Elecciones 2021: la bancarrota del ultra izquierdismo I

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Miércoles 20 de Enero de 2021

Las elecciones presidenciales 2021 en Ecuador han convocado nuevamente en la izquierda y sus minorías a un viejo, pero no superado, debate en torno a la táctica electoral. Para el ultra izquierdismo, el voto nulo se ha convertido nuevamente en la consigna principal de rechazo a la “farza electoral”, con el supuesto de un inminente levantamiento popular o la existencia de una corriente revolucionaria, que algún día se constituirá en el polo hegemónico que asegurará la victoria del programa comunista.

En su mayoría, estas lecturas se basan en interpretaciones selectivas, mecánicas e incendiarias del marxismo leninismo, que en el discurso se encuentran más cercanas al anarquismo individualista, volviendo la doctrina del proletariado en un catecismo dogmático y simple. En el fondo, estas definiciones obvian un hecho objetivo: de arribar la derecha al poder, esta profundizará las políticas de exterminio y asedio al pueblo ecuatoriano, sin que ninguna de estas minorías puedan en lo absoluto – como lo han venido demostrando este último año – afrontar una tarea de conducción real.

Lejos de querer diluir el debate en torno a una lectura realista de la política liberal, es necesario problematizar como esta – con mayor claridad tras octubre de 2019 – se ha superpuesto al ámbito organizativo e incluso a la discusión teórica y programática. Esto debido a la rapidez de los hechos y a las debilidades de las izquierdas, convirtiéndose en el elemento fundamental que define y configura el espacio de disputa, pues únicamente de existir un revés en los mismos márgenes de la democracia burguesa, se podrá encausar la reacción neoliberal y propiciar un escenario de acumulación de fuerza en el mediano y largo plazo. Este proceso en gran medida dependerá de la forma acertada en que se conjuguen las diferentes formas de lucha.

Claramente para el ultra izquierdismo, esta discusión queda descartada a primera instancia pues “gane quien gane, el pueblo siempre pierde”. En su idealismo, convoca al anti marxismo, el infantilismo político y rehuye de la realidad sobre la base de un supuesto histórico imposible en estos momentos, anunciando su inevitable bancarrota como opción.

Nada nuevo bajo el sol

Para el marxismo, la democracia en una sociedad de clases viene a ser lo más anti democrático, expresándose como dictadura de una clase que controla de forma efectiva el Estado. Nada nuevo, de hecho, ningún mérito en enunciar esta conclusión sin comprender objetivamente el espacio de disputa política en torno al Estado en el Ecuador.

El marxismo no puede reducirse a relativizar la historia, a homogenizar escenarios posibles, a comparar fuerzas dispares, como tampoco a atribuir cualidades totalizantes a procesos que expresan limitaciones frente al programa comunista, programa por el que militamos en función del lugar en el que la lucha de clases nos ha colocado en la historia.

En las actuales condiciones, se puede y debe elegir cuál es el espacio de disputa, al existir una posibilidad que supone menores pérdidas y ataques al pueblo – con pleno conocimiento de sus limitaciones como proceso –, a diferencia de lo que sucedería si llegaría al poder un gobierno abiertamente neoliberal y autoritario. Esto es una verdad que supera la crítica del mal menor, levantada por el ultra izquierdismo contra esta tesis, más aún cuando estos sectores tras los hechos de persecución ampliamente conocidos, no tuvieron la capacidad de respuesta que suponían.

¿Existe la democracia en la sociedad de clases? Efectivamente no ¿Deben aislarse las minorías revolucionarias de los espacios de decisión por una suerte de pureza ideológica? No, deben operar en función del programa comunista, incluso sopena de la incomprensión o la oposición infantil de sectores de la izquierda, definiendo con claridad cuáles son los canales de interlocución, al mismo tiempo que construyen fuerza propia, dentro y fuera de estos espacios, con el objetivo de promover un salto cualitativo y cualitativo al pueblo, mediante el ejercicio del poder en todos los ámbitos.

Volver a Lenin

El gran líder bolchevique Vladimir Lenin, en su ensayo “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, publicado en 1920, tres años después de la Revolución Rusa, discutió las posiciones idealistas de los comunistas alemanes y holandeses respecto a la supuesta inutilidad del parlamentarismo burgués. 

Para Lenin “El parlamentarismo “ha caducado históricamente”. Esto es cierto desde el punto de vista de la propaganda. Pero nadie ignora que de ahí a su superación táctica, haya una distancia inmensa” (1974, 566). El marxismo siendo una teoría revolucionaria, sustentada objetiva y materialmente en la realidad, comprende claramente las limitaciones de la democracia en la sociedad de clases contemporánea, siendo impensable colocar los deseos de sus partidarios, sean organizaciones o individuos, sobre las condiciones en que se expresa la lucha de clases, tal como lo hace el ultra izquierdismo.

De ahí que “la cuestión no estriba en si los parlamentos burgueses existen desde hace mucho o poco tiempo, sino en qué medida las grandes masas trabajadoras están preparadas (ideológica, política y prácticamente) para aceptar el régimen soviético y disolver (o permitir la disolución) el parlamento democrático burgués” (Lenin 1974, 569).

Obviar la experiencia histórica bolchevique, reducir a Lenin a un agitador de barricada, implica desconocer burdamente la tradición marxista en sus diferentes expresiones, siempre apegadas a la realidad concreta, evidenciando una lectura selectiva, oportunista y reaccionaria. El líder soviético no pliega por una disolución de los revolucionarios en la democracia burguesa, sino de su uso táctico – momentáneo si se quiere – mientras de va desarrollando el partido del proletariado y la acumulación de fuerza en el seno de las masas. Y cuando no, que este se pueda constituir en uno de los centros de agitación principales – como lo ha demostrado ser la “oposición en democracia” de estos cuatro últimos años – frente a regímenes autoritarios, donde el recurso de la legalidad liberal se convierte en el un generador de opinión y posición ante la debilidad de los sectores organizados del pueblo.

Finalmente, Lenin recordará con suma claridad que los bolcheviques han participado “en los parlamentos más contrarrevolucionarios y la experiencia ha demostrado que semejante participación ha sido no sólo útil, sino necesaria para el partido del proletariado revolucionario, prescisamente después de la primera revolución burguesa en Rusia (1905), a fin de preparar la segunda revolución burguesa (febrero de 1917) y luego la revolución socialista (octubre de 1917)” (1974, 570-571). De ahí que cualquier reduccionismo marxista, sea imposible a la luz de la experiencia histórica.

 

Referencias:

Lenin, V.I. 1974. Obras escogidas. Editorial Progreso. Moscú, URSS.

 

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