor, aguantando palo, aguantando hambre. No hay reinserción así, pasan 24 horas encerrados.

Logramos al menos acceso a abogados. Antes ni eso. Después de las audiencias les pegaban otra vez, pero salían con papel higiénico medio escrito, no tenemos ropa, estamos en boxer, nos mojan la ropa. En ese frío del diablo en Latacunga.

Y en esto, paréntesis en estos habeas corpus, le desaparecieron a mi hermano, en esa época estaba preso mi hermano por parte de padre y le desaparecieron en una acción de habeas corpus donde eso no puede ser y la jueza dice, es un caso aislado. Yo dije mi hermano tiene que aparecer, todos los privados de libertad, vivos o muertos tienen que aparecer ahí. Es más, a mi hermano tenían que haberle dado en ese momento libertad, inmediatamente.

 

RC: ¿Cuándo fue eso?

EG: Cuando hicimos los habeas corpus masivos le desaparecen a mi hermano, ya luego apareció, pero las compas me ayudaron a hacer boletines verdes que decían queremos saber dónde está Steven, fue desaparecido en audiencia. Una audiencia de habeas corpus claramente dice que tiene que aparecer, no se puede dar la audiencia si no está el privado de libertad. Y esta jueza simplemente dijo pues es un caso aislado, es que él no ha querido salir. Y no, ya te imaginarás, yo lloraba desesperada porque yo le decía mi hermano dónde está.

Yo siempre he sido la que pone la cara porque los familiares tienen miedo, yo les he dicho a mí ya el Estado me ha quitado tanto, ya no tengo que perder.

 

RC: ¿Y cuánto tiempo estuvo desaparecido tu hermano?

EG: Las audiencias de acción de habeas corpus son inmediatas. Se daban las audiencias como cada semana o cada 15 días o cada 8 días más o menos. Entonces, mi hermano desapareció más o menos una semana y media. Y apareció y mi hermano decía, en realidad no me quisieron sacar –dice- gracias a Dios no me sacaron porque los que salieron de esa audiencia les partieron la madre. Les castigan.

Este castigo por hablar es callarte. Por ejemplo, es lo que estamos viviendo incluso ahora en las nuevas audiencias de este nuevo campo nazi de Santa Elena, por ejemplo, allá se están dando las muy pocas audiencias que se dan a los privados de libertad, pero tú les conoces y en la mirada se le ve el temor, lo que no hablan, entonces tú los ves y les preguntas ¿estás bien? ¿estás comiendo? No pueden hablar, no pueden decir nada.

RC: Sistema de tortura como dices tú, son campos de concentración.

EG: Exacto. Entonces, total de esto, remontando a lo que te digo, ya, ganamos esto de la acción, de la comida, y yo venía como que pucha, ya si nos quitamos un peso, porque estresante, tú madrugabas tres de la mañana, cuatro, y no dormías y vivías así, y corre y un plantón acá y gritemos acá. Y entonces vivías contrarreloj y con ese de que tal vez te digan que mañana el fallecido era tu hermano, por ejemplo. En mi caso, porque era la que más jodía, yo decía mañana desaparecen a mi hermano.

Y en esto me llama esta señora, me acuerdo una compa que desapareció de la faz de la tierra, y ella me dice por error, y yo le mando, no me acuerdo bien si fue a dejar un escrito o fue a dejar algo del hijo, pero nosotros veníamos haciendo con ella hace una semana atrás, depositando el economato porque ya se había reactivado. Dejamos depositando el economato y le dejamos el kit de aseo a PPL. Y sucede, me llama, la semana me llama y me dice así Tiffany, me mataron a mi hijo. Me dio en el alma, porque yo siempre contesto. Entonces yo ese día estaba cruzando la avenida Solanda y hago esto así, no contesto y me manda el audio y escucho. Me quedé paralizada así en media calle y los carros pitando. Mi mamá sí, qué pasó.

Ese ratito viajo a Latacunga, resulta que al muchacho ya lo habían matado hace un mes y medio y no pudimos recuperar el cuerpo porque estaba en una fosa común. Entonces, después de eso la compa desapareció. Era una de las compas que yo le decía, compa, vamos mañana al SNAI -vamos, vamos compa a Defensoría -vamos. Era una de las compas que estaba que se desvivía por su hijo, por sus nietos. Entonces, después de eso el marido me dijo compa, le agradecemos un mundo todo lo que hizo, las fuerzas que usted tiene, pero no queremos saber más nada, nos queremos ir del país. Entonces hasta ahora no he vuelto a saber de ella.

Imagínate entonces cuántos casos no pasaron así. Yo logré obtener más o menos unos 30, unos 25, unos 20, no me acuerdo el listado original de los privados de libertad que nosotros sabíamos. Imagínate cuántos en realidad no están en esa fosa. Porque incluso había el caso de un privado de libertad racializado. Porque yo he dicho, mucha gente de la que está presa -tú no ves gente presa de corbata- tú mucha gente ves racializada, gente negra, madres de familia que lamentablemente tienen que arreglárselas para dar de comer a sus hijos, incluso para poderles dar de comer. Ahí hay gente de sectores populares. Ese tipo de gente es la que está presa, porque no tienes más opción, lamentablemente. Hoy día, mira, para no ir lejos, no te sirve tener un título de bachiller.

 

RC: ¿Quién tiene trabajo en el país?

EG: Entonces imagínate, sales, yo por eso decía, salí presa y aparte de eso no tengo trabajo. Tú sales, muchas veces cuando uno sale privado de su libertad te botan en Latacunga. Y si eres de Quevedo, cómo diablos te vas. Y si eres de Quito, cómo regresas. Y si no tienes familia. Y es más, no pudiste avisar a tu familia, qué haces. Además la gente cree que el Estado los mantiene. Mentira. Las familias sostenemos todo. Solo el economato son unos 100 dólares al mes. Súmale visitas, abogados, medicina, transporte. Entonces no es que están viviendo gratis. El sistema lo sostenemos nosotros.

Y aparte de eso, mira, por ejemplo, en el caso de mujeres, nosotras a la final somos las que nos quedamos con los hijos. Y cuando tú te vas presa, se llevan a la Dinapen, sales sin casa, sales sin familia, sales sin tus hijos y sales encima más debiéndole al Estado. Aparte de eso, porque ya pagas tres años, supongamos, y tienes que pagar ocho salarios básicos. De dónde. Y aparte de eso, que un exprivado de libertad no te van a dar trabajo, tienes el récord mal. Yo te digo, yo sí estuve presa porque le saqué la mierda a uno y me pusieron mi celular que me habían robado, en mi mundo cachinería.

 

RC: Ganar la alimentación también fue una victoria que viene de la organización

EG: De las familias, sí. Para nosotros fue muy importante. Entonces, nos pegaban bien duro, no te dejaban vivir, era una manera de que te desgastes y te canses y no jodas, de que se canse la gente y ya no pueda salir a joder a la burguesía.

Nos dábamos las mañas. Sostuvimos la cárcel, dimos de comer, gestionábamos camiones de agua, porque en las cárceles no hay agua fija, todo es por tanquero.

Los directivos se hacían los locos, no está el director, hable con recursos humanos. Y nosotros no nos movíamos de ahí. Eran tan desgraciados que tú estabas con el camión lleno de comida afuera y te decían que no está autorizado.

 

RC: Yo me acuerdo una noticia que hubo, no sé si fue en 2024 o 2025 en Latacunga, en el que fueron como 5 camiones de comida que simplemente dijeron que si no estaba autorizado iban a botar todo.

EN: Sí, tengo fotos de esa época, fue muy dura. Yo me paraba y decía, de aquí no me voy a mover si usted no me hace ingresar. Me decían, ya le ayudo con el autorizado, pero solo ingresa usted y el chofer, y usted baja el camión. Y yo le decía al señor del carro, por favor no sea malo, algún día puede ser su hijo.

Bajábamos el camión nosotros mismos. Y eran tan desgraciados que te hacían bajar en un filtro, subir, pasar al otro filtro, volver a bajar, volver a subir, hasta que por fin ingresaba. Y ni así les llegaba la comida. Ni así. Y adentro es peor. En Latacunga, por ejemplo, donde se unen los pabellones hay montañas de basura. Ratas, de todo.

Y uno dice, ¿por qué no los sacan a limpiar, a hacer algo útil?

Pero no, los tienen encerrados 24 horas.

Nos levantábamos de madrugada a recoger en mercados, mucha gente te cerraba la puerta apenas escuchaban privados de libertad.

También con los camiones de agua era lo mismo. Y creo que fue tan duro que adentro ya querían amotinarse, entonces como que empezaron a dejar ingresar algo.

Hubo una vez que nos quedamos durmiendo con las cabezas de verde. Nos tocó dormir con la carga en ese frío, yo con mi maletita de supervivencia, una cobija, una chompa, para poder intentar ingresar al día siguiente. Nos contaban las cabezas de verde, 100 verdes, si entraba uno más te lo sacaban, una caja de tomates más y te decían que no.

Terminó esa etapa y parecía que soltaba un poco, pero otra vez volvía.

Fuimos al SNAI y nos reciben con gas. Ya eran seis meses sin saber nada, y tenías que escoger si mandar un abogado para saber si está vivo o usar ese dinero para mandar media arroba de arroz para que coma. Así era para las familias.

Nos organizamos para hacer un plantón en el SNAI. Llegamos, nos cierran la puerta, contingente enorme de policías y nos lanzan gas. Había una compañera embarazada, había niños, y aun así lanzaron gas. Estaban también las compas de Mujeres de Frente ayudándonos. Andrea dijo, aquí no vamos a obtener nada, vámonos. Entonces decidimos marchar a la Defensoría del Pueblo, eso fue entre junio y julio de 2024.

Ahí entramos bastantes personas. Y yo me acuerdo que me paré en la mesa y dije, yo no vengo por mí, yo soy una lideresa popular, de mí no espere más, hijo de puta. No soy estudiada, soy ex privada de libertad, y de aquí no me voy hasta tener una mesa de diálogo. Y si no nos atiende, mañana le traigo 40 locas desnudas a gritarle.

Ya aprendí que si vas a pedir de favor no te dan nada.

Exigí mesa de diálogo con todos, Defensoría, SNAI, Ministerio de Salud, militares, policía. Porque se lanzaban la pelota entre ellos.

También exigimos hablar de los ejes de tratamiento. Llevaban seis meses encerrados 24 horas sin visitas, sin nada. Para obtener beneficios necesitas carpeta y puntajes de tratamiento. Pero sin actividades no hay puntos.

Había un documento que decía que si cumplías la pena podías compensar la falta de ejes, pero hasta ahora nadie ha salido con ese papel.

En esa mesa estuvo David Saritama del Ministerio de Salud. Yo le dije, no nos vamos hasta tener un cronograma de visitas. No me sirven cifras. Los privados de libertad no son números, son personas, tienen familia, tienen hijos. Y de eso, a la semana obtuvimos visitas.

Para esa época junio o julio yo venía recogiendo los casos de muertes, para demostrarle a Gabriela Hidalgo, directora de Prevención contra la Tortura, que trabajan con la Defensoría del Pueblo. Entonces yo le decía a ella, usted a mí no me va a venir a decir que no hay muertos, cuando yo tengo aquí un listado de 30 muertos.