Inti Raymi e interculturalidad

IR
Lunes 3 de Junio de 2019

Durante el mes de junio - en algunos casos hasta julio - las comunidades indígenas urbanas y rurales festejamos el Inti Raymi, una fiesta-ritual que ha llegado a convertirse en la más importante entre los pueblos de la sierra. Pero no siempre fue así. Ha sufrido varios ataques y ha logrado prevalecer. A todas luces este ritual no se realiza en la misma forma que hace 500 años o más, pues con el tiempo ha variado considerablemente y se ha convertido en un refugio de los modos de ordenar el mundo de los pueblos andinos y de su sociabilidad.  En la década de 1970-80 Ariruma Kowii recuerda que, en Otavalo el Inti Raymi se iba perdiendo, y eran únicamente los mayores quienes continuaban reproduciendo el ritual, los jóvenes ya muy poco. Fue entonces que varios colectivos organizándose, lograron revitalizarlo y que los jóvenes lo sostengan.

El Inti Raymi es y ha sido característico de los pueblos kichwas del norte, aunque poco a poco se ha ido fortaleciendo y dispersando. Hacia el sur - gracias a las políticas que buscaba reemplazarla o eliminarla - se dejó de practicarla hasta el día de hoy, que hay serios intentos de recuperación. La fiesta ritual fue ocupando nuevos espacios. Salió de las comunidades para ocupar el centro urbano en Otavalo y Quito. En la capital, desde hace más de seis años se realiza de manera silenciosa en el barrio el Inca, y desde hace exactamente diez años la Universidad Andina lo viene impulsando hasta convertirse en una de las fiestas referentes de la capital. La primera vez que se organizó este evento, hoy denominado Inti Raymi de las Universidades, apenas tres personas a ritmo de una guitarra, charango y una quena, zapatearon desde la universidad Salesiana a la Andina. Hoy es una festividad que reúne a un poco mas de mil personas y vincula a un buen número de las universidades de la ciudad.

A la par, las instituciones estatales de Quito han empezado a festejarlo, se organizan conversatorios, se traen grupos de Otavalo, se comparte chicha y pampamesa. Sin embargo, a nivel del estado no existe una real política pública de interculturalidad. No existe una política sobre el kichwa o el shuar, a pesar de ser reconocidas por la Constitución como lenguas oficiales, y ninguna institución ha generado mecanismos de apoyo a la organización o difusión del Inti Raymi en Quito. Muchas veces, desde el Estado se entiende a la interculturalidad como el “poner a un indígena de poncho o anaco en un panel”, reproducir una danza o elaborar una pampamesa, encerrados en los linderos de su institución. El caso del Inti Raymi de las universidades nació como una práctica que necesitaba apoderarse del espacio, salir del auditorio, recorrer las calles, tomarse las esquinas, zapatear en ellas. En ese acto existe una reproducción de símbolos en el territorio, y logra mantener ciertos rasgos de su práctica en la comunidad, pero adaptada a la ciudad.  

Si bien el proyecto de la interculturalidad o en tanto concepto es algo problemático de definir, los ejemplos del Inti Raymi de Otavalo y de las Universidades nos permiten entender algunas cosas:  En ambos casos no es el Estado el que asegura la reproducción y difusión de ciertos códigos culturales, sino otras formas de organización social que ponen de manifiesto estrategias y alianzas necesarias para lograr su circulación. Son estas mismas prácticas las que permiten romper el hermetismo del campo simbólico hegemónico. Como consecuencia se obtiene que otro tipo de instituciones sean las que empiezan a generar políticas que permiten sostener estas prácticas. En el caso del Inti Raymi, en un principio fueron los profesores que iniciaron esta actividad, luego las universidades hasta conformar una comisión que trabaja permanentemente para organizar y plantear nuevas actividades. En el caso del Inca, una comisión compuesta por familias que residen en el barrio permiten sostener la fiesta, mientras que en Otavalo fueron los pequeños colectivos que lograron poner a circular con fuerza nuevamente el Inti Raymi, y prueba de su logro es que en algún punto su intervención dejó de ser necesaria.

Los grupos que proponen la interculturalidad apuntan a que sea satisfecha o solucionada por el Estado que, si bien tiene responsabilidad, no es la única institución que debe hacerlo. Los ejemplos mostrados ponen de manifiesto la necesidad de entender que son las practicas individuales articuladas y en alianza con cierto tipo de instituciones  las que permiten poner a circular en el campo simbólico ciertos códigos diversos. Apostarlo todo al Estado es un error. Es necesario reconocer este tipo de casos y estudiarlos para entender más la interculturalidad y como conseguirla.