Marco Teruggi: Entender Venezuela implica posicionarse en alguna de las partes del conflicto (I)

Se ha reducido la explicación a que el gobierno de Venezuela es un gobierno manipulador, controlador, populista, que tutela quitando todo tipo de posibilidades de existencia de este sujeto histórico. Este argumento se encuentra tanto en el discurso de derecha como en el de izquierda.
Martes 26 de Febrero de 2019

Marco Teruggi es un argentino nacido en París, periodista y cronista, como él mismo se define. Desde hace varios años vive en Venezuela, lugar desde donde ha conocido de primera mano la profundidad de la Revolución Bolivariana, su fuerte asidero popular, la organización comunal que junto al poder popular organizado se multiplica a lo largo y ancho de Venezuela a la sombra del comandante Chávez. Es autor de “Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela”, publicado por la editorial argentina Sudestada, libro que condensa decenas de pequeñas crónicas sobre el proceso revolucionario venezolano.

En esta entrevista nos cuenta por qué es tan complejo para la izquierda latinoamericana y mundial comprender a la Revolución Bolivariana, así como los posibles escenarios en juego para Venezuela, América Latina y el Caribe, en medio del asedio imperialista a la patria de Bolívar y Chávez.

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¿Por qué crees que es tan difícil para la izquierda latinoamericana y mundial entender que en Venezuela existe un proceso revolucionario sostenido por el pueblo?

Podríamos decir que en términos generales siempre ha habido un proceso complejo de ciertas incomprensiones entre parte de las izquierdas, la intelectualidad, y el proceso de la Revolución Bolivariana. Esas distancias se achicaron cuando Chávez estaba en el gobierno, sobre todo desde la mitad hasta el 2012, y volvieron a ensancharse en los últimos años.

Ha costado hacer una caracterización del tipo de conflicto que se vive en Venezuela, que en este momento está apareciendo a todas luces como un conflicto conducido desde los Estados Unidos. Un conflicto por fases, un conflicto que abarca un ataque a todas las dimensiones: la economía, la comunicación, la diplomacia, el territorio, la violencia en su expresión armada, y que ha venido desarrollándose en una lógica de crecimiento, hasta llegar hasta estos momentos de escalada en el que buscan lograr el desenlace, y es desde ese plano en el que debe entenderse gran parte de la estrategia anti-chavista de los últimos años.

Pero también ha habido una cierta reducción del proceso chavista como fenómeno, en su dimensión de gobierno, en su dimensión de presidencia, que era - si se quiere - más fácil de resolver estando Chávez y más difícil estando Maduro, porque la figura de Maduro no tiene evidentemente todas las potencias que tenía la de Chávez. En ese sentido, el chavismo siempre ha sido de alguna manera equiparado, así como lo hace la derecha, a la dirigencia del gobierno, y se ha dejado de lado toda la experiencia y la conformación del sujeto histórico, que es el que ha puesto en marcha un proceso de politización masiva, organización movilización, que ha tenido varias expresiones organizativas, desde las más urgentes para resolver los problemas más reivindicativos, hasta el proceso comunal y en la actualidad con el los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) por el tema de la comida.

Entonces, esa subestimación ha llevado a muchos falsos análisis y a dar muchas veces por caído al chavismo, y a no entender como algunos procesos se han logrado revertir, sobre todo en los últimos tiempos. Cómo se ha logrado hacer frente a cuadros muy complejos, por ejemplo, lograr ganar elecciones en condiciones muy adversas.

Se ha reducido la explicación a que el gobierno de Venezuela es un gobierno manipulador, controlador, populista, que tutela quitando todo tipo de posibilidades de existencia de este sujeto histórico. Este argumento se encuentra tanto en el discurso de derecha como en el de izquierda. Junto a eso hay también posiciones que están marcadas por cálculos electorales, comunicacionales y académicos.

Los intentos de situarse por encima de las partes, no están del lado de lo que podríamos llamar “los auténticos intereses del pueblo venezolano”, sino por fuera de todo lo que está sucediendo, y responden a matrices ideológicas de posicionarse en los conflictos, y también, ¿por qué no decirlo? a veces a ciertas cobardías.

Pese a todo el asedio que sufre la Revolución Bolivariana, ¿por qué esta no cae?

En este conflicto la experiencia de organización popular es una riqueza que suele quedar eclipsada. Si se quiere, lo más revolucionario en las revoluciones es lo menos conocido. Sin expresiones en el ámbito comunal, de los intentos de autogobierno, autogestión, los intentos de poner en pie espacios de propiedad social, de repensar y poner en práctica formas de democracia participativa, en fin, de romper con los límites que son los pilares del orden del capital, la Revolución Bolivariana no habría sobrevivido.

Evidentemente al interior del chavismo hay varias miradas y hay sectores que buscan avanzar en eso y sectores que no, incluso sectores que buscan restaurar  el antiguo orden y eso es parte de las disputas internas del chavismo, que explican, entre otras cosas, algunas tensiones muy fuertes hacia adentro, pero que en este momento de asalto así declarado, evidentemente se matizan y prima la unidad en la necesidad de enfrentar al enemigo común, que es lo que no aparece en estos análisis que estábamos evaluando.

Entonces, ahí hay una experiencia regada en el territorio, unas con más fuerza que otras, experiencias de milicia ligada muchas veces a las comunas, de movilización, de construcción de alternativas productivas, de mercados, de protagonismo, que son la riqueza que explica en parte que no haya caído la Revolución Bolivariana, en medio de una inmensa ofensiva en su contra y de una gran cantidad también de problemas internos, tanto de disputas en materia de orientación económica hasta las formas de reproducción a la vieja política e incluso la construcción de la correlación de fuerzas concretas en el momento del asedio.

La unidad del chavismo no ha tenido fracturas, o sea, el partido sigue unido, los movimientos sociales siguen dentro del chavismo, la organización popular, a pesar de que haya sectores más o menos críticos, hay una unidad que se ha mantenido.

 

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