Colombia: La Paz traicionada

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El 09 de abril de 1948, la oligarquía colombiana dio un golpe que sumiría al país en más de medio siglo de cruenta guerra fratricida, el asesinato del líder del Partido Liberal Jorge Eliécer Gaitán. Exactamente 70 años más tarde, el gobierno de Juan Manuel Santos, en estricto acato de las órdenes y acuerdos establecidos con los Estados Unidos de Norteamérica, detiene a Jesús Santrich, comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ahora convertidas en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), bajo cargos de narcotráfico.

La detención y posible extradición del exguerrillero a menos de dos años de la Firma del Acuerdo de Paz (agosto 2016)[1], es otra prueba de la sumisión de la oligarquía y el gobierno colombiano a los intereses imperiales a los que se han alineado históricamente, desde que Francisco de Paula Santander traicionara el ideal bolivariano al invitar a los EEUU al Congreso Anfictiónico de Panamá.

No es cualquier cosa esta detención, que se suma a la no tan mediatizada cifra de 82 dirigentes sociales asesinados desde la Firma del Acuerdo de Paz hasta marzo de este año[2] y lo que las mismas FARC han calificado como el desmonte de la Jurisdicción Especial para la Paz por parte de la Fiscalía colombiana, en lo que se evidencia como una operación de eliminación de adversarios por parte del gobierno, que rompe claramente con los acuerdos firmados en La Habana.

El vuelo del águila

El arresto de Santrich ocurre en medio de un contexto nacional de elecciones presidenciales, que es clave para garantizar la continuidad de las relaciones carnales entre el gobierno de Colombia y los EEUU, país que bajo la presidencia de Donald Trump ha decidido el reordenamiento de sus fuerzas y la recuperación del control de la región latinoamericana y sus recursos.

Es Colombia el país cuya oligarquía se ha prestado para servir como facilitador de la estrategia imperial norteamericana en el continente, al permitir 7 bases militares en su territorio y eliminar casa adentro cualquier disidencia, aún a costa de las vidas de millones de personas, el desplazamiento de otras tantas, y condiciones ínfimas de vida para muchos de sus ciudadanos.

La Firma de los Acuerdos de Paz con las FARC en Cuba, fueron el resultado de años de esfuerzo, y la expresión de la voluntad de un pueblo harto de la guerra. Si bien después de firmados siempre hubo dudas acerca de su cabal aplicación, lo cierto es que millones de colombianos y colombianas apostaron al real fin del único conflicto armado en esta zona de Paz que es América Latina. Se apostó por la construcción pacífica de una salida política al problema interno, en la que el pueblo pudiera soberanamente decidir su destino. Lastimosa, pero no sorpresivamente, la apuesta de las oligarquías y sus socios del norte fue la de mantener las condiciones de guerra, miseria e intervencionismo que les permita seguir siendo dueños del país, y en el camino, de apalancar la dominación de la región más rica del planeta, en tiempos de crisis del capitalismo.

La eterna excusa de la lucha contra las drogas

El Presidente Santos, quien ostenta el Premio Nobel de la Paz, declaró - en relación a la aprehensión de Santrich - que “(si)  hay lugar a la extradición por delitos cometidos después de la firma del acuerdo (de Paz), no me temblará la mano para autorizarla”[3], en una clarísima muestra de la institucionalización del rompimiento de los acuerdos.

Se reutiliza el manido argumento de la lucha contra el narcotráfico, para en nombre de la misma mantener funcionando la maquinaria de uno de los negocios más rentables del mundo, y del cual Colombia y su gobierno han obtenido beneficios económicos por más de 50 años.  Tal y como lo expresara el Partido FARC en el comunicado emitido en relación a la captura de Santrich y la persecución de sus miembros: “Frente a la evidencia de que el negocio corporativo transnacional de la cocaína, por su mismo carácter, no podía desaparecer con el Acuerdo de paz, por cuanto las FARC-EP no eran su causante, y éste no sólo continuaba sino que adquiría renovados impulsos, era necesario encontrar un pretexto que justificara la actualización de la fracasada “guerra contra las drogas”.[4]

Bien haría América Latina en estar alerta del resurgimiento de los viejos eufemismos imperiales, pues tras ellos se encuentran las aspiraciones de siempre. Ni la lucha contra el narcotráfico, ni la cooperación para el desarrollo, ni el libre comercio serán jamás la vía de la independencia de nuestros pueblos. La Paz del imperio es guerra. Que no sea por nuestra indiferencia que se traicione lo que ya se ha conquistado.

[1] http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Paginas/Texto-completo-del-Acuerdo-Final-para-la-Terminacion-del-conflicto.aspx

[2] https://www.telesurtv.net/telesuragenda/situacion-victimas-conflicto-armado-colombia-20180409-0007.html

[3] http://cnnespanol.cnn.com/video/presidente-colombia-captura-jesus-santrich-por-narcotrafico-exguerrillero-partido-farc-sot-juan-manuel-santos/

[4] http://www.farc-ep.co/comunicado/comunicado-sobre-captura-de-nuestro-companero-jesus-santrich.html

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Mariel Carrillo García

(Venezuela). Periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela con estudios de política internacional en la Universidad de Buenos Aires. Fue redactora de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN). Bolivariana y ciudadana de la Patria Grande.