La crisis de la hegemonía del dólar

ACAB
Miércoles 11 de Mayo de 2022

Recientemente, un tipo de memes se volvía recurrente en el internet: una persona que supuestamente no sabe de economía declara: “si al país le hace falta dinero, la solución es imprimirlo”. Frente a este argumento, entendidos en economía, o más bien, los que creen ser entendidos, responden que es una idea tonta, digna de burlas. Pero resulta que, eso es precisamente lo que Estados Unidos lleva haciendo desde los tratados de Bretton Woods. EE.UU. financia las operaciones de su gigantesco Estado endeudándose con el mundo entero y luego imprimiendo dólares para pagar esas deudas, en un mecanismo de apropiación de riqueza ajena al cual solo EE.UU. tiene derecho.

Por esa razón, EE.UU. se puede dar el lujo de tener el mayor déficit presupuestario del planeta -cerca de 3 billones en 2020-, la mayor deuda -aprox. $ 28 billones-, y el mayor déficit comercial -$ 651.000 millones-, pues todo lo cubre con dólares salidos de su propia imprenta. Estas cifras no corresponden a ninguna especulación; incluso el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan lo admitió en 2011. En sus palabras textuales: “Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga porque siempre podemos imprimir dinero".

Entonces, cabe preguntarse ¿por qué aquella sobre impresión de dólares no genera inflación en Estados Unidos? ¿por qué el valor del dólar estadounidense no cae hasta el infierno como el del sobre impreso bolívar venezolano? Pues, la respuesta no es otra que la posición de poder y privilegio que EE.UU. exigió para sí frente al mundo al final de la Segunda Guerra Mundial. Este es el único país del planeta, que puede comprar sin necesidad de antes producir riqueza.

Esto tiene sus bemoles, que deben ser explicados, pues el mecanismo es más complejo que la simple impresión de billetes. Primero, tengamos en cuenta que todo lo que es demandado -deseado-, tiene valor. Por lo tanto, Estados Unidos se encarga de que sus dólares sobre impresos sean obligatoriamente demandados por el mundo, para que tengan valor. Pero, para esto necesita de la participación de los países de la periferia capitalista, pues estos, con sus recursos naturales respaldan el valor del dólar; y luego, de los países industrializados, pues estos con sus exportaciones de bienes industriales, ponen en circulación los dólares impresos.

1. Los países periféricos pero abundantes en recursos naturales como el petróleo, sostienen el valor del dólar, al respaldarlo con aquellos recursos. Entendamos este punto observando la siguiente secuencia:

  1. La Reserva Federal estadounidense imprime dólares y estos son prestados al gobierno estadounidense.

  2. El gobierno estadounidense, con estos dólares, sostiene su gigantesco aparato estatal, político y militar, paga a proveedores y empleados locales y realiza compras en el exterior.

  3. Esa sobre oferta del dólar debería hacer que la cotización de este caiga -inflación-, pero:

  4. Estados Unidos obliga al resto de países a vender y a comprar materias primas, como el petróleo, en dólares estadounidenses. Así, los dólares sobre ofrecidos son automáticamente demandados por compradores y vendedores de petróleo, generando la circulación necesaria para que no caiga su cotización. Si Venezuela tuviese el poder para obligar al mundo a lo mismo, podría imprimir todos los bolívares que quisiera sin riesgo a la devaluación que ahora sufre.

  5. Visto así, son la demanda de recursos naturales y el valor de estos, los que le otorgan valor al dólar de forma artificial, que los demás países se ven obligados a demandar para comprar aquellos bienes que necesitan, como el petróleo.

2. Los países industrializados están obligados a hacer circular los dólares que reciben por sus exportaciones. Cuando los dólares impresos ya se encuentran circulando por el mundo, se activan mecanismos de reciclado, que se describen en los siguientes puntos:

  1. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos obliga a sus derrotados, Japón y Alemania, a adquirir sus bonos de deuda; expropiándolos así de una parte de sus excedentes económicos. Recordemos que, tanto Alemania como Japón, desplazaron a Estados Unidos como mayores exportadores del planeta, hace décadas. Como la moneda mundial es el dólar, Japón y Alemania acumulan gigantescas cantidades de dólares en reservas debido a sus cuantiosas exportaciones. Pero luego, esos dólares terminan regresando a Estados Unidos, pues, este entrega papeles de deuda a alemanes y japoneses, y estos dan a cambio sus dólares. Con estos mismos dólares, Estados Unidos vuelve a pagar intereses por los bonos de deuda anteriores. Así, EE. UU. obtiene financiamiento gratis con dólares y bonos, que simplemente imprime. Es decir, las industrias de Japón y Alemania trabajan para sostener el gasto de Estados Unidos.

  2. Estados Unidos tiene un gigantesco déficit comercial con China -$ 355.300 millones a 2021- que se supondría, sería una mala noticia para la economía estadounidense. Pero, si nos fijamos bien, ese déficit permite a EE.UU. imprimir una cantidad todavía mayor de dólares, pues estos terminan en la economía China, al recibirlos a cambio de lo que exporta a EE.UU., generando así la necesaria demanda para los dólares sobre ofertados, dándoles valor y evitando en consecuencia la inflación del dólar, y, finalmente, posibilitando la continuación del modelo de dinero gratis para Estados Unidos.

Entonces, observamos lo siguiente en el primer punto: quienes primariamente le otorgan valor al dólar, son los países abundantes en materias primas, sobre todos los petroleros. En síntesis: nosotros, los países de la periferia, sostenemos el valor del dólar con nuestra riqueza natural. A diferencia de las anteriores potencias capitalistas hegemónicas, como Holanda o Gran Bretaña, Estados Unidos no necesita oro para garantizar sus billetes, pues nuestros productos ejercen esa garantía, al ofrecerse a cambio de dólares.

Es por esto, por aquella complicidad obligatoria hacia una potencia que extrae riqueza gratis de las demás, que países exportadores de materias primas como Rusia han presentado sus reiteradas quejas. El gobierno ruso, obligado o casi aprovechando las sanciones impuestas por la guerra en Ucrania, tomó la decisión de cobrar todas sus exportaciones en rublos. Por supuesto, esto generó una recuperación importantísima del rublo, que había perdido valor con las sanciones.

Mas allá de nuestro juicio sobre las acciones militares de Rusia en el actual conflicto, sus acciones económicas nos deben llevar a una reflexión: exactamente la subida del valor o cotización ocurriría con una moneda regional latinoamericana, si nosotros, con mayor abundancia en recursos que Rusia, nos pusiéramos en la tarea y lográsemos que nuestros recursos naturales se coticen en aquella moneda. Por supuesto que esto mermaría fuertemente la consecución de dinero gratis que ahora ejecuta el gobierno estadounidense, pues, al no contar ya con nuestros recursos para dar valor a sus billetes, se convertirían en simples papeles al salir de la imprenta.

Por eso, la unidad latinoamericana, -no solo política, sino económica y financiera-, resulta no solo necesaria, sino fundamental. No solo nos debería cobijar una misma bandera, sino también una misma moneda. La oportunidad histórica existe, pues la hegemonía del dólar se encuentra vez más debilitada. Si otra Nación imperialista logra que su moneda tome el lugar del dólar, la historia de nuestro sometimiento financiero se continuaría por al menos otro siglo. Por lo tanto, la debilidad del dólar, además de ser una amenaza de apocalipsis financiero, es una oportunidad de independencia financiera para América Latina y de reivindicación con la historia, al hacer aquello que no hicieron los independentistas del siglo XIX: independizarnos del rapaz sistema financiero yanqui.

Ninguna nacionalización, por más intenciones populares que contenga, serviría de mucho para nuestra independencia y soberanía si no controlamos, no solo nuestra riqueza, sino además los flujos de la misma. Eso solo se logra controlando los flujos y valores de las monedas.