Época de contrarreforma y confusión (I)

Correa
Lunes 10 de Octubre de 2018

La crisis de la izquierda aún no toca fondo en medio de la situación política que vive el país, por ello es importante ubicarse en el significado del “Morenismo”, así como plantear los desafíos que tienen los que quieran construir una propuesta alternativa para Ecuador. En este primer artículo para Crisis se hará un balance de la última fase del gobierno de la Revolución Ciudadana y el primer año del gobierno actual, para en el siguiente artículo examinar el giro del Morenismo  y  las crisis de las izquierdas.

La pérdida de hegemonía de la Revolución Ciudadana.[1] 

Lo que estaba en juego a finales del gobierno anterior no solamente era el resultado electoral, sino la suerte del régimen político. Por una parte, la crisis fruto del declive de los precios del petróleo provocaron cambios en la orientación de la política económica, acentuando los rasgos primario-exportadores, buscando contener selectivamente las importaciones y ajustando la inversión pública, debilitando el rol del principal actor de la década: el Estado.

Por la otra, el régimen se encontró con una nueva correlación de fuerzas luego de perder 20 ciudades en las elecciones seccionales del 2014 a manos de la derecha, corriente que se ancló en la sociedad civil, en revistas que desafiaban la hegemonía en las redes sociales y en los medios de comunicación. Todo ello se expresó en la “Marcha de las Banderas Negras”, cuando la derecha entró a disputar los espacios públicos.   

Era previsible que el régimen político construido en 8 años perdiera sus bases de sustentación: los errores de la Revolución Ciudadana comenzaban a pasarle factura. El boicot a la consulta del Yasuní demostraba que el gobierno tenía recelo de consultar al pueblo un tema vital para su modelo desarrollista.  Se dio una erosión de las relaciones entre el gobierno central y los gobiernos descentralizados. El   bloque político no se logró consolidar debido al desprecio a las organizaciones sociales, la pérdida de las capas campesinas indígenas de la sierra central y al alejamiento de las capas medias urbanas. Al descuidar las causas nacionales populares, la Revolución Ciudadana abandonaba la construcción de la hegemonía en la sociedad civil y dejaba espacios libres para la actuación de la derecha.  

En la última fase del gobierno de Correa se notaba el quiebre de las ideas movilizadoras que fueron fundamentales en fase primaveral de la Revolución Ciudadana: la soberanía, los derechos, el ambiente, la igualdad, la plurinacionalidad. La gran insuficiencia de la Revolución fue la sustitución de la cultura por la publicidad. Esto permitió una relación directa del líder con la población, pero no fomentó una propuesta popular y nacional rebelde, que reconociera la diversidad social, étnica, territorial y de género y que afirmara la identidad de un sujeto político.  

Estos aspectos se expresaron en la ausencia de una organización política. Alianza País ganó el poder sin fraguar su ideología política en el terreno del conflicto.[2] De manera precipitada tomó el poder y creyó ingenuamente que podía descansar su fuerza en el Estado. Esto le duró poco, pues si bien desde los ministerios conducían campañas victoriosas con un frente electoral ad hoc, nunca construyeron un instrumento político que permitiera resolver las diferencias entre sus fracciones regionales e ideológicas de izquierda, centro y del populismo local. Alianza Pais se afincaba cada vez más en la costa y en los caciques regionales. El gran articulador de esa entidad compleja era Correa, que pese a su brillantez no era capaz de resolver las contradicciones. Algunos grupos de izquierda encontraron con él la reencarnación del profeta, los tecnócratas al Keynes criollo, mientras los empresarios hacían negocios al tiempo que le rodeaban haciéndole culto de su ingenua pretensión. 

Advertíamos que esos factores configuraban los “cinco jinetes del apocalipsis” que regaron como peste luego de una década de victorias. Luego de las elecciones de 2017 con un colega dibujamos varios escenarios: uno que implicaba la persistencia del régimen, pero con un gobierno que se reduzca a administrar la crisis, otro de profundización de la crisis política y económica, de división de Alianza País, de polarización con la derecha y un tercero de recomposición y redemocratización de la Revolución Ciudadana.  

Después de 18 meses, podemos afirmar que la segunda hipótesis se cumplió, aunque parcialmente, pues Lenin Moreno ganó las elecciones y Lasso mordió el polvo de la derrota. Esto sin embargo no hizo que las élites tradicionales transijan en su objetivo, sino que se adapten hábilmente, manteniendo las formas democráticas, moviendo cautelosamente sus fichas en torno al poder, mientras se aprovechaban del débil liderazgo de Moreno. Para eso les sirvió el argumento de la corrupción, pues buscaban destruir la fuerza política que les había quitado el poder durante una década.  

Primer año de Moreno: la derrota del correísmo.

El gobierno de Moreno mantuvo algunos rasgos del gobierno de Correa (aperturismo, alianzas público-privadas, inversión social), pero distribuyendo el gabinete entre empresarios, de manera que las élites económicas lograban algo que nunca habían logrado en la década anterior: gobernar directamente sin intermediarios. El primer año estuvo caracterizado por el gradualismo en lo económico y el “diálogo” en lo político.

Para ganar en esa disputa, la efímera coalición utilizó varias estrategias: la principal fue la anticorrupción, poniendo sobre las cuerdas a Glas y a los “boy scout”; la élite de Alianza País que se había beneficiado de los contratos con el estado y el control de las empresas estratégicas. Otra fue una de inspiración liberal: ganar a actores de la sociedad civil y de los grupos políticos con una imagen democrática contra “la dictadura”, reuniendo al conjunto de la oposición a Correa. Allí estaban los socialcristianos, Suma, las cámaras, los medios de comunicación, sectores de clase media a los que no les gustaba que les frenen el consumo, las fracciones de izquierda coordinadas por el Socialismo de Ayala Mora, Pachakutik, UP (ex MPD) y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT). Esta política se coronó con la Consulta Popular de febrero pasado en donde el “sí” logró dos tercios de los sufragios y el “no” apenas un tercio, resultado que les permitió coptar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social como instrumento para descabezar la institucionalidad correista.

En lo económico implementó una estrategia “gradualista”, que elude el ajuste drástico y trata de sostener algunas políticas sociales, profundizando las políticas de apertura. Sin embargo, en este año se mantuvo en economía a personajes del equipo de Correa

Estas orientaciones se acompañaron por una estrategia en el campo de la comunicación: se entregó los medios públicos a los “sicarios de tinta”, conocidos periodistas de los medios privados. Esta estrategia tuvo falencias que mostró las debilidades del gobierno, pero sirvió para legitimar la batalla “democrática” contra el “caudillo derrotado” e identificar a la corriente correísta con la corrupción, desmontando definitivamente los ejes democráticos de la Revolución Ciudadana.

Adicionalmente, hacia el interior del movimiento gobernante, la orientación fue tomar el control de la directiva de Alianza País dejando al sector correísta en las sombras y consolidando un bloque parlamentario favorable. Esas tácticas fueron exitosas tal como se vio en el resultado de la consulta y en el ascenso de la popularidad de Moreno a un 75% en diciembre del 2017.

Mientras tanto, la derecha actuó con cautela postergando las expectativas sobre la política económica, mientras se creaban las condiciones políticas para desalojar a su enemigo peligroso. Se conformó un bloque parlamentario mayoritario que santificó las políticas de Moreno. Nebot del Partido Social Cristiano (PSC) apoyó al gobierno buscando debilitar al eje radical del correísmo y acumular fuerzas para tomar el poder en el 2021; en ese marco el sector de CREO con Lasso se quedó sin iniciativa.

Mientras tanto la izquierda y los sectores sociales se dispersaron en torno a las tres fuerzas en pugna: el FUT y los sectores oportunistas de la CUT   subordinándose al  Morenismo, varios líderes indígenas con la derecha y otro sector con el correísmo; en particular las organizaciones indígenas, ecologistas, de derechos humanos  y de pueblos afectados por la minería – que fueron reprimidas por el gobierno anterior – buscaban recolocarse en el nuevo escenario, con la expectativa de las banderas democráticas  del nuevo gobierno. En general las izquierdas radicales, algunas de las cuales participaron en el golpe del 30S aliándose con Sociedad Patriótica, ya habían perdido el rumbo y se habían convertido en una fuerza marginal desde las elecciones del 2013, renunciando a un proyecto político, subordinándose a la derecha liberal y su lenguaje de la independencia de poderes y de las libertades ciudadanas.

 

[1] Este primer acápite es un resumen de las conclusiones del artículo Comicios en Ecuador, Victoria Electoral de Alianza PAIS (Versión Definitiva) https://es.scribd.com/document/354716703/Burbano-de-Lara-Agustin-y-Ortiz-Crespo-Santiago-Comicios-en-Ecuador-Victoria-Electoral-de-Alianza-PAIS-Version-Definitiva

[2] Artículo sobre Lenin no ha leído a Lenin.

 

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