El 9 de mayo nos pertenece

Día de la Victoria
Lunes 9 de Mayo de 2022

Este 9 de mayo de 2022 se cumplen 77 años de la liberación de Europa del fascismo. Aquel día en 1945, el régimen hitleriano que comandaba la Alemania nazi, anunciaba su capitulación incondicional, frente a la toma de la capital del imperio germano -Berlín- por las fuerzas soviéticas. La caída de Berlín significó el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa continental.

Este día se encuentra grabado en la historia como el máximo símbolo de la lucha antifascista en el mundo. Un ejército de trabajadorxs triunfó en derribar y destruir la maquinaria de muerte capitalista encarnada en Adolf Hitler y sus teorías raciales, que pretendían catapultar a la “raza aria” al dominio global. La victoria soviética sobre el fascismo representó un sacrificio invaluable para los pueblos soviéticos: un total de 27 millones de personas dieron sus vidas por la derrota definitiva del nazismo. No existe ningún registro en la historia que se compare a lxs muertxs de la URSS en la Gran Guerra Patria, como la pasaron a llamar los pueblos soviéticos.

En este sentido, el Día de la Victoria no le pertenece a una Rusia imperialista, sino que es la memoria histórica del Ejército Rojo. La URSS, como ya lo dice su nombre, no estuvo compuesta por un pueblo homogéneo. La victoria sobre el nazismo corresponde al sacrificio unificado de 15 repúblicas y más de 100 pueblos que compusieron la URSS. En tiempos de guerra e invasión a Ucrania, el Día de la Victoria atraviesa por una tergiversación por la Rusia imperialista de Putin, la cual incurre en una relativización histórica, que pretende declarar una guerra inter-imperialista como antifascista.

Por su parte desde el colapso de la URSS, el imperialismo occidental y sobre todo los EE.UU. se esmeran en reescribir la historia hasta el punto de reclamar la victoria sobre el nazismo únicamente para sí mismos. Incontables películas pretenden depositar solo sobre el ejército yanqui, la liberación de Europa. Sin duda, las naciones occidentales cerraron poco a poco el flanco desde el oeste de Europa, replegando al imperialismo alemán de vuelta a sus territorios. Pero la guerra hubiese estado perdida sin la aplastante campaña de liberación nacional que libró el Ejército Rojo, recuperando la totalidad de Europa del Este del dominio nazi. Por su parte, el gran hito bélico del imperialismo yanqui en la Segunda Guerra Mundial lo representan las bombas atómicas de Nagasaki e Hiroshima, las cuales fulminaron a más de 200.000 vidas en el momento.

La Rusia imperialista de Putin, ha aprovechado esta fecha para reforzar su discurso de “desnazificación” de Ucrania, en un ejercicio que tergiversa tanto la memoria histórica de todxs lxs comunistas y antifascistas del mundo, como la situación política al interior de Ucrania. Por una parte es cierto que el Euromaidan, una serie de protestas entre noviembre de 2013 y febrero de 2014 en Ucrania, se ejercieron como un golpe blando al proruso Yanucovich -presidente del país en ese entonces-. En ese sentido la presión ejercida por EE.UU. y la UE contra la frontera de influencia rusa en los antiguos territorios soviéticos, ha generado un apoyo interno e imperialista a fracciones de neonazis ucranianas que poco a poco se han ido abriendo paso en la política y control territorial en los últimos 8 años. Ciertamente Rusia nunca intervino en apoyo a la lucha antifascista de los territorios como el Donbass, que por casi una década ha resistido ataques brutales del paramilitarismo neonazis y del mismo gobierno ucraniano. No fue hasta que Occidente ejerció demasiada presión contra el cinturón postsoviético, que Rusia se decide a invadir Ucrania, apropiándose de una consigna que no la identifica ideológicamente: el antifascismo.

Rusia es un país capitalista, gobernado por Vladimir Putin, un oligarca ultraconservador, que tiende a confundir a ciertos “sectores de izquierda” con su masculinidad hegemónica y su nacionalismo. Recordemos que Putin es antileninista declarado, y en el 2017 inauguró en Moscú un templo dedicado a “las víctimas del comunismo”, así como en varias ocasiones ha dejado ofrendas florales al derrotado Zar Nikolai II, y ha hablado de la Revolución Bolchevique como una serie de “errores históricos”. ¿Cómo un personaje como Vladimir Putin, podría tener legitimidad desde el antifascismo?

Por otra parte, la Rusia de Putin es una nación imperialista, que impone los intereses de su burguesía a nivel global, como sucede también con el imperialismo yanqui o chino. Por un lado, el complejo industrial militar ruso mueve miles de millones de dólares; y por otro lado, la disputa por hegemonizar el mercado global, sobre todo en términos energéticos con combustibles fósiles, sigue siendo uno de los granes impulsos del imperialismo ruso, involucrándose en guerras en Medio Oriente. La guerra inter imperialista en Ucrania, denota la disputa por los márgenes de influencia geopolítica de dos gigantes históricos: Occidente con EE.UU y la Unión Europea por un lado, y el Este, con Rusia y China a la cabeza.

En el momento histórico actual, nos enfrentamos a un fortalecimiento y regreso del fascismo como la cara más despiadada y genocida del capitalismo. Las crisis continuas del capitalismo se convierten en una oportunidad, no solo para la organización popular anticapitalista, sino también para el resurgimiento del fascismo a nivel global. En momentos de claroscuros, como bien describió Antonio Gramsci, surgen los monstruos, siendo el fascismo y el nazismo dos de los grandes monstruos de la historia. Sin embargo, parecería que conceptualmente se desdibuja la realidad, o simplemente la hegemonía capitalista impide que se evidencie que el fascismo es la respuesta del capitalismo en crisis. La lucha antifascista es imposible dentro de los marcos del libre mercado. El capitalismo perpetua lógicas de marginación, exclusión y eliminación para poblaciones específicas, que en el fascismo, simplemente se extreman y extienden a porciones más grandes de la población.

La creciente fascistización social en Ecuador, América Latina y otros escenarios específicos del mundo, son un síntoma de la vuelta del fascismo como sentido común del capitalismo en crisis. En momentos en los que se radicaliza la ultra derecha y el fascismo vuelve a ser una amenaza latente, la organización y lucha popular anticapitalista,  debe necesariamente radicalizarse desde los conceptos y las prácticas, retomando la lógica antifascista. Millones de camaradas antifascistas y comunistas ofrendaron su vida en nombre de la lucha contra los mayores monstruos del capitalismo. Como deber histórico, es nuestra responsabilidad impedir que el fascismo se apropie de los territorios y las consciencias de los pueblos.

El 9 de mayo simboliza un hito en la historia de la humanidad, porque es y siempre será una victoria que nos pertenece a nosotrxs, lxs comunistas y anarquistas del mundo. Comunistas fueron las filas del Ejército Rojo, que resistieron junto al pueblo al embate nazi en Stalingrado; comunistas fueron quienes izaron la bandera roja sobre del Reichstag, y comunistas y anarquistas fueron también lxs partisanxs que ajusticiaron a Mussolini. El antifascismo es y será un principio inherente del comunismo, de nuestra lucha por los mundos mejores posibles, del fundamento de la práctica e ideología revolucionaria.           

El 9 de mayo le pertenecerá siempre a los pueblos que luchan, al antifascismo y al comunismo. ¡Gloria eterna a los pueblos soviéticos!

 

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